|
|
|
|

Gotas de poesía y ciudadanía para disolver en el café... |
| CALARCÁ CONVULSA |
Por: Hugo Hernán Aparicio Reyes (poetintos@gmail.com)
Temiendo contrariar a personas cercanas al afecto, sin propósito incendiario, más bien de
encuentro en la razón, aquí van algunas opiniones referidas al candente
clima político local.
El creciente malestar respecto al desempeño de la actual administración
municipal, contrapuesto al obvio apoyo del grupo político-religioso que promovió
su elección, se manifiesta mediante recursos inusuales: marchas, concentraciones
en la maltrecha Plaza Bolívar entre arengas exaltadas, protestas por irrespeto a la simbología
del municipio en la decoración del Parque Alto del Río, parodia en la inauguración de un exiguo
pavimento urbano (Calle del Serrucho, al decir de sus promotores), única obra reconstructiva
en 25 meses de gobierno, parálisis voluntaria del comercio, y, la más efectiva en términos
de espectacularidad, el encadenamiento de activistas cívicos al enrejado de la sede de la Alcaldía,
quienes exigen, entre otras cuestiones de fondo expresadas en consignas, que se suspenda el
proyecto de peatonalización a medias de la carrera 25 –antigua Calle Real-, apoyados por ciudadanos
de toda condición, instituciones y organizaciones tan disímiles como las Damas Rosadas, la
Cámara de Comercio y su adscrita asociación gremial. ¡De no creerlo, coterráneos desperdigados
por el mundo! ¿Calarcá de pie, alerta, apersonada de su destino? ¿o peligrosa polarización
en época electoral agudizada por los oídos sordos y ojos ocultos tras lentes oscuros que luce
al alcalde en las vallas publicitarias? Nos consta, en esta ocasión, el origen plural, desprovisto
de intereses mezquinos, del movimiento que lidera las acciones colectivas.
La ruta de llegada
a estos recursos extremos puede verse en estrecha o amplia retrospectiva.
Como sucesión de actitudes, hechos u omisiones recientes de un gobernante,
de su entidad política, o como el veloz desgaste de la opción de “renovación
absoluta” que eligió el electorado local, en apariencia opuesta -porque en
el plano real parece más bien juiciosa alumna -, a manejos dudosos e ineptitudes
de sucesivas administraciones antecesoras. A Calarcá le correspondió ser
el primero y único municipio en Colombia, por ahora, en manos de la empresa multinacional financiera
— religiosa — política, conocida con la sigla Mira (Movimiento Independiente de Renovación
Absoluta) —denominación de por sí ominosa—, por cuenta del fracaso del liderazgo político tradicional.
El apetito de poder ejecutivo municipal de los Moreno Piraquive encontró
en estos lares la cena servida: penuria espiritual y material, desesperanza, fatiga… Los procedimientos
para capitalizar lacras sociales a su favor electoral, sumados al uso de la fe religiosa inducida,
son bien conocidos.
Alrededor del partido que lo avala –antecedentes,
ideología, objetivos, estrategias- y de la pobre capacidad mostrada por nuestro
alcalde y su equipo durante 25 meses de gestión, caben consideraciones de todo orden. Ejemplo:
el origen confesional del discurso, de la organización interna de su grupo, suponen sujeción
a principios moralistas y de autoridad no controvertibles, sustentados en la fe, distantes
de prácticas y conceptos esenciales de la democracia: diversidad, diálogo, debate, disenso,
limitaciones y controles a agentes estatales, entre extensa lista. Es comprensible
así, no excusable, la dificultad del administrador local –conocido pastor de su iglesia- para
interactuar con sus gobernados, a quienes tiende a tratar como grey, como rebaño, no como ciudadanos
sujetos de derechos, ignorando luctuosos antecedentes históricos; también, que le
cueste tanto escuchar o dialogar, optando por ser suplantado en tal función
y en otras, por su esposa, autonombrada gestora social, a quien seguramente le sobran voluntad
de servicio, tanto como escoltas y vehículo oficial, aunque carece de legitimidad como interlocutora.
La soberbia, la arrogancia, la distancia que abren ciertos funcionarios respecto al ciudadano,
son, en el caso de Calarcá, el principal factor de incomodidad. Cualquier conflicto, por grave
que parezca, se tramita y desactiva mediante el empleo de recursos propios de la democracia.
