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Supe de la escritora Amélie Nothomb a finales de enero del año en curso. Creo que la lectura de
la insípida noveleta de Gabriel García, Memoria de mis putas tristes, el precioso tiempo perdido
con tal autor y tal obra, se compensaron al conocer, por esos mismos días, detalles biográficos y
bibliográficos de esta novelista francobelga, nacida en Kobe, Japón, en 1967. El descubrimiento de
sus obras, editadas en español por las editoriales Circe y Anagrama, de España, revelándome
a una virtuosa de la novela breve, como pocas hay en la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI,
me indujo con vehemencia a escribir más de una decena de glosas críticas en torno a su
novelística. Junto con Marc Levy y Bernard Werber, Amélie figura entre los escritores que
más venden, en Francia, según clasificación del diario Le Figaro. No se puede quedar
indiferente cuando uno de sus libros fundamentales, Estupor y temblores (Anagrama, 1999) supera en ventas el
millón de ejemplares. E igual fenómeno sucede con sus otras novelas. No es una Best Seller tipo
Norteamérica. Sus textos se han adaptado al cine, al teatro y la ópera.
Nada mejor, para desintoxicarse de la mediocre literatura colombiana que promocionan algunas editoriales, que
volver el gusto y la sensibilidad a narradoras francesas como Nothomb. El primero de sus 13 libros publicados que
leí, fue Cosmética del enemigo (Anagrama, 2001), nouvelle de 97 páginas con la intensidad
sicológica que podemos encontrar en un clásico de Dostoiewski. Una de las más
dramáticas, en el sentido griego del termino y hasta de su estructura, y de las más sorprendentes
por su desenlace, en la novelística francesa moderna. Considero que esta obra puede servir como puerta de
entrada a las demás novelas de Amélie, para quienes no conocen su trabajo y están dispuestos
a recorrer sus mundos de ficción y realidad. Esta es la primera de las citadas glosas. Mi propósito
es introducir a los lectores quindianos exigentes, exquisitos y fastidiados con la basura que quieren venderle
como lo mejor de la nueva narrativa colombiana, en una auténtica escritura donde el oficio literario va
más allá de las orquestaciones editoriales.
Amélie Nothomb, por su forma de vida, por la filosofía de sus personajes, por el ámbito
misterioso y ambiguo en que enmarca su vida social, cultural, familiar y literaria, no siempre sujeta a.
cánones convencionales ni a estereotipos del escritor renombrado; por su admirable capacidad de trabajo,
propiciada por el ayuno y el rigor alimentario como estímulos para la escritura lúcida; por los
escándalos que levanta cada libro suyo entre quienes allí se reconocen y son puestos al descubierto,
pero en particular porque es una mujer que dice en voz alta, sin contemplaciones y con una bella sobriedad de
estilo, todo aquello que el ser humano y las sociedades contemporáneas no desean destapar de sus
nauseabundas instituciones, por esto y mucho más, Amélie es señalada como la “sale gosse”,
chica mala de la literatura francesa actual. Y no estamos hablando de una sociedad pacata, como la colombiana,
sino de la Francia actual que acoge novelas como Marranadas, de Marie Darrieussecq, donde una muchacha se
transforma en cerda y el mundo se le convierte en una pocilga, mundo de animales obsesionado por la vida sana
pero totalmente corrompido. Para tener idea de tal señalamiento a la talentosa Nothomb, y de las
implicaciones estéticas y literarias de sus novelas, hay que conocer que en la narrativa francófona
actual, escrita por mujeres, no hay pudores de ningún tipo, no existen límites para la
imaginación ni para el lenguaje. Todo tema es válido si hay un lenguaje y unas circunstancias
argumentales que lo acrediten, como sucede con las obras de Nancy Huston, Darrieussecq, Pascale Gautier, Marie
Barthélémy o Maud Tabachik, entre muchas otras cuyas novelas superan ventas de 300.000 ejemplares
en pocas semanas. Volveré con Amélie, mientras usted decide salir a preguntar por sus libros.
COSMÉTICA DEL ENEMIGO
Publicada a sus 33 años de edad, es la décima novela de Amélie Nothomb. Quienes aguardan
el otoño europeo, como si fuese una primavera en el ámbito literario para asistir al florecimiento
de un nuevo libro de Nothomb, deben experimentar múltiples expectativas con la esperada obra de dicha
escritora. ¿Será igual o superior en calidad, a las anteriores? ¿Decaerá ese
crescendo narrativo que inició en 1992 con higiene del asesino, publicada a los 25 años de edad?
¿Se repetirá en sus temas y será reiterativa con los personajes? ¿Qué
referentes bibliográficos, filosóficos, religiosos o sicológicos, enmarcarán su nueva
novela? Amélie no decae en intensidad. Aún tiene mucho que contar y para cada novela encuentra el
tono y el ritmo adecuados.
Toda novela que publica, hace parte del puzzle existencial que desde su primera obra ensambla metódica
y paciente, con recursos de su propia vida o de las vidas de millares de personas que se identifican con sus
obras. El rigor autocrítico la induce, como parte ritual de su método, a seleccionar siempre, de
tres o más novelas que escribe al año, aquella que se ajusta a sus exigencias estéticas, no
a las solicitudes de sus lectores, de su editor (Albin Michel) o de sus críticos. Amélie sigue su
curso ascendente en la novela contemporánea, depurada en su trabajo y con sentido común, a la vez,
para convertirse en el medio por el cual sus lectores le dan voz a la soledad y al anonimato, a las frustraciones
y las esperanzas. Cosmética del enemigo (Anagrama, 2003) es un título que engaña o
desconcierta a quienes desconozcan la etimología del vocablo. Nothomb, que siempre orienta al lector sobre
las referencias ideológicas de sus personajes aclara, por boca del cínico y atormentado Textor
Texel: “La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el
mundo. No es culpa mía si las esteticistas han recuperado esta admirable palabra”. Y la moral de
este, uno de los mejor consolidados sicológicamente en su galería de personajes, está
condicionada aquí por el Enemigo, una entidad metafísica más allá de Dios y del
Diablo, en ignotas profundidades del individuo y del ego, descrito por Amélie como: “aquel que, desde el
interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada realidad. Es aquel
que saca a la luz tu bajeza y la de tus a migos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una
excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo”.
Esta es la novela más breve de la escritora francobelga: 96 páginas en la traducción de
Anagrama. Quienes buscan y gozan el refinamiento de las nouvelles, colmarán sus exigencias
estéticas con esta noveleta. Como con todos los de Amélie, pero en particular con el
dramático microcosmos de la moral individual, regida por la fuerza de ese Enemigo bifurcado y unificado
por el cruel diálogo que sostienen Jérome Angust y Textor Texel, durante tres horas en un
aeropuerto donde el vuelo que esperaba Angust, para viajar de París a Barcelona, se retrasa. Entonces
ocurre la abrupta intromisión de Texel. No dudo en sugerir a Cosmética del enemigo como novela
adecuada para el primer encuentro con la narrativa de esta escritora, aunque su éxito literario,
crítico y de ventas, sigue siendo Estupor y temblores (1999). Cosmética del enemigo,
equilibrándose entre la conciencia del Titanismo y del Impresionismo literarios, en cuanto este tiene de
gusto por la alusión sin adornos; y aquel tiene de límite con el mal, oscilando entre ambos con su
prosa sencilla, es un brutal diálogo en que los interlocutores penetran, poco a poco, en una absurda
situación de esquizofrenia donde cada uno es el otro.
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