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| EL DIARIO DE LOS DIOSES |
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Por: Ángel Castaño Guzmán.
Hace un cuarto de siglo, al conocer la noticia de la muerte de Julio Cortázar, Carlos Fuentes telefoneó
a Gabriel García Márquez a su residencia de La Habana. Al otro lado de la línea, tras comentar los
pormenores del acontecimiento, el escritor mexicano le oyó decir al Nóbel una frase que bien podría
resumir cualquier investigación sobre la calidad informativa de los medios de comunicación: "no creas
todo lo que lees en los periódicos." Reportero avezado, Gabo retrató con fidelidad los secretos de las
salas de redacción. El escepticismo que el apotegma encierra es apenas natural en una sociedad como la
colombiana, cuya realidad hace rato traspuso los linderos de la hipérbole. Los periodistas, oficiantes
de la información, son testigos de primera fila de los eventos que en los últimos 50 años han
constituido la identidad del país. Tahúres de la imagen, dan a conocer por igual las desmesuras de la
barbarie y los oropeles de las pasarelas. Sin distinción, las curvas de la ninfa sensación de la
industria musical están a escasos centímetros de la más bizarra crónica roja. Caldero de mezclas
alucinantes, las páginas de los periódicos y los informativos radiales son radiografía de la psique
nacional. Leerlos es escarbar en lo más íntimo del inconsciente, bucear en los arrecifes de la
colombianidad.
El periodismo, oficio de innegables compromisos democráticos, es para muchos, entre ellos Albert Camus
y Ryszard Kapuscinski, el mejor de todos. Da las coordenadas que sitúan al ciudadano en el agitado
mundo de la posmodernidad y alimenta las opiniones que este elabora acerca de los temas de interés
general. Pocas cosas lesionan con más contundencia a la democracia que una prensa obnubilada por los
fuegos de artificio del poder.
Temas frívolos ocupan el mismo espacio en las agendas noticiosas que los dramas de una nación inmersa
en la violencia. Por eso es tan apremiante que la academia le provea a la población elementos básicos
para examinar con cuidado los discursos periodísticos. Promover lectores capaces de encontrar los
recónditos engranajes de las noticias es el deber impostergable de la comunicación social. Hasta el
momento pocos son los movimientos en esta dirección. En saldo rojo con la sociedad están los medios de
información y la educación formal. Los primeros por no conservar la neutralidad necesaria para
informar con rigor y honestidad. La segunda por la evidente ruptura que hay entre sus investigaciones
y el país de carne y hueso.
Leer el periódico, ver telenoticieros o encender el radio son liturgias cotidianas del ciudadano
moderno. Pan diario, la información está presente en todos los ámbitos de la sociedad globalizada. De
ahí la importancia de no arrojar las perlas a los cerdos o encumbrar dioses de cartón. |
| ¿ES POSIBLE CONSTRUIR CIUDADANÍA DESDE LOS MEDIOS? |
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Por: Félix Joaquín Lozano Cárdenas.