Aquí, en cambio, prela la aplicación vertical e invisible del poder. Desde luego, el ejercicio
de gobierno, en ningún caso deja contentos a todos. El momento de tomar decisiones responsables
llega. Pero la posibilidad de acertar es mayor cuando se recorre, sin atajos, el difícil camino
democrático.
Un buen número de electores de Calarcá -con la innegable presencia de votantes extraños–,
suficiente para alcanzar su elección-, vio en el Mira, en su candidato, una opción atractiva.
El llamado “trabajo social” de ese partido en los barrios, proselitismo mimetizado que data
de varios años, rindió sus frutos. El rótulo de renovación, de cambio positivo, caló. Por desgracia,
igual calló, respecto a los procedimientos que se emplearían para la renovación. Nada se dijo
entonces de importar ex-funcionarios de Caicedonia en derrota, ejecutores de la “Ley Teodolindo”,
seguidores del condenado exparlamentario, despreciando el recurso humano local, prefiriendo
adeptos a aptos; nada sobre delegación de funciones a su señora esposa; nada sobre inútiles
viajes al exterior y convenios inanes; nada referente a “enlaces sociales” para arrinconar
a la Acción Comunal; nada acerca de contratar onerosos empréstitos que hipotecarán a largo
plazo al municipio, nada, gloria a dios, que permitiera prever la recomposición accionaria
de la Empresa Multipropósito y de su objeto social para hacer negocios con intereses nebulosos;
menos aún acerca de venta de bienes del municipio y liquidación de la EMCA, de la imposición
de un PBOT extraído del cubilete, de las transacciones para conformar la mayoría en el Concejo,
del triste destino del Parque del Alto del Río, o de la frustrada apropiación del Hospital
La Misericordia, o de compra de silencios en efectivo. Nada que anunciara el abuso del espacio
público, del Parque Bolívar, para cubrir la carencia de pan por circo permanente; nada que
nos previniera contra la desidia en la defensa del interés estratégico del municipio en las
megaobras del Túnel de la Línea y la doble calzada a Cajamarca. Nada, en fin, sobre la evidente
prioridad del proyecto Mira en la agenda de la administración local, sobre el proyecto Calarcá
para el cual fue elegido.
En cambio, mucho se anunció la llegada de grandes inversiones (trascienden versiones sobre
el famoso español o argentino que vino, vio, engañó y desapareció), la creación de puestos
de trabajo, la redención de zonas urbanas, la certificación del sistema educativo local, el
rescate de la cultura (palabra comodín para justificar gastos). Los resultados, por desgracia
para nuestra atribulada Calarcá, no están a la vista. Pero, ¿son reprobables todas las actuaciones
de la administración López Murillo? ¿puede suponerse mala intención generalizada? No, no lo
creemos así. Con seguridad hay aspectos rescatables en la gestión, bien pregonados por sus
seguidores. No se pretende satanizar la persona del mandatario local ni ahondar en una polarización
inconveniente, potencialmente explosiva que ya se siente en vías públicas y barrios. No obstante,
la iniciativa para crear un clima fraterno dentro de la diversidad de opiniones debe partir
de la institución oficial. Nadie diferente al Alcalde Municipal tiene la responsabilidad constitucional
directa de propiciar un clima de paz y entendimiento en el territorio a su cargo.
Los medios de información regionales podrán callar, tergiversar, menospreciar
la expresión ciudadana cuidándose de poner en riesgo la pauta publicitaria, no sólo de la Alcaldía
de Calarcá, sino del movimiento multinacional que la respalda. Allá ellos y su ética. No obstante,
la realidad es obstinada. Intentar ocultarla es torpe. |
| CALARCÁ PARA LEER |
|
| ENTREVISTA CON EL EDITOR |
Cabeza a dos manos, altas las cejas, Álvaro López
escucha mi pregunta.
— No crea que ha sido fácil. ¡Tratar con escritores, cada uno en su propio
nivel de vanidad, es muy berraco! Pero ya estamos a dos semanas de tener
la edición en nuestro poder. A los impresores les dije que se tomaran
el tiempo necesario para minimizar errores de cualquier tipo. Va a salir hermoso.
El guante
me cae, no por la alusión a los artistas literarios —olímpico gremio
ajeno a mi alcance— sino por la siguiente. Fui incluido en la nómina
inicial de participantes; pero el primer evaluador, el extinto Orlando
Montoya, colgó mi texto por no encontrarlo a tono con el propósito del
proyecto. Porfié en defender la disquisición semántica y las áridas notas monográficas que
conformaban el escrito. Era ese o ningún otro. Por gracia, Álvaro, entre sus lecturas del
año anterior, topó con mi salpicrónica referida a horas de viaje compartidas con William Ospina
y a codazos le encontró cabida entre los cuarenta.
