Logotipo calarca.net

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
Inicio    Escríbanos sus inquietudes    Lea nuestro Libro de Visitas
 ESPECIAL 10 AÑOS DESPUÉS DEL TERREMOTO
 DIEZ AÑOS DESPUÉS...

Por: Manuel Gómez Sabogal (manuelgomez1a@gmail.com)

No había calles, no había casas, no había edificios. No había luz, no había teléfonos. No había comunicaciones. Todo era destrucción por donde se mirara. Armenia era otra. Armenia había casi que desaparecido. Ese día cambió todo el panorama. Cambió vidas, enmudeció a muchos. Se silenciaron amigos. Todo se derrumbó en menos de dos minutos.

La noche del 25 de enero llegó muy temprano. Después de la réplica, a las 5 y pico de la tarde, todo era oscuridad y la polvareda se había extendido por toda la ciudad. A las 8 de la noche, después de haber permanecido en casa escuchando el llanto de mis hermanas, decidí salir hacia la improvisada morgue en la Universidad del Quindío.

Caminé lentamente, pues poco se podía ver ya que la iluminación era con linternas o las luces de los vehículos. Antes de llegar a la morgue, observé mucha gente apiñada gritando, llorando, suplicando. Algunos estaban sentados, agachados y con sus cabezas entre las manos.

Bajé hasta el coliseo de la Universidad del Quindío, donde se había ubicado la morgue. Allí, junto a la puerta de entrada, había un señor ofreciendo un ataúd por $ 150.000.oo. Lo miré y le pregunté por qué se encontraba en ese sitio y de dónde venía. Me dijo que estaba ofreciendo ataúdes y que había llegado de Cali. Le pedí que se retirara, pues ese no era sitio para su indigna oferta. Mientras tanto, camionetas o jeeps llegaban con bultos, no de café, sino con personas muertas en el terremoto. Detrás de cada carro, personas llorando. Los médicos y paramédicos se acercaban a la puerta de entrada y sacaban cada cuerpo para ubicarlo como mejor se podía.

Una señora suplicaba, imploraba que la dejaran entrar. Yo entreabrí la puerta y miré hacia adentro. Tenían los cuerpos en fila y los médicos no daban abasto. El hombrecito a mi lado gritaba: "Ciento cincuenta por el ataúd". Yo le grité enojado: "¡lárguese ya, fuera de aquí, estúpido!" Le pegué una patada al ataúd, llamé a un policía que se había ubicado cerca y le dije que sacara a ese desvergonzado de allí. No me hizo caso.

Subí para cerciorarme de que había gente ayudando, pero me encontré con algunos personajes ofreciendo ataúdes. Tenían unos 10 de ellos en fila y gritaban: "¡dos millones por ataúd!" "¡Lo fiamos!" Me enardecí y les grité: Mercenarios de la muerte, ¡lárguense de aquí! En ese momento, se me vinieron las lágrimas. No podía resistir tanta tristeza unida a vendedores en momento inoportuno. Una reportera de un canal de televisión se me acercó y me preguntó qué pasaba. Recuerdo que tomé el micrófono y pedí a gritos a todo el mundo que por favor, regalaran ataúdes que los muertos eran más de mil y que unos miserables querían hacer negocio con base en el terremoto.

Salí de allí y corrí donde unos amigos que habían llegado de Cali con ayuda. Entre ellos, venía un médico. Traían agua, alimentos y medicamentos. Nos fuimos al sector del barrio Granada. Todo era oscuro. Había fogatas por todo lado, en cada cuadra. Casas caídas totalmente, gente en silencio, sollozos de niños.

Les ayudé a repartir lo que traían en el vehículo. Entrábamos a algunas casas a entregar agua o alimentos. El médico verificaba datos y entregaba medicamentos, según los casos. Recorrimos otros sitios como queriendo colaborar, pero no había mucho por hacer. Encontrábamos lo mismo por donde pasábamos.

Hacia la una de la mañana, regresé a casa con la tristeza  y la destrucción unidas en una sola. No pude contenerme y lloré por largo rato.  Esa noche no pude dormir.