La pregunta que orienta este breve texto parece tener una respuesta obvia y facilista: los
medios no construyen nada bueno porque están al servicio de los grupos
económicos, la televisión embrutece, la radio obnubila, la prensa manipula y en Internet el
90 por ciento del contenido es basura. Frente a esta extendida posición, es necesario advertir
que –gústenos o no– los medios, particularmente la televisión, son generadores de opinión
pública e importantes escenarios para la construcción de ciudadanía. Suena a herejía, pero
es cierto. Para argumentar este espinoso asunto es necesario tener dos claridades: una primera,
que el ejercicio de la ciudadanía, como lo menciona la investigadora María Cristina Mata (2003),
actualmente desborda la esfera de los derechos civiles y políticos ligados al sistema de gobierno,
la estructura social y el modelo económico de una país, para adentrarse en el fenómeno de
la diversidad, la diferencia y la globalización; y una segunda, que los medios constituyen
importantes espacios para establecer puntos de referencia comunes para toda una sociedad y
tienen enormes fortalezas para proponer, estabilizar representaciones sociales, además de
formar imaginarios colectivos. En virtud de lo anterior, desde la lógica de la globalización
y las nuevas tecnologías, la noción de ciudadanía se asume ahora como la materia prima que
se requiere para adaptar un modo de ser a un mundo más amplio, para re-pensar las interacciones
simbólicas de los individuos en un espacio que se ha hecho cada vez más común y que denominamos
sociedad del conocimiento, para vincularse con las problemáticas derivadas de las identidades
y el multiculturalismo donde son comunes las demandas y reivindicaciones que trascienden las
fronteras. Ser colombiano ya no es un asunto de cédula o territorio. Va mucho más allá. En
este ámbito, los medios masivos se convierten –sin querer queriendo, como dice un personaje televisivo- en potenciales lugares
de encuentro, escenarios de reconocimiento que posibilitan la construcción colectiva de la
opinión y promueven una inclusión que poco se da en nuestros países. Suena extraño, pero es
necesario reconocer que los medios comunican desde y en la lógica del entretenimiento y, precisamente
por esta característica, han sido satanizados por muchos intelectuales para quienes el aprendizaje
está muy ligado con el sufrimiento –parir el conocimiento- y no con el goce y la diversión.
Los medios surgieron con la industria del entretenimiento, desde allí construyeron sus estéticas,
técnicas y narrativas propias. No son la panacea, pero tienen interesantes desafíos educativos
que debemos aprovechar en todo su potencial para no quedarnos en el tradicional lugar común
que pregona que aprender es algo aburrido.
Nota: A propósito del tema, el Jueves 23 de abril, el Programa de Comunicación social – Periodismo de
la Universidad del Quindío fue anfitrión del FORO REGIONAL DE COMUNICACIÓN, que en su octava versión
abordó el tema de "la comunicación en la construcción de ciudadanía". |
| LAS PALABRAS DE LA DONCELLA |
Por: Ángel Castaño Guzmán.
Sherazada, la formidable narradora que para salvar su vida del implacable decreto del Rey
teje un extenso mosaico conocido en occidente con el nombre de Las Mil y
una noches, es el mejor ejemplo de la eficacia de la palabra en tiempos de crisis. Hilvanados
con singular maestría, los relatos salen de la boca de la doncella con el vigor necesario para
recordarle al monarca los límites del poder. El detalle más inquietante del libro es la idea
de concebir el lenguaje como centro real de la sociedad. Fascinado, el soberano pospone la
ejecución una y otra vez para conocer el desenlace de una narración que indefectiblemente conduce
a otra. La astucia de la mujer consiste en dosificar las revelaciones y dejar varios temas
ocultos para esgrimirlos en una mejor oportunidad. Sin dar tiempo para la meditación, el frenético
ritmo de acontecimientos obnubila el juicio del gobernante. Mucho de Sherazada tienen los medios
de comunicación. Hipnóticos, construyen a su arbitrio el escenario de la realidad. El discurso
informativo es el telón de fondo de las faenas cotidianas. Cada informe noticioso trae consigo
una avalancha de coloquios domésticos. Muchas de las conversaciones que tienen lugar en las
habitaciones y comedores de los ciudadanos modernos nacen en las salas de redacción. De ahí
el compromiso democrático de los periodistas de informar con rigor y neutralidad. El problema
radica, en palabras del profesor español Carlos Elías, en el criterio mercantil que prevalece
a la hora de seleccionar los temas de interés general. Cercados por el omnipresente fantasma
del dinero, los medios de comunicación están más atentos al crecimiento de las ventas que al
desarrollo de proyectos de inclusión y reconocimiento ciudadano. Esto, en muchos casos, viene
de la mano con evidentes rasgos de frivolidad. Se opta, como es lógico, por noticias fáciles
de consumir. Ninguna clase de preparación exige la banalidad periodística al receptor. Así,
los chismes de los romances de las actrices desplazan los eventos incómodos y nada consumibles.
