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| SI ESTO NO ES CULTURA... ENTONCES ¿QUÉ ES CULTURA? |
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Por: Mauricio Vera Sánchez
No hay dos producciones culturales que nos resulten tan cercanas y tan cotidianas como la televisión y
la música popular. Ambas gozan de un inmenso aprecio y popularidad entre buena parte de la sociedad,
excepto, claro está, en esos sectores intelectuales elitistas y recalcitrantes que las miran con
desconfianza. La televisión, por su carácter masivo y, por tanto, sin contenidos valiosos para sus
refinados gustos culturales. La música popular, la nuestra, la de Jhonny Rivera, Luisito Muñoz, el
"Charrito Negro", la que suena sin cesar en las fincas, busetas y taxis de ciudades y
pueblos del Eje Cafetero; de letras de despechos infantiles, descarnados y sinceros; esa que está de
moda entre los jóvenes que frecuentan los bares snob de Armenia, Pereira y Manizales, y que en las
noches de sábado los pone a cantar airadamente junto a Dora Libia: "Te arrepentirás de haberme
conocido, porque hoy me declaro tú peor enemiga, y lo que te mereces por abandonarme, es que al volver
te mande, a chillar a otra parte...", a esa música la critican por considerarla de
"baja" calidad artística y cursilería emocional. Pero, ¿qué pasa cuando la televisión y la
música popular se "juntan" y conforman una pieza? Pues se da una de las manifestaciones
culturales más interesantes e importantes en el contexto regional: los vídeos clips de música popular,
que hoy se emiten en canales especializados como Son Popular y El Popular, y en programas como El
Despecho de Telecafé. Varios elementos hacen de este corto y potente formato audiovisual, un producto
destacable en nuestro panorama cultural. Primero, por ser un producto que circula en el medio más
popular de todos: la televisión, que favorece una exposición mediática de los cantantes que antes no
se tenía para este género. Así entonces, la música popular cobra rostro y el público identifica sus
ídolos, cuestión que se pierde en el registro fonográfico. Los cantantes de música popular son hoy el
star system de la televisión local. Segundo, en sus estéticas observamos cómo en la puesta en escena
se despliega una cultura material cimentada, suntuosa y ostensivamente, en objetos como los caballos
finos, las piscinas, los autos de lujo, las mujeres rubias y la casa-finca desolada, donde no atisba
evidencia de presencia familiar, espacios deshabitados de hijos, abuelos, tíos. Las historias suceden
en un contexto que refleja la emergencia de una nueva vida social y un orden económico muy
propio de nuestra región, atravesada por fenómenos como el narcotráfico, las migraciones y
la desintegración familiar.
En el video clip de la canción Soy Soltero, de Jhony Rivera, se expresa contundentemente esto:
"Soy un hombre soltero, no tengo compromisos, para irme pa’ la calle a nadie pido permiso, tengo
un corazón grande, muy fiel y muy leal, puedo querer a muchas y a todas por igual (...) Me gustan los
caballos, las mujeres bonitas, salir de paseo con mis amiguitas, si eso no es vida, entonces qué es la
vida".
Estamos ante un género con una tendencia narrativa altamente figurativa, donde la letra se convierte en
el libreto de la historia que es protagonizada generalmente por los cantantes. La imagen es un mero
eco representativo de la lírica. Finalmente, los videos de música popular no son un paso previo hacia
la "alta cultura", no podemos pretender tener el estilo, las estéticas e historias de otros
géneros como el pop anglosajón. Esa es nuestra creatividad audiovisual y expresión musical y debemos
reconocernos en ella, así a algunos "intelectuales" les produzca rasquiña, porque no son
arte pero sí cultura. |
| VIDEOS DE MÚSICA POPULAR: LA OTRA TELENOVELA |
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Por: Mauricio Vera Sánchez
Dice el investigador brasileño Arlindo Machado que durante mucho tiempo la academia nos
acostumbró a encarar la televisión como un medio de masas, en su peor sentido, opacando la
atención que se pudiera tener sobre algunos productos televisivos interesantes y singulares.
Y, por supuesto, cuando se trata del video clip de música popular, que en la región del
Eje Cafetero es ampliamente producido y difundido, generando una importante exposición de
los cantantes, así como una creciente circulación entre ciertos públicos que encuentran en
ellos elementos de identificación, está mirada se vuelve acusatoria o indiferente, descalificando
lo significativo que puedan tener algunos videos en lo estético, narrativo y cultural.
Toda valoración no está desprovista de una mirada particular, por eso, a mí juicio, estos
son algunos videos de música popular que se destacan dentro del inmenso
mar audiovisual que es la televisión.
Un video capaz de sintetizar el espíritu de la cultura material desplegada en la mayoría de los videos
de música popular, es el de la canción Soy soltero de Jhonny Rivera.
En este se muestran ostentosamente caballos, joyas, piscinas, carros
de lujo, casas-fincas. Objetos dispuestos para un estilo de vida particular: el del placer
orgánico permanente, el deleite vertiginoso de la promiscuidad, sin compromisos afectivos
y con la capacidad -pregonada con orgullo- de amar al mismo tiempo a muchas mujeres.
Soy soltero no es el anuncio de un estado civil sino la consigna de una filosofía
de vida, donde la relación con las mujeres es "mejor" si se está dotado
de una riqueza material -de la que se pueda presumir- y que "garantice"
la fidelidad y el amor eterno, y con la que "garantizamos" a las amadas
la felicidad.
De rodillas te pido, de Giovanny Ayala, es el paradigma de la narrativa melodramática
que caracteriza a estos videos y que los hace herederos directos de la telenovela, lo que
explica en parte el gusto de ciertos sectores sociales por ellos. La historia es un conflicto
en tres actos: 1) Problema: la traición; 2) Desarrollo: búsqueda de perdón por múltiples vías
–arrodillarse, llorar, prometer fidelidad; 3) Desenlace: el no perdón de la engañada. A diferencia
del esquema del melodrama, que plantea un happy end, en el relato sucede lo contrario:
es un final triste, la engañada no perdona la traición.
Si en Soy soltero hay una ostentación de los objetos, en éste la hay de los sentimientos: el
protagonista -que es el cantante transformado en actor- expresa cursimente su dolor y arrepentimiento,
las manos en su corazón imploran perdón, cae de rodillas en cámara lenta en la escena final con su
rostro bañado en lágrimas.
En el video de la canción Eres, de Dora Libia, los caballos, las piscinas…, se reemplazan por
paisajes más "poéticos": atardeceres en la playa, chalets en los Alpes Suizos, primaveras
parisinas. Las imágenes se parecen a esos afiches de paisajes europeos que se venden en las esquinas y
que cuelgan elegantemente en las paredes de las casas de humildes campesinos. Y es que estos espacios
son "más propicios" para la ensoñación y el amor que los cafetales y las matas de
plátano.
Así, estos videos son un espacio para el estudio de las prácticas estéticas, de significación
y creatividad que conforman nuestra cultura. En sus historias hay una suerte de demarcación
social donde aparece la consolidación de nuevas realidades económicas, sociales y afectivas.
Realidades que nos las contó el video de música popular mucho antes de que aparecieran en
series televisivas como Sin tetas no hay paraíso o El cartel. |
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