Hoy, diez años después, ha habido recuperación, pero falta mucho. Sigo creyendo que la reconstrucción no ha llegado todavía como debe ser. Hay sectores donde se manifiesta la falta de labor durante estos diez años.

Hoy, diez años después, no hay empleo, no hay empresas, no hay industria. Hay muchos niños y jóvenes sin futuro. Sin estudio. Hay muchas personas buscando trabajo, pero no encuentran

Hoy, diez años después, por aquí pasaron camellos por la Avenida 14 de Octubre, cayeron pirámides por toda la ciudad, construyeron sarcófagos en la carrera 14, pero no ha habido una verdadera reconstrucción. En Armenia hubo un terremoto, pero reconstruyeron a Pereira.

 VIDEO DEL SECTOR CENTRO
 ¡TODAVÍA TIEMBLA!

Por: Juan de J. Herrera González (La Pulga en la Oreja)

Aún tiembla... ¿qué podemos hacer?, nada sino rezar porque cuando la naturaleza se descontrola imposible atajarla. Los sismos de alguna recordación palidecen hoy cuando remezones de fuerza incontenible rompen bahareque, materiales inertes y cuerpos en muestra fehaciente de poder destructor. Sirenas, pitos, teléfonos, gritos, todos al unísono cuentan la gravedad del evento. La veinticuatro por la calle de Las Palomas, está intransitable, desde el Laguito, vemos la destrozada vía cubierta de escombros hasta la plaza de Bolívar. La primera intención aún con temblor en rodillas, pánico en las miradas e incoherencia en el hablar, es buscar a quienes queremos pero, no están con nosotros. No acertamos a utilizar vehículos o nuestras piernas o pedir ayuda a otros para obtener información. Todo está confuso porque nadie sabe donde andan sus hijos o sus padres menos aún, sus amigos solamente sabemos dónde está Dios y hacia el cielo dirigimos nuestra voz, en ruego entrecortado.

Pasó el terremoto sin embargo, no queremos entrar a nuestras casas, parece que se vienen abajo en el momento menos esperado, más sirenas, más pitos y muchos más gritos porque ahora se conocen consecuencias fatales, daños materiales y, al miedo durante el evento siguen desconsuelo, desesperanza y depresión.

Dos horas después estalla la necesidad de algo concreto, de seguridad, de cobijo, de alimento y techo para las horas que vienen. El dolor se convierte en fuerza destructora y muchos a una, empiezan por saquear comercios de todo tipo arguyendo hambre y orfandad oficial, aparecen grupos denominados vándalos con intención de trasladar sus atrocidades a los barrios donde se cree hay solvencia, en éstos, nace igualmente, la necesidad de defensa y al llamado vecinal aparecen sentimientos de solidaridad para contrarrestar la anunciada visita vandálica.

Ahora, hay armas de fuego reportadas y entregadas para hacer relevo de vigilancia entre vecinos día y noche en rondas a pie y en automotores que cubren límites de urbanizaciones, barrios y condominios. Colofón de la jornada es disimulada lucha de clases en situación crítica por falta, a futuro inmediato, de satisfacción de necesidades básicas; en todos los estratos aumentada por la falta de autoridad policiva y ausencia total de líderes administrativos como alcalde o Concejales que viven su propio drama en alguna parte de la ciudad.

El terremoto cambia por completo roles y conciencias, se pasa de héroe a villano en instantes porque la tragedia permite hacerlo sin que se note demasiado y tal vez, porque las circunstancias de tiempo, modo y lugar obligan, a aquellos cuya existencia ha sido ruda, a curar su herida sin pensar en las de su vecino. También es fácil encontrar héroes anónimos, altruistas que olvidan sus penas y sirven a la causa general ayudando a quienes no pueden valerse por sí mismos bien sea por sus padecimientos físicos o mentales.

Así como hay gentes capaces de convertir la tragedia en botín para llenar sus bolsillos, también existen hombres y mujeres plenos de abnegación que entregan su fuerza y sus bienes para que otros, menos favorecidos, no sucumban ante el embate natural.