Reportan más índice de rating los pormenores de la farándula nacional que las poblaciones minoritarias.
Los negros, campesinos, mujeres, homosexuales, son los eternos olvidados y sólo acaparan la
atención nacional cuando la muerte toca sus puertas. La guerra y el espectáculo hacen que el
tiraje de los periódicos se agote en un santiamén. La prensa, en sintonía con las directrices
neoliberales, se convirtió en carnaval circense. En lugar de apelar a la meditación promueve
el irreflexivo espectáculo.
Sherazada logró escapar de las garras de la injusticia gracias a su extraordinaria inteligencia.
En su caso el patíbulo fue sustituido por el solio real. Los medios de información lograrán
no ser inferiores a sus responsabilidades sociales si son capaces de construir una visión incluyente
de la comunidad, ajena a los vaivenes del mercadeo y a las trampas del oropel. |
| MEDIOS DE COMUNICACIÓN: ENTRE LA CULTURA Y LA ECONOMÍA |
Por: Mauricio Vera Sánchez
Generalmente tendemos a mirar a la cultura y a la economía como ámbitos desligados y opuestos.
Sin embargo, es importante señalar que es en el escenario de los medios de
comunicación y las industrias culturales donde confluye la creación artística
con la economía, que el trabajo cultural tiene un valor económico y las decisiones
económicas se toman desde entornos culturales, que la producción y circulación de bienes y
servicios culturales depende de las condiciones del mercado, las plataformas tecnológicas,
la inversión privada, la creación de empresa y generación de empleo.
En este sentido, resulta interesante hacer una mirada al estado actual de las empresas en
la región del Eje Cafetero cuyo objetivo comercial es la creación, producción
y distribución de contenidos culturales e informativos. Revisando la información de las Cámaras
de Comercio, donde se consignan aspectos vitales como el número de empresas y empleados, rango,
año de constitución y objeto social, encontramos que hay 172 empresas constituidas legalmente,
distribuidas así: 91 en Pereira-Dosquebradas, 55 en Manizales y 26 en Armenia, orientadas hacia
actividades de radio y televisión (83), edición de periódicos y revistas (23) y publicidad
(14).
En cuanto a la ocupación, se reportan 561 empleados, concentrados fundamentalmente en el
sector editorial (63%), que es donde se ubican las empresas más grandes de la región. Es interesante
observar que si bien en el sector de radio y televisión hay un mayor número de empresas, el
empleo que se genera no es proporcional, lo que ameritaría conocer detalladamente sus modelos
de operación y contratación.
Asimismo, la nuestra es una región de microempresarios en cuanto a industrias culturales
y medios de comunicación. El 84% de las empresas tiene menos de 10 empleados; el 3% está en
el rango de pequeñas empresas, que registran entre 10 y 50 empleados promedio; tan sólo el
2% tienen una envergadura de mediana, que sobrepasa los 50 empleados; no existe ninguna empresa
grande, es decir, con más de 200 empleados.
Un elemento importante es la época de constitución. Entre 1972 -año en que aparecen los primeros
registros- y el 2000, se crean 46 empresas que reportan 475 empleos, caso significativamente
diferente a lo sucedido en el período 2000-2008, donde se conforman 105 empresas. Esta creciente
constitución de empresas podría explicarse porque es en estos años cuando comienzan a salir
las primeras promociones de egresados de los programas de Comunicación social - Periodismo
de la región, quienes por su formación profesional son lo llamados a ejercer el liderazgo en
este escenario y, por tanto, a crear empresa.
Sin embargo, habría que revisar qué tipo de empresas se crean, a qué actividades se orientan,
cuál es su solidez financiera y, principalmente, su capacidad para crear empleo, ya que tan
sólo se han generado 86 puestos de trabajo en este lapso, y únicamente se ha constituido una
empresa pequeña, impactando poco el sector.
