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El acto que dio comienzo a la "Semana de la Cultura", fue el lanzamiento del libro
de poemas "Al Filo de la Vida", de Fernando Arroyave García".
Este calarqueño es Licenciado en Lenguas Modernas de la Universidad del Quindío.
Especializado en Orientación Escolar, ha publicado una obra de teatro "Latinoamerican
Smog" y próximamente aparecerá su "Manual de Literatura Española",
obra cuyo nombre lo indica, está destinada a estudiantes y docentes del nivel preparatorio
y universitario. Ejerce actualmente la docencia en el área de humanidades en el Instituto
Técnico Industrial de Armenia, Quindío.
Dice Orlando Montoya G. "En este libro encontrará el lector muchas similitudes con
sus propias vivencias. La vida, el amor y la muerte están entreveradas de manera sencilla
y al mismo tiempo sublime en estos poemas. La vertiente sentimental no es decididamente sensiblera.
La forma y la idea-emoción son, en la poesía de Fernando Arroyave, aspectos de un
conjunto indivisible, constituyen una prodigiosa armonía. En este tipo de poesía
hallamos el misterio de las profundas fuentes de la vida y del amor.
"Al Filo de la Vida" es una importante obra en la poética quindiana, porque
opone de forma valiente una poesía sencilla y simple a las tendencias fatuas y arrogantes
de los efímeros estilos de moda." |
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El 1er. Encuentro Departamental de Minicuentistas Quindianos, como dice Leidy Bibiana Bernal
R. Directora del Semanario "Minificciones", es el "...primer paso en el proyecto
de convocar para un encuentro, en Calarcá, Quindío, a minicuentistas colombianos
y al escritor mejicano Lauro Zavala, una de las mayores y reconocidas autoridades en minicuento
hispanoamericano..."
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Humberto Senegal leyó su minicuento "Los Guayacanes"
La muerte llegó sin utilizar la puertecita del jardín, por donde el poeta entraba
en su casa a huéspedes especiales. Eligió la ventana para penetrar en la biblioteca.
Los árboles del jardín eran la vida del escritor.
Bueno... -dijo la muerte.
¡Bueno! -respondió el poeta pero, antes, permíteme despedirme de mis guayacanes.
— ¿Guayacanes? -preguntó la muerte, y acompañó
al poeta hasta el jardín, donde tres frondosos guayacanes, cargados de flores lilas, amarillas
y rosadas, eran la fiesta de aquel lugar.
-Son lo único que extrañaré -admitió el poeta. Y agregó,
señalándolos:
-¿Habrá algo parecido... allí?
Varias flores cayeron sobre la muerte.
-Creo que no- respondió ella con desconsuelo- ¡Son hermosos! Nunca me los mostraron.
El suelo estaba tapizado de flores y cada instante, descendiendo en espiral, caían más
a su lado, llevándolas y trayéndolas el viento.
- ¿Verdad que sí?.. .Y, además de esto, espera a que se llenen de aves advirtió el
poeta.
Entonces, la muerte, ya sin prisa, lo invitó a sentarse bajo uno de ellos.
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José Raúl Jaramillo Restrepo, leyó "Venganza"
Después de una costosa cirugía, le cambiaron la cara al poderoso señor de
la mafia.
Al mirarse en el espejo con marco de oro macizo-, comprobó, horrorizado, que su rostro
había quedado exactamente igual ¡hasta el mínimo detalle!- al de su más
odiado enemigo.
Aprovechó la oportunidad que la vida tan generosamente le brindaba, y le pegó un
tiro en la sien.
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Fabio Osorio leyó su "Puente II"
Sin rodeos llegó hasta el puente y gritó: “Voy a saltar”. Subió al
pasamanos del puente, que determina el límite del mismo con el vacío: Límite
entre la vida y el olvido. Abajo, el abismo espera con su boca abierta el golpe final del suicida;
la altura exacta desde la baranda a las rocas del río, es de 89 metros y 60 centímetros.
Gritó de nuevo: “Voy a saltar”. Las autoridades empiezan a llegar, grupos
de gente curiosa hacen presencia; el viaducto se atesta de camiones, buses colmados de personas.
Todo tipo de automotores. El tiempo fue suficiente para que muchos ciudadanos acudieran a aquella
cita con el horror; ninguno quería perderse el espectáculo. Del puente se hablaba
bastante, de los suicidios mucho más. Llamaba la atención aquella teoría de
que a los suicidas no les gustaba dar a conocer su fatídica decisión. Llegaban hasta
allí, en medio de la soledad y saltaban a lo hondo. Este hombre, en cambio, era especial,
saltaría a la vista de toda la gente, en pleno medio día, por ello, en parte, había
acaparado la atención de los morbosos. En el fondo, los habitantes de la ciudad tenían
algo de suicidas, de sádicos pero en particular de cómplices: querían asistir
al salto final de aquel individuo.
El hombre llevó la punta de los pies al borde del pasamanos, respiró profundo,
iba a saltar, ¡todo estaba listo! Los espectadores allí presentes abrieron los ojos
con desmesura; a otros les resplandecía el deseo en la cara, gozaban una contenida emoción.
Las autoridades en su ley de hipócritas inevitables, trataban de persuadirlo. Todos estaban
inmóviles, expectantes.
El hombre hizo un ademán, un gesto final, tomó impulso... pero en ese instante
la gran mole de hierro y cemento cedió y el puente se vino abajo.
***
Carlos Alberto Agudelo Arcila por su parte leyó "Engáñate"
Cuando te sueño, vives.
— Pero si estoy viva, aún en tu vigilia.
— No, anoche te maté en mis sueños.
— Seguro que estoy viva: me palpo, te palpo.
— Está bien, engáñate.
Al terminar el diálogo, ella se esfumó entre el aroma que exhalaban las flores
del jarrón, mientras él sonriente, se deshizo en una sombra por la rendija que le
condujo al mundo donde pertenecía.
***
Finalmente Alfonso Osorio Carvajal leyo "El Primer Hombre"
Estaba convencido de que era Adán, de que siempre lo había sido, de que alguna
vez vivió en el paraíso.
La idea lo atormentaba, no lo dejaba dormir, le sacudía el cerebro como si se tratara de
una mezcladora de cemento.
Era consciente de que ya habían pasado miles de años desde que a Dios se le había
ocurrido la idea de crear al primer hombre, mas no dejaba de pensar que tenía algo que ver
con ese suceso.
Su sospecha sobre el particular era fija, persistente y casi patológica. Sin embargo, esto
era un secreto que no se podía confiar a nadie, pues corría el peligro de pasar por
loco.
De todas maneras debía continuar su paso por este mundo, resignado como el que más,
a tener que vivir con una costilla de menos. |