|
Por Félix Joaquín Lozano Cárdenas
“Discernir entre espectáculo mediático y periodismo es algo que los periodistas debemos
reivindicar como una garantía irrenunciable”
Cuando un espectador o televidente se sienta a leer el periódico local o nacional, escuchar la radio,
ver el noticiero de televisión o consultar la información que se publica en los diferentes medios
masivos que tienen soporte en la red, lo primero que espera es que haya claridad y veracidad en las
noticias que le llegan y no una serie de hechos aislados y descontextualizados en donde periodismo y
melodrama parecen convivir de manera soterrada, como ha ocurrido con el cubrimiento periodístico al
que hemos asistido –con toda la espectacularidad tecnológica de última generación y último minuto-
sobre el problema político y fronterizo entre Colombia, Ecuador y Venezuela.
Con la seducción de la chiva y la captura de los mejores momentos de
tensión-insulto-humor-gesto-manotazo-burla-disculpa que han ocurrido entre Uribe, Correa y
Chávez, asistimos a un espectáculo mediático en donde el reportaje, la noticia o la crónica han
perdido su esencia para dar paso a un melodrama informativo en donde las labores diplomáticas han sido
reemplazadas hábilmente por los micrófonos y las cámaras, los periodistas fungen como cajas de
resonancia y los mandatarios involucrados gozan –cual protagonistas de telenovela- con la repetición
incesante de cada nuevo capítulo en la web, en una fotografía de portada, en la televisión y hasta en
youtube.
Conviene recordar a nuestros colegas, entonces, algo que resulta obvio al
lector/oyente/espectador/internauta: en los medios caben muchas cosas, pero en el periodismo no todo
es válido. De la misma manera en que consideramos que un médico no es un matasanos y un abogado no es
un buscapleitos, el periodista –lo afirma Raúl Conde en su revista electrónica La Huella
Digital- no puede confundir su labor con la caja, con el soporte, con el envoltorio. Su función
no consiste en presentar el dato curioso ambientado con un testimonio o servir de actor secundario,
sino en hacer prevalecer el buen ejercicio periodístico, en discernir entre espectáculo mediático y
periodismo, además de tener claro que la sobreabundancia de información genera desinformación.
En este punto resulta pertinente preguntarse: ¿los productos periodísticos que salen diariamente a la
luz pública sobre el conflicto colombo-venezolano-ecuatoriano contribuyen a generar debate y opinión
pública en la sociedad, o se quedan en las dulces mieles del entretenimiento? "El espectáculo
hace que prolifere el entretenimiento, en el mejor de los casos; o el amarillismo, en el peor. El
periodismo tiene la premisa de contar noticias y satisfacer el derecho a la información, que no es
nuestro, sino de los ciudadanos", puntualiza Conde.
ADENDA: Un párrafo final para expresar mis sinceros
agradecimientos a los directivos, docentes, administrativos, egresados y estudiantes de la Universidad
del Quindío que acompañaron con su generosidad y arraigo uniquindiano mi desempeño como docente de
planta y director del Programa de Comunicación social – Periodismo. Fueron cuatro años y medio de
mucho aprendizaje y camaradería. Muchas gracias. |
|
Por Mauricio Vera Sánchez
El fortalecimiento de un sector depende del conocimiento que este tenga de sí mismo, es decir, de los
procesos de investigación que permanentemente haga para tomar decisiones sobre la base de informaciones
actualizadas que le permita ser más competitivo. Y no cabe duda que la televisión es el sector de los
medios de comunicación sobre el cual más se generan estudios, que van desde el comportamiento de la pauta
publicitaria, los niveles de audiencia, canales y programas de mayor preferencia, entorno económico y
social en el que se produce el consumo, su posición con respecto a otros medios –radio, prensa, cine,
etc.-, hasta el número y tipo de televisores existentes.
En este sentido, es importante darle un vistazo a lo que está pasando en nuestra región de acuerdo con la
Gran encuesta integrada de hogares –Módulo de Televisión-, realizada por el Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y liderada por la Comisión Nacional de Televisión. El
estudio, realizado en el primer semestre de 2009, toma como muestra en Armenia 1813 hogares, Pereira 1801
y Manizales 1972.
Sobre esta base, encontramos que la población con mayor número de televisores a color es Manizales (97,3%),
Pereira (95,0) y Armenia (94,0). Con relación a la penetración de la televisión por suscripción hay una
diferencia más marcada entre las tres ciudades: 86,7% Manizales, 73,0 Pereira y 68,6 Armenia, promedios
estos muy superiores a lo que sucede en Bogotá (53,9), o San Andrés (27,3).
Un factor vital que determina el acceso a los bienes y servicios culturales, como los que
brinda este medio audiovisual, se ubica en las condiciones económicas de la población. Así,
un hogar en Armenia gasta en promedio $22.100 mensuales en servicios de televisión; en Manizales,
$22.700; y en Pereira, $23.400. Si bien estos precios no son altos comparativamente con la
media internacional, una parte significtiva de hogares en la región no puede acceder a una
oferta amplia y diversa de canales, dado que los ingresos -cada vez más deteriorados- alcanzan
a cubrir escasamente los gastos de la canasta básica familiar.
Vale anotar que en el caso del internet, medio cercano teconológica e informativamente a la televisión, un
hogar en Manizales paga mensualmente $ 47.300; en Pereira, $ 57.200 y en Armenia, $ 63.300 promedio.
Un aspecto interesante que se mide es cuál es el porcentaje de padres que supervisan a sus hijos a la hora
de ver la televisión. En Manizales el 86,8% de los encuestados dicen acompañar y orientar a los menores;
en Pereira el 86,2 y en Armenia el 83,3. A nivel nacional, Tunja ocupa el primer lugar en este aspecto
(91,7) y Quibdó, el último (66,5).
Se confirma que el entretenimiento sigue reinando en las preferencias de los televidentes,
especialmente en los estratos 1, 2 y 3, y las noticias e información de negocios en los estratos
4, 5, 6. Igualmente, que en televisión nacional los canales privados concentran el mayor volumen
de audiencia (80,6%), seguidos de los regionales (14,7) y los nacionales públicos (3,7).
Es alentador encontrar que Telecafé hace parte importante de la dieta televisiva de los armenios
(6,0%), manizaleños (10,9) y pereiranos (15,2), situándose por encima de canales como Señal
Colombia y Canal Uno, compartiendo y compitiendo por audiencia con señales internacionales
tan fuertes como ESPN, National Geographic y MTV, entre otras.
Finalmente, este es el tipo de información que permite consolidar el sector de la industria
audiovisual en la región; de las productoras, universidades y canales depende que cada vez
más la televisión consolide una oferta de contenidos atractiva, pertinente y plural. |