El
entusiasmo del editor lo ilumina. Ya en marcha el proceso de producción
del libro —recuerda—, sufrió un receso de año y medio por inconvenientes
que pusieron a prueba su temple. Laborioso, solidario, gestor—promotor
cultural en su Calarcá del alma, se rodea del aprecio de quienes le conocemos
y disfrutamos su amistad.
— Hablemos
del libro. Son 1.000 ejemplares de 360 páginas cada uno que contendrán
40 textos alusivos, bien por el tema, por el autor, por el vínculo afectivo
o de raigambre, a Calarcá; doce fotografías de Olgalucía Jordán y Álvaro
Jaime Ospina R. —mi mano diestra en este disparate—, datos biográficos
de los autores, impresos en la más prestigiosa litografía de la región.
— La idea no fue mía. La tomé prestada de una Feria del libro en Bogotá,
hará unos tres años. Entre la enorme oferta bibliográfica encontré ediciones
dedicadas al Distrito Capital y a Medellín. Hojeando esos tomos impecables,
llenos de color, de imagen y buenos textos, fue inevitable pensar, ¿porqué no hacer algo semejante
para Calarcá? No imaginé entonces en medio de qué tempestad navegaría. Allí nació CALARCÁ
PARA LEER.
Me da a conocer su texto de introducción, escrito con esmero. Leo una tersa pieza
de nostalgias, de evocación de sus primeras lecturas, de escritores universales
que le señalaron el norte literario. Se revelan allí la sensibilidad
del esteta y el oficio de lector aventajado.
— Perdí la cuenta de las revisiones a los textos.
Sin embargo, estoy seguro que tan pronto circule, saltarán a la vista
quién sabe cuántos errores. Es desesperante. La inversión es alta por
el nivel de exigencia que he puesto. El retorno financiero, como todos
sabemos, es incierto. Asumo el riesgo. Cumplo un compromiso conmigo y con Calarcá que, al
costo que fuere necesario, debe conservar su liderazgo literario regional. Me ofrecieron ayuda
oficial, pero debía aplazar la edición tres o cuatro meses. Preferí continuar por mi cuenta.
Complacido, autoriza la inclusión
en Poetintos, a manera de primicia, de fragmentos textuales de su libro.
Gracias, Álvaro. |
| CALARCÁ PARA LEER - FRAGMENTOS |
En 360 páginas, entre 40 escritos de igual número
de autores que conforman el libro CALARCÁ PARA LEER, nuevo hito en publicaciones
regionales de esta parte de Colombia, próximo a aparecer, serán varios los relatos, descripciones,
conceptos, y versos que cada lector podrá seleccionar para depositarlos en su cofre de memorias.
Para el mío, no obstante haber leído apenas breves párrafos por deferencia del editor, elegí
algunos; este, de honda poesía, contenido en el DIARIO DE VIAJE DEL SEÑOR EDUARDO
NORRIS A EUROPA – 1.929, podría servir de epígrafe o epílogo de la edición. Escribía
don Eduardo: Instalados
en el Hotel Estación, suntuoso edificio de propiedad nacional en
el puerto de Buenaventura, nos hemos dado a la tarea poco agradable de esperar la próxima
salida de un barco que todavía no ha llegado.
La imagen del ilustre viajero procedente de las vegas
del río Santodomingo —la aldea pugnaba ya en desventaja con su vecina
Armenia por la primacía comarcal—, en desapasible duermevela o prenavegando
en mecedora de mimbre, la vista clavada en el horizonte en busca de la
columnilla de humo, estampando zancudos a manotazos bajo un abano cansino,
a la espera del buque de la Grace Line que habría de llevarlo, Océano
Pacífico arriba, Panamá y Mar Atlántico al noreste, hacia la efervescencia
europea de la post y preguerra, perdurará en mi imaginación, aún prescindiendo de sugerencias
alegóricas.
