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Por Ángel Castaño Guzmán
"Destino: Quiso la suerte que coincidiéramos en momento y lugar. No quiso en cambio
que nos atreviéramos a hablar" H.A.
La reciente aparición de una docena de libros dedicados al minicuento ratifica una práctica
literaria que se remonta a Luis Vidales. En sus "Estampillas", el bardo de "Suenan Timbres"
abrió las puertas a las actuales generaciones de escritores minimalistas.
Influidos por "El dinosaurio" de Augusto Monterroso, algunos narradores
quindianos condensan en menos de una cuartilla un universo autónomo,
capaz de noquear al lector en cuestión de segundos. Comentario aparte
merece la invención del poeta calarqueño Umberto Senegal. Inspirado en
la brevedad del haikú, sentó las bases del cuento atómico en un ensayo
publicado hace algunos años. Sin sobrepasar las veinte palabras,-fuera
de las del título- el texto debe tener la contundencia del koán. Fugaz, el mejor calificativo
para definir el subgénero.
"Cuentáforas" es la segunda incursión editorial de Hugo Aparicio en el cuento atómico. En 46
páginas, el editor del conocido fanzine "Poetintos",
dibuja un mundo donde el silencio prima sobre los adjetivos. Según Poe
la extensión justa de un cuento debe permitir su lectura en una sentada.
Los de Aparicio se leen en un parpadeo. Muestra de afinada puntería,
cada micro relato, sin eludir la realidad inmediata, busca derroteros
perdurables. Atentas observaciones al entorno, las cuentáforas enriquecen
el disperso mosaico de la literatura regional. "Suicida: El billete de lotería que encontrarás
ganó el premio mayor. Puedes disponer del dinero, más ya no de mí". H.A.
Hugo es conocido en el ambiente cultural por la impecable factura de sus crónicas periodísticas,
siendo un sentido texto sobre el
reciente premio Rómulo Gallegos, William Ospina, el mejor de su producción hasta el momento.
Aparicio y el novelista compartieron un viaje de 120 kilómetros, distancia que separa la capital del
Tolima, del municipio de La Tebaida. Conversaron sobre lo divino y lo absurdo en el panorama de las
letras universales. Hugo, sólo armado con su prodigiosa memoria, reconstruyó los diálogos con la
precisión del esmerado relojero. Sobra decir que Ospina al conocer el escrito envió un caluroso
mensaje al cronista.
Sus trajines literarios no son óbice para conocer las penurias de la comarca, por el contrario, en la
palabra ha encontrado, como puede testificar cualquiera que haya leído sus continuos aportes a
calarca.net, una útil herramienta para expresar sus pensamientos en voz alta. Sin adhesiones de ningún
tipo, sigue con esmero el desarrollo del megaproyecto vial Túnel de
la Línea y su eventual impacto en los habitantes de Calarcá.
Ajena a las clamorosas campañas publicitarias de los monopolios editoriales, la literatura cultivada en
el Quindío necesita de estrategias pedagógicas para combinar calidad estética con una adecuada
distribución. La lógica del mercado hace que los escaparates de las librerías se parezcan cada vez más
a la sección de farándula de los noticieros, donde la impostura brilla con particular insistencia.
Sirvan estas letras de llamado a los profesores de las instituciones educativas del departamento: hay
buenos escritores regionales en busca de lectores. |
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Por: Félix Joaquín Lozano Cárdenas
"La comunicación no es un mero instrumento neutro para dar forma a lo que ya existe,
es una dimensión constitutiva de lo social". Rossana Reguillo, investigadora
mexicana.
El profesor venezolano José Enrique Finol, coordinador del Laboratorio
de Investigaciones Semióticas y Antropológicas de la Universidad del
Zulia, sostiene que existen dos fenómenos que han modificado sustancialmente
el espacio urbano latinoamericano en nuestros tiempos: por un lado, la
proliferación de los grandes centros comerciales o malls, que copian
la tendencia arquitectónica y consumista desarrollada inicialmente en
los Estados Unidos y posteriormente en Europa; y por el otro, la aparición constante de los
casinos y bingos, lugares en donde los adultos y jóvenes consiguen algunas características
que aprecian también en los malls: encuentro, diversión, seguridad y confort.
En sus diversas
formas y presentaciones, estas dos estructuras comparten su postulado
de negación de la ciudad, a pesar de estar inmersas en medio de ella.
Son ajenas a la urbe no solamente porque crean límites formales –son
sitios cerrados, sus puertas de acceso están vigiladas permanentemente
y finalizan sus servicios a la misma hora de la noche–, sino porque,
según Finol, al refugiarse en ellas, huyendo de la inseguridad y el ambiente
inhóspito de la ciudad, producen un extrañamiento socio-espacial, una especie de alejamiento
de calles, plazas y edificios urbanos, además de una marcada separación frente a los barrios,
vecindarios y viviendas donde se cohabita y se comparte cotidianamente.
Armenia, como ciudad capital de
departamento, no ha sido ajena a este fenómeno. Si bien ya existían los
centros comerciales pequeños y las tiendas por departamentos, la capital
quindiana experimentó un cambio fuerte en la delimitación de sus lugares
de encuentro con la aparición del Centro Comercial Portal del Quindío
y los diferentes casinos y bingos en diferentes sectores. En estos nuevos
espacios –que gozan de enormes diferenciaciones con otros lugares grandes
de la ciudad, tanto en lo simbólico como en lo arquitectónico y funcional– han surgido nuevas
formas de relacionarse, nuevas ritualizaciones, nuevos usos y nuevos modos de
consumo.
Estas relaciones, ritualizaciones, usos y modos de consumo que
practican diariamente los visitantes-clientes del centro comercial y
los casinos –unos pertinentes, sanos y otros no tanto– determinan las
formas de apropiación que se hace de estos espacios: a ellos vamos bien
vestidos, vamos a ver y a ser vistos, vamos a encontrarnos sin los "peligros"
que representa la calle, vamos a gozar del entretenimiento, vamos al
goce del consumo del espacio mismo como lugar semiótico.
Como en muchos otros lugares de Latinoamérica
y Colombia, en Armenia la plaza pública también hizo su transición a
la plaza privada. No se trata aquí de hacer una apología al centro comercial
ni a los bingos y casinos. Se trata de proponer una nueva mirada de la
comunicación a estos temas de la ciudad, una visión que no puede, en
términos de formación y prospectiva, reducirse a lo puramente periodístico.
NOTA: A propósito del tema, un grupo de docentes del Programa de Comunicación
social – Periodismo de la Universidad del Quindío, coordinado por el
profesor Antonio José Vélez Melo, prepara para su publicación un libro
–fruto de un proceso de investigación sobre comunicación y ciudad–, que
recoge los hábitos de consumo de los usuarios del Centro Comercial Portal
del Quindío, en Armenia. Un texto de recomendada lectura. |