Hay miedo y terror, la tierra aún tiembla, arranca lágrimas y oraciones, la tragedia recorre calles, caminos y veredas muchos se sienten desolados pero otros son resilientes y tratan de convertir tristeza en fe y esperanza y desde este mismo instante empiezan a reconstruir su casa, su vida y su pueblo. Hoy todo es posible, es día de terremoto y hasta el alma está adolorida.

 VIDEO DEL SECTOR GALERÍA
 SOBRE EL TERREMOTO

Por: Bonel González López ((El Roble)

Han transcurrido 10 años desde ese fatídico 25 de enero de 1999 cuando el Quindío fue sacudido por un terremoto que nos coge en pañales en materia de infraestructura y cultura ciudadana para sortear este tipo de eventos naturales.

En cuestión de segundos nos vimos inmersos en una tragedia de incalculables proporciones como consecuencia de la furia de la naturaleza y en un abrir y cerrar de ojos aparecieron frente a nosotros las ruinas materiales de lo que por muchos años habían sido logros alcanzados a través de una lucha incansable de un pueblo pujante y emprendedor.

Se inicia el proceso de reconstrucción y con él surgen juntas cívicas, instituciones y distintas ONG armadas de civismo para dicho proceso.

Pero hoy, 10 años después, tenemos comunidades ubicadas en cambuches padeciendo la impotencia para resolver las mínimas necesidades básicas. A todo este caos se suma la llegada de gentes de otros lugares a pescar en río revuelto y a coger leña del árbol caído. Carentes de vivienda y otras necesidades se suman a una población emergente con el consiguientes crecimiento de la población, el advenimiento de culturas foráneas y la multiplicidad de problemas que esto conlleva como es el deterioro del tejido social con índices de prostitución, desnutrición e inseguridad disparadas. Muy a pesar de todo aún subsisten políticos serios e instituciones cívicas y humanitarias que con su aporte han logrado que de la mano de los gobiernos de turno, hoy tengamos un departamento promisorio y con las ganas y las esperanzas vivas de seguir adelante. Conmemoremos pues esta fecha nefasta con optimismo y con la energía suficiente para que los ingredientes positivos y el viento a nuestro favor, nos lleven a buen puerto.

 VIDEO DE BARCELONA
 CALARCÁ, ¿A ALGUIEN LE IMPORTA?

Por: Hugo Hernán Aparicio Reyes (Poetintos)

A DIEZ AÑOS DEL TERREMOTO

Hace ya una década, el departamento del Quindío y sus vecinos, sufrieron los efectos de un intenso sismo que, en el caso de Calarcá, además de cobrar numerosas vidas humanas, causar lesiones en víctimas supervivientes y grave destrucción material, puso al descubierto las debilidades, tanto de las edificaciones, como de la sociedad que las habitaba. Cumplida en forma satisfactoria la reparación física, el avance en desarrollo urbano de algunas de las ciudades afectadas –ejemplos, Armenia, pero en forma especial Pereira- es notable. No obstante, los factores socio-económicos críticos de nuestro municipio y del entorno quindiano siguen mostrando tanta o mayor vulnerabilidad que la de entonces.

Conviene recordar, aún con el riesgo de incurrir en manidos diagnósticos, que Calarcá ha padecido un agudo deterioro en sus índices de desarrollo durante las dos décadas anteriores (ver Informe Regional sobre Desarrollo Humano del Eje Cafetero patrocinado por la Agencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD). En ese lapso, el sistema socio-económico regional sustentado en el monocultivo, sufrió la ruptura del Pacto Internacional del Café, el consiguiente desplome de los precios e impredecibles fluctuaciones de las tasas de cambio de divisas. A cuenta de ello y de la carencia de alternativas, la economía local, afectada también por crisis crónicas y por las medidas neoliberales de reducción del aparato estatal, sufrió cambios drásticos que aún no asimila. Otros factores que intervienen en la situación actual son:

  1. Secuelas del terremoto, tales como la atípica migración resultante del asistencialismo aplicado en el proceso de reconstrucción.
  2. Brechas sociales profundas, abiertas por la histórica inequidad estructural en la distribución del ingreso generado por la caficultura y demás actividades productivas.
  3. Incapacidad del sector agrícola y pecuario para absorber mano de obra no calificada (jornaleros rurales), que representa el grupo social más numeroso y vulnerable.
  4. El turismo de las fincas cafeteras, opción relativamente exitosa en cortas temporadas anuales, lo es más para sus propietarios que para el trabajador rural; el valor agregado del servicio de hospedaje es mínimo y lejos de generar labor, la extingue.
  5. Reducción sustancial del ingreso familiar dependiente de remesas de residentes en el exterior, por la recesión económica global.
  6. No se adelantan programas de reconversión de uso de suelos.
  7. Carencia de cultura y desarrollo empresarial.
  8. Débil disposición hacia la inversión alternativa: a la actitud  tradicionalmente apática de los potenciales inversionistas locales o regionales, se suma la inefectividad de instrumentos como la Ley Quimbaya, exenciones de impuestos municipales, etc.

El más grave efecto de todo lo anterior, es la alta desactivación de mano de obra y talento humano, calculada en no menos del 30% de la población en edad productiva. El desempleo y la sub-ocupación laboral, a su vez, auspician lacras sociales: drogadicción, prostitución, enfermedades de transmisión sexual, violencia intrafamiliar, deserción escolar, delincuencia común, desconexión de los hogares a los servicios públicos, indigencia, entre otras.

Posibles mejorías en el clima económico nacional, expresadas en cifras globales y divulgadas por los medios informativos, se perciben en las grandes ciudades, donde interactúan en forma intensa y con efecto multiplicador los diversos sectores económicos. En cambio, regiones como la nuestra, no vinculadas en forma directa a esa dinámica, sin alternativas productivas; aferradas al frustrante señuelo del turismo interno, deben resignarse a un proceso mucho más lento de recuperación.

RECONSTRUCCIÓN SIN ACTIVACIÓN

La tarea reconstructiva tras el terremoto, tan eficaz en reponer y reparar las edificaciones, no lo fue en el plano social ni en la activación productiva. El modelo FOREC, impuesto por el gobierno Pastrana –cuyo compromiso con la región ha sido reconocido con justicia-, fracasó en estos campos, tanto en los resultados, como en aplicar un esquema impuesto desde afuera, pensado en los escritorios capitalinos como una fría ecuación de rendimiento financiero, de la cual se sustrajo al ser humano afectado por la tragedia. Los habitantes de la región terminamos por sentir la reconstrucción como una tarea ajena, forzada; una veloz reposición de muros, de la cual fuimos objetos mas no sujetos, más espectadores que actores, más beneficiarios de ayudas que protagonistas.

Nos quedaron, además de coloridas fachadas tras las cuales perviven las miserias que antes escondían los inquilinatos, la frustración de no haber reconformado comunidades organizadas, participantes, apropiadas de su destino, con las opciones creativas de actividad que exige el mundo de hoy. Se perdió entonces una oportunidad trascendental para hallar salidas hacia la prosperidad y dignidad colectivas.

LA HISTORIA SE REPITE

Tal parece que una nueva e irrepetible oportunidad para el municipio y sus habitantes, se frustrará, se perderá. Calarcá incurre ahora en otro enorme error histórico sin corrección futura posible. Nos referimos a la apatía institucional y colectiva frente a la ejecución de macro-proyectos nacionales de infraestructura vial, con incidencia directa en la geografía de nuestro municipio: Túneles y dobles calzadas desde y hacia Cajamarca, Armenia, y el Valle del Cauca.

La actitud pasiva, indiferente, que muestra el municipio al comprometer su más valioso patrimonio público, el recurso ambiental, para satisfacer necesidades estratégicas del país y del continente, sin asegurar contraprestaciones justas por parte del gobierno nacional, sin tener una agenda de diálogo y concertación con el mismo, sin preservar su propio interés estratégico, cediendo su obligante papel protagónico a favor de la avidez de conocidos mercaderes del “desarrollo” del Quindío es, no solo lamentable, sino inexcusable.

