¿Asqueroso?
Si sólo lees libros de superación personal, es posible que lo repugnante sostenga un
íntimo y pegajoso encuentro con tu moralidad y tus prejuicios literarios. No leas, por lo tanto, el
cuento al que me referiré y continúa entreteniéndote con Paulo Coelho, Suryavan Solar o
Lair Riveiro.
¿Escandalizante?
Si tu existencia se orienta por prejuicios religiosos y en tus lecturas te guían los
dogmáticos comentarios de tu pastor o tu párroco, lamentarás leer estas anotaciones y
te disgustarás conmigo por hablarte de esta literatura, pero en particular por presentarte a
Palahniuk (se pronuncia Polanik). Sabes que jamás culparías a tu curiosidad, a tu mal
disimulada morbosidad sexual.
El minimalismo literario de Chuck puede afectarte si no estás acostumbrado a tal expresión
narrativa, que hace parte del cuento Tripas, un relato lacerante, estremecedor para tu
cuerpo y tus emociones. En quince minutos de lectura, puede perturbarte y pervertirte varios meses de
oración, a medida que se desarrollan los eventos mediante oraciones lapidarias y párrafos
breves. John Barth, habla sobre varios tipos de minimalistas: “Hay minimalistas de estilo: un vocabulario
despojado, una sintaxis desnuda que evita el período y la cadencia, los predicados múltiples,
y las construcciones subordinadas complejas; una retórica desnuda que elimina por completo el lenguaje
figurativo; un tono desnudo” • La escritura de Palahniuk tiene estas virtudes enunciadas por Barth.
¿Divertimento literario?
Tal vez. Y se me antoja verlo como un largo chiste de humor negro que, con pulida premeditación y
cortopunzantes palabras, subvierte determinadas actitudes del buen gusto literario en algunos estratos
culturales, sociales y académicos de Norteamérica. Tal es el propósito, Palahniuk logra
su objetivo en una sociedad que por su libertinaje no debería conmoverse con dicha literatura, frente
a cuanto sucede en su cotidianidad, pero que año tras año, desde su primer libro,
Insomnia, pasando por Monstruos invisibles y Error humano hasta
llegar a su celebrada novela El club de la lucha, convierte al mencionado escritor en
figura notable entre los escritores representativos de la nueva narrativa norteamericana. David Fincher, en
1999, llevó al cine El club de la lucha, que en breve lapso se convirtió en película
de culto.
Durante la gira de promoción de su obra Diario: una novela (2003) Palahniuk
resolvió experimentar con su público, leyéndole como parte central del acto el cuento
Tripas, que despierta atractiva repulsión, desconcierto y visceral excitación entre quienes lo
escuchan y donde la masturbación es el eje temático que Chuck descarga sobre su audiencia, en
un escabroso relato de forzoso masoquismo.
Pocos querrían vivir en carne propia tal suceso, pero muchos, más de cuantos imagine una
mente pudorosa, querrían verlo y disfrutarlo como espectadores. Tal cuento hace parte del libro
Haunted. Palahniuk reconoce influencias estilísticas de Gordon Lish y Amy Hempel. En
toda su obra, como es notorio en Tripas, emplea un vocabulario despojado y preciso que ayudan a solidificar
las frases cortas con las cuales Palahniuk imita la forma en que cualquier persona relataría una
historia al hablar. Admite que prefiere los verbos a los adjetivos. La novelista francesa Amélie
Nothomb, otra escritora contemporánea prestigiosa, manifiesta igual rechazo por los adjetivos. La de
Palahniuk es, como a él mismo le agrada calificarla, ficción transgresiva, un ámbito
literario por donde discurren personajes marginados por la sociedad que a menudo reaccionan con agresividad
autodestructiva. Esta autodestrucción es patética, aunque se mezcle con el placer solitario,
en el jovencito protagonista de Tripas: “Es una decisión entre
morir ya mismo o dentro de un minuto, piensa este.
Es probable que con el melodrama, la farsa publicitaria, el adecuado manejo del rumor biográfico,
la parodia y la realidad, los constantes desmayos de algunos individuos entre el público que escucha
leer a Tripas, sean verídicos. Los periodistas llevaban, hasta el año 2004
una lista con cerca de un centenar de desmayados. Por cuanto se refiere a los quindianos, a la gente de
Calarcá y a unos pocos amigos a quienes les he dado fotocopias del cuento o se lo hemos remitido a
sus correos electrónicos, ninguno de ellos se ha desmayado, aunque no dudo que buen porcentaje de
estos sí deben experimentar íntimos y cálidos cosquilleos al releer sobre el antiguo
método masturbatorio de los árabes con cera de vela, que da a conocer el libidinoso adolescente
del cuento.