Otras citas atraen por la carga nostálgica, sobre
todo para quienes compartieron con sus autores la Calarcá de pródigo
regazo, prolongada en sucesivas juventudes y ocasos existenciales: La
foto Olimpic inaugura su local en la plaza; Jaime Ramírez —Alcalde— da
la orden de ampliar la carrera 25 y aparecen los picapiedra García rompiendo andenes, calles,
todo cuanto topan...,
refiere Jota Domínguez sobre episodios que de tiempo en tiempo se reeditan. En igual sentido,
estas notas de Óscar Jiménez Leal: El Personero de Calarcá, Everardo
Londoño Patiño, El orejón, apodado así gracias a las pronunciadas aurículas que lo caracterizaban,
ordenó cualquier día a los obreros municipales tumbar el guayacán de la esquina del parque
central, porque alteraba la estética del conjunto urbanístico... y Carlos Alberto Villegas: Ese día, los adoradores de
la modernidad a ultranza, encontraron muchas razones —y una oportunidad singular— para derribar
las casas amplias y acogedoras, levantadas en guadua y bahareque, legadas
por sus ancestros como una materialización de sus anhelos.
El himno patrio no podía faltar y al escuchar sus notas el Cóndor
abría sus alas en un escalofriante rito tan patriótico como conmovedor, narra Óscar Zapata a propósito de
las andanzas del Pájaro Cardona y su mítico Circo El Cóndor. Pero muchos
de aquellos jóvenes han muerto, unos por enfermedad, otros en accidentes o asesinados y los
demás tuvieron que viajar a otras ciudades o países a buscar mejor futuro. Eran mis amigos. Escribe Beatriz Eugenia
Gallego, resumiendo el destino de una de aquellas generaciones perdidas, en su Calarcá de
Recuerdos. Eso de estudiar en La Girardot, donde don Josafat Jaramillo,
era un orgullo; de ahí la alta demanda de los cupos..., relata Carlos Enrique Rincón. He
pasado parte de esos cincuenta y dos años en los bares de una Calarcá bebedora, bohemia y
cogitabunda; filosofé en mi adolescencia en su parque de Bolívar. Jugué azarosas lides en
sus garitos en medio de rebuscadores y pelafustanes, y visité de joven los escasos y burdos
burdeles que había a la entrada del pueblo... Confiesa
el poeta Elías Mejía. Jaime Lopera Gutiérrez revive su fugaz carrera
deportiva: Viví ese momento de primera salida, en forma, cuando por fin pude ir a la manga
de “La Sapera” a jugar un partido de fútbol con mis compañeros del Colegio Robledo, donde
aprendí la fatalidad de ser el portero de unos balonazos insoportables en la panza.
Abundan
las reflexiones sociales o existenciales: Puedo decir que hoy, cuando
buscamos afanosamente salidas que nos ayuden a dirimir la crisis manifiesta
en la sociedad contemporánea, la vida provinciana es una reserva ética que nos da claves esenciales
en la búsqueda de un mundo mejor. María Elena López Jordán.
...seguramente, apenas será un puñado de lúcidos jóvenes calarqueños
los que logran percibir que la suerte colectiva se extravió y que a pesar del declive vertiginoso,
la caída no parece tener fondo.
José Yesid Sabogal
...el poblado iba adquiriendo ese carácter independiente, rebelde,
poético y fiestero, herencia del gran Cacique Calarcá y resultado de la mezcla de antioqueños
con las corrientes migratorias del Valle del Cauca, Tolima y Cundinamarca.
Álvaro Hincapié.
No podría estar ausente el lenguaje poético, introspectivo,
en textos alusivos a Calarcá: Tendría que haberme ido cualquier día,
desde el instante en que nací, porque no hay día que no le pertenezca
a la muerte como no hay día que no le pertenezca a la vida. Pero pasan
los años y aquí estoy, mientras millares a mi lado se van antes que yo.
Umberto Senegal
Debo
llenar estas páginas con recuerdos, escribirlas con el lápiz azul de
la nostalgia; debo hablar de Calarcá y de las vivencias que parecen fugarse
por los costados del tiempo. Esperanza Jaramillo
Abro mis ojos. Me ubico en sitio especial
desde donde oteo esta región. Encuentro que Quindío, Edén y Paraíso,
son lo mismo y están al alcance de mi mano. Juan de Jesús Herrera
...o reflexiones
de valor ensayístico: En el Quindío, desde su existencia como parte
de una región más vasta (el Gran Caldas) hasta su constitución como entidad
político—administrativa, la historia ha sido escrita desde una perspectiva
que trata de conservar la mistificación de hechos, personajes, circunstancias
históricas y el tono épico. Carlos Alberto Castrillón
Vivimos encerrados
en nuestro cadáver. Todo el Universo es contemplado por Heidegger sub
especie mortis. No es su nihilismo, ni siquiera el de los nihilistas
rusos, como una destructora rebeldía sino el reconocimiento de la nada
universal. Cabría ante este panorama de una desolación sin esperanza,
propugnar una inacción que a la manera oriental proclamara la impotencia de todo esfuerzo. Noel Estrada Roldán
Uno
de los mejores bocados del plato literario para el final: la patética
carta que envía "su admirador secreto" a la casquivana Gloria Auxilio,
dando por terminada una relación sentimental en la cual ella jamás participó,
de José Nodier Solórzano: Ya no puedo más. Durante los últimos meses,
cuando juego fútbol en la calle con los Bonilla y los Peña, la veo pasar
a usted y mil dudas me dañan el partido. Ellos dicen, sobre todo los
Peña, que usted trabaja con doña Eloísa, muy cerca de la casa de Don
Sofonías, en donde muchos hombres entran a tomar aguardiente amarillo,
a fumar Pielroja y a besarlas a ustedes, que son mujeres de vida fácil.