El tramo que cruza la Cordillera Central por territorio de Calarcá es parte vital del sistema nacional de vías. Además de dar salida a la actividad agrícola, comercial y fabril del sur-occidente colombiano, soporta el flujo de carga desde y hacia el puerto de Buenaventura (el principal del país), Pereira (Autopista del Café), norte del Valle del Cauca (Cartago – Quimbaya – Armenia); desde y hacia los vecinos Ecuador, Perú, centro y norte del país, e incluso Venezuela. La relación de nuestra Calarcá - vértice de estas troncales-, con la actividad del transporte, es ineludible. Asume, de una parte, los problemas originados en el gran volumen de tráfico, sobre todo de vehículos pesados: altos niveles de ruido, contaminación atmosférica por emisión de gases, accidentalidad, contaminación de fuentes hídricas por continuos derrames de hidrocarburos, sustancias químicas, aguas residuales del lavado de automotores y en los últimos años de la construcción del túnel de servicio, frecuentes trancones, acción de grupos armados ilegales, delincuencia común y marginalidad social a lo largo de la vía. De igual manera soporta el fraccionamiento físico y social del casco urbano por las "variantes", integradas hace tiempo como avenidas interiores, con los mismos factores citados, incidentes en sectores residenciales; desorden que generan actividades relacionadas con el transporte, tales como talleres informales de todo tipo, lavaderos, montallantas y demás.

No obstante, a la fecha, salvo la gestión adelantada por un ignorado sector ciudadano, con la cual se logró la inclusión en el macroproyecto de un distribuidor vial en el acceso de Versalles, nada concreto se ha planteado ni acordado con el Gobierno Nacional. El asunto parece estar por fuera del interés ciudadano y de su liderazgo institucional.

Las obras de infraestructura de beneficio nacional (es de simple sentido común afirmarlo), no sólo deben prevenir, mitigar y compensar efectos negativos, sino abrir posibilidades concretas para las comunidades de los municipios afectados. Calarcá requiere, por ejemplo, asegurar la permanencia de las variantes sur y norte, en doble calzada, con obras de mitigación del fraccionamiento urbano, como ejes de desarrollo urbano, durante los próximos 20 o 25 años; desarrollar proyectos generadores de actividad laboral que racionalicen y fortalezcan la relación con la actividad de transporte y potencien otros sectores productivos. Se ha propuesto el montaje y operación de un Centro Integrado de Servicios para el Transporte de Carga, también un terminal de pasajeros, ojalá integrado con un parador de primera importancia como ingreso al suroccidente del país, entre otras posibilidades.

El tema quizás no rinda dividendos electoreros que sí producen los señuelos tradicionales;  tal vez, como otros sugieren, es mejor no “malgastar” recursos del estado en proyectos de desarrollo local; más bien desalentar inversiones, disuadir la llegada de nuevos habitantes, y sentarnos a esperar, resignados, el estallido del Machín. Pero la sensatez indica que si no encontramos alternativas socio-económicas viables para el municipio, que garanticen su vigencia institucional y la prosperidad de quienes lo habitamos, Calarcá corre el riesgo de caer, en corto lapso, a la triste condición de barrio subnormal de Armenia. ¿A alguien le importa?

 ALMAS SIN PASADO

enero 25, qué grande
y fuerte eres... amiga naturaleza

se nos fue en tarde de temblores
la magia del pasado y nos quedaron
sepultadas las viejas alacenas,
bajo escombros la casa del abuelo.

caciones y poemas de otros días
se callaron cuando el rancho solariego
descuajado se hundío bajo el reclamo
del brazo colosal del dios del trueno.

la escuelita de los años juveniles
sostenida por columnas de recuerdos,
abatida está, entre montones de nostalgias.

se agrietaron las casas y los muros
pero, quedan como brasas en el alma,
encendidas la esperanza y el futuro.