Así, el llamado de atención es para nosotros como academia, responsables de formar y orientar
a los futuros comunicadores, revisando cuál es la capacitación empresarial que reciben los
estudiantes, el conocimiento del mercado cultural y de medios que realmente tenemos, hacia
dónde estamos enfocando los esfuerzos para que en el corto y mediano plazo podamos contar con
empresas culturales e informativas generadoras no solamente de identidad e intercambio cultural
en la región, sino también de riqueza económica y empleo digno. |
| LA COMUNICACIÓN ORGANIZACIONAL |
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HERRAMIENTA DE CRECIMIENTO, GESTIÓN Y DESARROLLO DE LAS EMPRESAS
Por: Heiller Abadía Sánchez
Es común escuchar hoy el término globalización, el cual ha generado una discusión permanente
frente a los beneficios o perjuicios que trae consigo este fenómeno. Pero, lo que es claro
radica en la inmersión que las distintas economías han hecho en los mercados internacionales
y la influencia transnacional a la que es objeto el consumidor. Colombia no es ajena a este
fenómeno, muchas empresas colombianas ya están basando sus estrategias de mercadeo en el posicionamiento
internacional, es claro que la nueva organización que sufre la sociedad, sumada a los altos
niveles de competencia, la calidad en los procesos productivos, la expansión de los mercados
y la importancia que representa el cliente, han propiciado nuevas formas de gerenciar en aras
de alcanzar el éxito en las empresas modernas.
Es en este escenario que la comunicación entra
a jugar un papel de gran importancia, casi al nivel de los procesos de producción,
finanzas y administración, pues es a través de la comunicación que la empresa logra cumplir
con esos fines que el mercado actual exige, tales como la responsabilidad social, el manejo
de la identidad y la cultura, el equilibrio laboral interno, las buenas relaciones con clientes
y proveedores, el posicionamiento de la imagen, el adecuado flujo comunicacional, entre muchos
otros. La comunicación organizacional empieza entonces a dejar de ser una opción en las empresas
para convertirse en una necesidad, pues está altamente ligada con la productividad de la empresa,
independientemente del sector que represente.
La comunicación organizacional
es una especialidad que viene posicionándose con fuerza en el ámbito empresarial
mundial y nacional. En el departamento del Quindío, pese a no ser una región
industrial, la comunicación organizacional está calando en las estructuras
organizacionales, donde se está cambiando el imaginario preestablecido de ver la comunicación
empresarial como un lujo y no un elemento
de desarrollo corporativo y de productividad. De igual forma, se han dejado
de ver las funciones de la comunicación organizacional como el simple manejo
de las relaciones entre la empresa y los medios de comunicación, para comprender
la magnitud de la función comunicacional en la empresa, en donde la gerencia estratégica de
la comunicación permite que existan adecuados flujos de comunicación interna, externa, un uso
y apropiación de la identidad y cultura corporativa, un efectivo plan de relaciones públicas,
un equilibrio perfecto del clima organizacional, una proyección planeada de la imagen corporativa
y apoyo continuo a los procesos de publicidad y mercadeo. En este orden de ideas, la relación
con los medios de comunicación se convierte en una de las actividades de la comunicación organizacional
y no como era visto en nuestro departamento, como la única función que podía
cumplir un comunicador organizacional al interior de una empresa. Todo lo anterior demuestra
la necesidad que tiene el país y por ende nuestro departamento del Quindío frente al posicionamiento
de la comunicación organizacional como una herramienta esencial de la empresa que permite gestión,
desarrollo y crecimiento, ver la comunicación como un elemento que va de la mano con la gerencia
eficaz y que se establece como un ente transversal de la empresa que genera productividad y
rentabilidad, al igual que bienestar y comodidad para todos los miembros de la empresa. |
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