Junto a la fugaz pérdida de conocimiento, cuando el cuento llega a su clímax con el inquieto
protagonista inmerso en la piscina de su hogar: “...el cielo ondula, celeste, a través de un metro y
medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis
oídos”, las contracciones anales de los asistentes a las lecturas de Tripas no son tan visibles como
los rostros pávidos y la incomodidad de los cuerpos. Aunque pueden no estar exentos de
recóndito placer para cuantos se identifican con los gustos sexuales de Chuck Palahniuk.
Tripas, ¿es fruto podrido de algún caso clínico que el escritor
llevó al extremo narrativo, ficción transgresiva, transformándolo en breve pieza de
horror sadomasoquista? ¿Y no le sucedió algo parecido a un hombre que deseaba explorar su ano
como centro de absorbentes estimulaciones?, la lectura del cuento inducirá a más de uno a
verificar con su cuerpo algo semejante a lo narrado. Muchas piscinas del Quindío favorecen la
experiencia. De aquí, entonces, que los desmayos entre su publico susceptible puedan entenderse desde
varios puntos de vista. Si el relato no proviene de un evento real, sí originará accidentes
iguales o peores. Palahniuk señala que cada año, en Florida, cerca de 150 personas mueren en
idéntica situación a la que él somete al protagonista de su cuento.
¿Es un experimento emocional para observar, durante lecturas públicas como le divierte a
Palahniuk hacerle, las desbordadas reacciones del auditorio trastocando, palideciendo, desmayándose o
abandonando el lugar con visible repugnancia? Es indudable que de todo esto, y algo más, hay en el
cuento del polémico narrador norteamericano. Aunque no se comulgue estéticamente con este tipo
de relatos, por su lenguaje, su tema o el estilo empleado, además de la verdadera intención
que sólo conoce su autor y explotan sus editores, no se puede descartar, por principios morales, la
fuerza literaria y el efecto narrativo del mismo.
Aunque cuentos como Tripas no conmueven zonas estéticas específicas de mi
formación interior, de mi estética literaria y de mi filosofía y mi formación
técnica en el manejo de la sexualidad, no subvaloro esta variedad de narraciones ni a esta clase de
narradores, ni mucho menos menosprecio los textos que afrontan con prosa transgresora la descripción
escatológica de alguna costumbre sexual. Me divierte la irreverencia que con ellos se le infringe a
cualquier tipo de pensamiento fundamentalista, pero en particular al moralismo cristiano.
No haría de este cuento un modelo de escritura y de temas para desarrollar en un taller literario,
pero sí lo identifico como prototipo del autor que trabaja sus textos con total libertad de
expresión, sin cortapisas académicas, sin concesiones para con el lector, sin prejuicios
culturales y dejándose llevar por el tema y los eventos hasta donde la imaginación y la
realidad se mezclan, dándole consistencia al relato y haciendo verosímil para centenares de
lectores de distintos ámbitos culturales, tal historia. Su manejo de la crueldad es obstinado y
perverso. Al prescindir de todo accesorio, sin divagaciones éticas o de tipo sociológico,
Palahniuk se desenvuelve con soltura en temas que a otros autores podrían conducir monótonas
descripciones y a rodeos sicológicos que le harían perder intensidad al
cuento.
Una ágil pieza narrativa que causa estupor, que fastidia sensibilidades y maltrata mentes pacatas
y pudorosas. No se puede descartar, dadas las reconocidas tendencias homosexuales del escritor, que el texto
surgió de alguna experiencia propia y Palahniuk decidió compartirla, algo común entre
los miembros de la Cacophony Society. Su experiencia en trabajos sociales con personas sin hogar, en
hospicios, debió dejar hondas huellas de compasión y desolación que más tarde
enriquecerían sus novelas.
¿Hacia dónde apunta este tipo de cuentos?
A excitar la imaginación o a fustigar una sociedad hipócrita que cuando no es temerosa del
sexo, se desquicia por sus apetitos, reprimida siempre por fundamentalismos evangélicos. A lo largo
del cuento, saltan a la vista las vivencias juveniles del escritor, los rastros que en su ano debieron dejar
múltiples y frenéticas experiencias masturbatorias decantadas, ahora, por su prosa
cínica y provocadora. Es un cuento cuyas escenas se relatan mediante frases breves, en enfoques
visuales no desfigurados por ninguna intención pornográfica, en este caso, ni siquiera
erótica. Tripas es humor negro, ejercicio escatológico donde su autor busca
medir el impacto que sus palabras ejerzan en la audiencia y en los lectores. Altivez temática. Prosa
capaz de herir a una sociedad narcotizada por la televisión.
Lo suyo, en este texto, son mordiscos literarios, dentelladas emocionales que no dan tiempo para
reflexionar sobre aquello que se nos relata, induciendo sólo a verlo y sentirlo a través del
protagonista. Mucho le debe este cuento a Bukowsky quien, si viviera , con seguridad le
daría un ardoroso beso francés a Chuck, emocionado por su estilo y por la atractiva apariencia
del autor .
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