Juan de J. Herrera González

 BREVÍSIMAS

Por: José Jota Domínguez Giraldo

1.- Nos informan desde la Asamblea del departamento que los 23 de enero de todos los años serán celebrados en el Quindío como el día de la solidaridad, institucionalizado mediante ordenanza para rendir tributo de admiración a quienes ofrecieron toda su colaboración en el terremoto del 25 de enero de 1999 y en memoria de los fallecidos en esa época y por ese suceso. La Asamblea departamental decidió que debería entregar reconocimientos este sábado 24 de enero a las 5:30 en la plaza de Bolívar de Armenia a la Defensa Civil Colombiana, Cruz Roja, Cuerpo Oficial de Bomberos, Sistema Nacional de Bomberos, Fiscalía General de la Nación, Aeronáutica Civil, Policía Quindío, Scout de Colombia, Federación y Liga Colombiana de Radioaficionados, Octava Brigada, Sistema de prevención y atención de Desastres, Asociación Quindiana de voluntariado y a Ingeominas.

2.- El expresidente Andrés Pastrana recibirá homenajes en estos días por su decidida colaboración en la superación de la tragedia y en la reconstrucción. Merecido lo tiene él y su esposa Nohora. Para describir la magnitud de la tragedia y la magnitud de la ayuda prestada por el presidente, el gobernador Julio César López le dijo al exmandatario: "Tuvimos un terremoto, pero también tuvimos un Presidente". Por lo tanto, a nosotros lo único que nos corresponde es tener memoria y tener gratitud.

3.- A propósito de agradecimientos, quien podría olvidar a Juan Camilo Restrepo, quien fuera el Ministro de Hacienda y Crédito Público en el gobierno Pastrana, creador del 2 por mil con destino a la reconstrucción. Hombre de bien en todos los aspectos.

4.- Fue bueno para el departamento haber contado con un gobernador ponderado, juicioso, serio, sano y trabajador. Henry Gómez Tabares debe tener muy claros esos momentos en los que algunos vinieron a colonizarnos y él sin gritar, les ganó. Álvaro Patiño fue otro importante para Armenia, pues su carácter en un momento como este, se impuso sobre las debilidades y sobre los desorganizados. Tuvo un buen equipo de trabajo en la alcaldía que le permitió desarrollar con ímpetu la recuperación anímica de la gente y la reconstrucción material de una hermosísima ciudad llamada Armenia. Gómez Tabares y Patiño Pulido le ganaron a la adversidad, le ganaron a la tristeza y le abonaron tiempo a la alegría.

5.- El trabajo de Everardo Murillo fue tan grande como su físico y estatura. No se puede sintetizar su actividad. Simplemente se le midió a una catástrofe y la convirtió en oportunidad de mejorar. La historia no puede borrar su misión. Tenemos obligaciones morales para recordarle.

6.- Pocos departamentos se pueden dar el lujo de ser estudiados y diagnosticados como el nuestro. Precisamente fueron los quindianos los que elaboraron uno de los más bellos documentos de que se tenga noticia. El "Quindío 2020" es un texto, ojalá de obligatorio aprendizaje para periodistas, académicos y funcionarios públicos. Contó con una serie de personas, expertas o no, que le pusieron el alma, el corazón, su inteligencia y sobre todo su amor para mejorar todo nuestro estamento, ya fuera público o privado. Personalmente me enamora su cada vez frecuente lectura.

 UN 25 DE ENERO

Del autor Libaniel Marulanda, en la voz del médico Álvaro León, invitamos a escuchar el hermoso tema: "Un 25 de enero", precioso canto de esperanza, compuesto hace ya algunos años, pero que retoma vigencia por la conmemoración que nos convoca.

Un 25 de enero

Voz: Álvaro León - Autor: Libaniel Marulanda

 

Quédate en Calarcá

Inicio       Escríbanos sus inquietudes        Lea nuestro Libro de Visitas
 
IMÁGENES CALARQUEÑAS
Imágenes Calarqueñas
MONUMENTO AL CACIQUE
Ver Monumento al Cacique Calarcá

Ubicado en el Barrio La Huerta. Postal calarqueña, regalo a nuestros visitantes. ¿Saben quién es su autor? Esperamos sus respuestas.