El artista de algún modo, como un planeta, se siente
arrojado a dar vueltas alrededor de algo, siempre. Como la mariposa a la llama, en un juego de aproximaciones extremas y
candentes, al fuego, a la luz, a la naturaleza. Henry es un "naturalista" pero no necesariamente figurativo. La
abstracción en sus obras se encuentra con lo simplemente casual y cotidiano. La naturaleza, al trastocarse pictóricamente
cobra vida propia, como si pudiera mirarse a sí misma, sin la mediación del hombre. "Jugar a no estar" es el
planteamiento al dejar libre el juego del color. Pero el sortilegio se rompe voluntariamente cuando una mancha aleatoria
de acrílico nos recuerda que el artista está presente. La naturaleza se sueña, en su casa. Y el artista la fisgonea
soñando, como hurgando en su propio pasado y en el del espectador, es decir, buscando sus huellas en el más remoto origen
del mundo. La naturaleza siempre está ahí, es más, está en todas partes, bajo las hojas, tras el musgo, enmarañada entre
lianas y bejucos, entre flores que parecen pájaros, líquenes y colores que se derraman y confunden.
En esta serie a-floran las emociones que la naturaleza provoca en el artista y que se plasman en el lienzo. La
integran obras en gran formato que reelaboran el paisaje como reinterpretación de lo figurativo. A las
múltiples sensaciones de color y líneas expresivas llenas de gestualidad caligráfica van unidas
imágenes muy elaboradas en negros de grafito y carbón.
Cuerpos y esqueletos de hojas se anuncian como un reencuentro con la naturaleza olvidada por el hombre.
Aquí se trata del replanteamiento del compromiso con lo vivo. Sin embargo, aunque la expresión
plástica propone, entre otras, una reflexión ecológica, este propósito soterrado se enriquece
y cambia con la mirada del espectador que interpreta.
Más allá del figurativismo, la representación abstracta de la naturaleza en Henry Villada
expresa una nueva forma de entrar en contacto con lo vital, más original, emotiva y libre que lo puramente
descriptivo. No se trata sólo de la imagen directa de la naturaleza, sino de la sensaciones que esta provoca en el
interior del artista y el espectador a través de la experiencia visual de la obra.
En Ecoflora más que pintar se trata de despintar. El espectador se encuentra en presencia de una
técnica suelta que resulta de la búsqueda del sentimiento y la sensación, provocados por una
experiencia con la naturaleza. Colores lavados se suceden uno a otro en su aplicación sobre el lienzo, para luego,
con la limpieza precisa de los trazos, dejar exclusivamente lo que "debe" quedar.
En este proceso la pintura recorre el lienzo sin limitaciones. Es entonces cuando, consolidada la idea
cromática que se hace atmósfera y entorno, irrumpe el dibujo como presencia figurativa: Hojas,
pétalos, texturas y líneas con trazos muy concretos y elaborados.
Las Monotipias son la cuota de grabado en Ecoflora. Ecotipias que se trabajan sobre plancha de acrílico
con rodillo y tinta. Las impresiones se limpian, tal como en las pinturas sobre tela, utilizando elementos que permiten
sacar luces del color.
Las hojas y otros elementos naturales actúan como Impresiones o sellos en las ecotipias, permitiendo en
algunas de las obras que la naturaleza estampe su huella, haciendo que lo figurativo resalte sobre la estampa impresa.