Yo no lo creía, hasta hoy que lo vi con mis propios ojos...
La limitación de
espacio nos impide citar todos los textos y sus autores. Ya llega CALARCÁ
PARA LEER. |
| POETINTOS ANTERIORES |
Tres días de vida
Sismoconfidencias de María
120 kilómetros con William Ospina
¿Luz al final del Túnel?
Volcán Machín, Túnel de La Línea y Veeduría
Volumen 2, Nº 58 1-oct-08
De visita en el Ecoparque Peñas Blancas
Volumen 2, Nº 57 1-sep-08
Entre "El Solar" y "Crearte"
Volumen 2, Nº 56 1-ago-08
Volumen 2, Nº 55 1-jul-08
Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales
Volumen 2, Nº 54 1-jun-08
Olgalucía Jordán, fotógrafa de alma entera.
Volumen 2, Nº 53 1-may-08
Volumen 2, Nº 52 1-abr-08
Adiós a un grandote
Volumen 1, Nº 51 15-may-07
Volumen 1, Nº 50 1-may-07
Volumen 1, Nº 49 15-abr-07
Protagonista: La Arepa
Volumen 1, Nº 48 1-abr-07
Volumen 1, Nº 47 15-mar-07
Volumen 1, Nº 46 1-mar-07
Volumen 1, Nº 45 15-feb-07
Volumen 1, Nº 44 1-feb-07
Volumen 1, Nº 43 15-ene-07
Volumen 1, Nº 42 1-ene-07
Volumen 1, Nº 41 15-dic-06
Dachiagore Drúa
Volumen 1, Nº 40 1-dic-06
Volumen 1, Nº 39 15-nov-06
Volumen 1, Nº 38 1-nov-06
Volumen 1, Nº 37 15-oct-06
Volumen 1, Nº 36 1-oct-06 |
Volumen 1, Nº 35 15-sep-06
Volumen 1, Nº 34 1-sep-06
Volumen 1, Nº 33 15-ago-06
Volumen 1, Nº 32 1-ago-06
Volumen 1, Nº 31 15-jul-06
Volumen 1, Nº 30 1-jul-06
Volumen 1, Nº 29 15-jun-06
Volumen 1, Nº 28 1-jun-06
Volumen 1, Nº 27 15-may-06
Volumen 1, Nº 26 1-may-06
Volumen 1, Nº 25 15-abr-06
Volumen 1, Nº 24 1-abr-06
Volumen 1, Nº 23 15-mar-06
Volumen 1, Nº 22 1-mar-06
Volumen 1, Nº 21 15-feb-06
Volumen 1, Nº 20 1-feb-06
Volumen 1, Nº 19 15-ene-06
Volumen 1, Nº 18 1-ene-06
Volumen 1, Nº 17 15-dic-05
Volumen 1, Nº 16 1-dic-05
Volumen 1, Nº 15 15-nov-05
Volumen 1, Nº 14 1-nov-05
Volumen 1, Nº 13 15-oct-05
Volumen 1, Nº 12 15-sep-05
Volumen 1, Nº 11 1-sep-05
Volumen 1, Nº 10 15-ago-05
Volumen 1, Nº 9 1-ago-05
Volumen 1, Nº 8 15-jul-05
Volumen 1, Nº 7 1-jul-05
Volumen 1, Nº 6 15-jun-05
Volumen 1, Nº 5 1-jun-05
Volumen 1, Nº 4 15-may-05
Volumen 1, Nº 3 1-may-05
Volumen 1, Nº 2 15-abr-05
Volumen 1, Nº 1 1-abr-05 |
| |
|


|
|
|