Ángel Castaño Guzmán
El 31 de octubre de 1517 el teólogo agustino Martín Lutero clavó en las puertas de la iglesia
de Todos los Santos de Wittenberg un manuscrito que partió en dos la historia del
cristianismo. Escritas en latín, lengua oficial del clero, en las 95 tesis el fraile enfiló
baterías contra un boyante negocio del Vaticano. El Papa Julio II decretó que los pecados
podían ser condonados con el pago de indulgencias. El dinero, destinado a la construcción de
la Basílica de San Pedro, llenó los cofres de los templos. El manifiesto luterano provocó la
ira de los purpurados, amigos de zanjar los disensos con la fría letra de la excomunión. En
todo caso, los príncipes germanos, ansiosos de meter las manos en el botín, convencieron al
monje de aprovechar el edicto condenatorio de León X para fundar una congregación no sometida
al mandato pontificio.
Con la íntima convicción de que estas ideas no provocarán más que sonrisas cómplices,
asentimientos generosos e indignaciones sanguíneas, las llevo a la palestra.
1.) El hondo malestar estructural padecido por Colombia no se soluciona con gastos militares
sino, por el contrario, con la inversión de más dinero, esfuerzo y creatividad en la puesta a
punto de un sistema educativo promotor de valores democráticos y ambientalistas. La plata que
cae en la garganta sin fondo de la guerra puede cerrar de una buena vez la escisión académica
entre estratos económicos.
2.) El cuerpo pertenece al individuo y no a entidades nebulosas, lejanas de cotidiano devenir
de la humanidad. Por eso, el aborto no sólo es válido en los tres casos amparados por el
fallo de la Corte Constitucional. Cualquier mujer mayor de edad puede, en caso de decidirlo
en plena conciencia, recibir de los organismos de salud los tratamientos necesarios para la
interrupción del embarazo. Es cuestión de autonomía personal.
3.) El porte y el consumo de la dosis personal de algún estupefaciente no es motivo de
encarcelamiento. En lugar de recortar la libertad ciudadana, se debería velar por el
cumplimiento de normas de salubridad e higiene de los narcóticos.
4.) El Estado nacido de luchas emancipadoras y de las canciones libertarias de la revolución
francesa es, por definición, laico. La profesión de la fe por ninguna razón debe ser óbice
para el sano funcionamiento de la vida pública. El editorial de la edición 59 de Poetintos disecciona con acierto los peligros del incesto de la
religiosidad con la administración estatal.
5.) La expropiación de fincas adquiridas a sangre y pólvora por gamonales, paramilitares,
insurgentes y narcotraficantes es necesaria para reparar a las víctimas del conflicto armado.
La historia colombiana es sumario de luchas por la posesión de la tierra. El paramilitarismo
y la miope reacción de los gobiernos nacionales han propiciado una contrarreforma agraria que
lesiona los derechos de los pobres e indefensos.
6.) Todas las personas, sin distinción de género, orientación sexual, color de piel y demás
diferencias genéticas, son iguales ante la ley. Flagrante atentado contra la igualdad es el
hecho de que los homosexuales no puedan contraer matrimonio ni gozar de todas las
protecciones legales. La actual concepción de la familia, construida por los tonsurados,
tiene que sustituirse por una que le dé espacio a la pareja gay y lésbica.
7.) La sociedad civil, en pleno ejercicio de sus facultades, debe presionar por medidas
eficaces que protejan el medio ambiente. De nuestra rápida reacción depende detener el
calentamiento global. Con el denuedo empleado para combatir el fantasma de la crisis
financiera, responsabilidad de las entidades bancarias, se podría iniciar una cruzada en
favor de la naturaleza. Falta voluntad política. |