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El mermudio quindiano habita lugares fríos del departamento. Adora la neblina, con la cual se
viste y acicala. Vuela cuando nadie lo observa, aunque no resiste la tentación de caminar tras las
personas que recorren sin prisa los caminos rurales de la región.
Duerme sobre ramas del balso, cuando este descansa de sus leves desplazamientos por la montaña.
Lo atemorizan las luciérnagas, el arcoiris, las libélulas y en particular las ancianas
campesinas que rezan en voz alta el rosario, o que le gritan coplas a La llorona, varios
folclorólogos de la región, mencionan la amistosa proximidad que hay entre el Mohan de La
Sonadora y el mermudio. Quienes tienen la fortuna de ver un mermudio, dicen que en realidad no vuela por
sí mismo, sino que conoce el secreto de las corrientes de aire para dejarse elevar por el viento.
Algunos parapentistas los han encontrado por el sector de Navarco, en Calarcá. Un mermudio
volador puede pasar a gran velocidad por nuestro lado, como ráfaga de color o vibración
musical, O, si la persona ha sembrado un guayacán, pasar lento por su lado, desplanzándose
a paso de balso. El principal alimento del mermudio es el rocío que se congela sobre palmas de cera
en Cocora. Los calarqueños que han encontrado mermudios en los cafetales, o en algún
platanal por las fincas de Barcelona, afirman que tienen rostro de bebé. Segundo Henao, fundador
de Calarcá, en su libro La miscelánea (Imprenta Calarcá, 1921) relata su encuentro
con un mermudio, cuando se extravió buscando la laguna de Maravélez.
Una cualidad del mermudio es hablar siempre con frases palindrómicas. Algunas teorías
sobre el origen de los palíndromos, atribuyen a los mermudios europeos la invención del
palíndromo. El poeta griego Sotades, menciona a un mermudio anciano, oriundo de Creta, de quien
aprendió las normas básicas para elaborar un palíndromo. Leidy Bibiana Bernal, en su
investigación sobre los mermudios colombianos, compila algunos palíndromos atribuidos a
mermudios del Quindío: amo la pacífica paloma; Roza las alas al azor; Aroma, robas ese sabor
a mora; Aire sólo sería; Oirás orar a Rosario.
El mermudio quindiano construye nidos transparentes con la bruma del atardecer. Matsuura Yasuco, turista
japonés y poeta de haikú, Que visita el Quindío en el año 2004, logró
filmar una breve secuencia de un mermudio construyendo su nido. Algunos campesinos de Salento,
Calarcá, Génova y Filandia, relatan que sus abuelos, para entablar diálogo con
algún mermudio que se dejaba ver, repetían nueve veces: “¡Mermudio!”,
con los ojos cerrados y los dedos índice y pulgar, de ambos manos, juntos. El cronista Fray
Andrés Ferrer de Valdecebro, en su libro "Gobierno general, moral y político hallado
en fieras y animales silvestres, sacado de sus naturales propiedades y virtudes", se refiere con
asombro al mermudio.
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