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Circula quincenalmente a través de cafeterías, restaurantes y establecimientos similares de
Calarcá. |
| EDITORIAL: EL APLAZADO ¡BASTA YA! |
CONDENA A LA BARBARIE, CONDICIONADA
El decidido ¡basta ya! que los colombianos deberíamos oponer a las violencias fratricidas,
seguirá haciéndose esperar. Para los habitantes de las grandes ciudades, el conflicto
es remoto, aunque una que otra bomba, de vez en cuando, se lo recuerde. Desde el otro país,
el de las regiones disputadas por intereses narcoestratégicos, actos de extrema barbarie,
al descubierto tras las confesiones de los oficiantes del horror, producen una condena social cada
vez más débil, cercana a la indiferencia; no trasciende la curiosidad morbosa que
despiertan las noticias en la pantalla. Condicionada además tal condena a visiones políticas
particulares, al sesgo que cada cual da a los hechos según el bando donde se ubique.
Los afectos al gobierno nacional actual, partidarios del orden fundado en el
autoritarismo de estado, execran los procedimientos de la subversión y tienden a ignorar
los crímenes de los "paras". No pocos, incluso, justifican atrocidades, hace
tiempo sabidas pero recién difundidas en voces e imágenes, con el argumento de que
se trató de una defensa de la sociedad, legitimada con el uso de procedimientos similares
a los de su enemigo, iniciador del festín de la muerte hace medio siglo. Nada menos que
la justicia privada y la primitiva ley del "ojo por ojo...". Fosas comunes con evidencias
de crueldad demencial, relatos descarnados de jefes paramilitares y narcocamuflados, testimonios
de víctimas sobrevivientes, entre otros elementos de prueba, pasan por el tamiz permisivo
de ciertas conciencias "patrióticas".
En la orilla opuesta, sectores recalcitrantes de extrema izquierda, acuden aún a manuales
revolucionarios apolillados, que conceden licencia a las armas y al terror como recursos legítimos
de acceso al poder político, echando mano de aquella ominosa consigna leninista:
"combinación de todas las formas de lucha". Pese a declaraciones del ala moderada del Polo
Democrático Alternativo que descalifican la vía armada, la opinión no ignora que al
interior del partido opositor conviven tendencias aún simpatizantes con ella y que tal
contradicción no está resuelta del todo.
EL SECUESTRO
Refirámonos a uno, de lejos el peor de los crímenes que comete la subversión
(modernos Robin Hoods, de acuerdo a la visión de "analistas" de nuestra realidad,
desde la molicie europea), recordado por estos días en toda su crudeza, de labios del intendente
de policía fugado: es sencillamente imposible explicar, menos justificar el secuestro y
el trato aberrante, inhumano, al que son sometidas las víctimas de tal delito, desde cualquier
filosofía o credo ideológico. Retener y violentar seres humanos en estado de total
indefensión, rebajarlos a la condición de mercancía económica o política,
es inaceptable en lo absoluto; viola además todas las legislaciones y declaraciones universales
de derechos humanos que dicen defender ciertos falsos promotores. ¡Y pensar que no faltan
quienes culpan al gobierno de la suerte de los rehenes por no rendirse a las exigencias de los
captores...!
GUERRA DEGRADADA
Si a la actividad de los grupos armados ilegales, financiada y cruzada por el narcotráfico,
sumamos la de grupos de delincuencia común urbana o rural, tan sanguinarios como los otros,
tenemos un escenario que iguala en desprecio por la vida y dignidad humanas, a otros que parecen
conmover la conciencia del mundo. Ruanda, Irak, Afganistán, El Líbano, captan más
audiencia; venden más que la pequeña y degradada guerra del país de la coca
y de García Márquez.
En tal sentido, la actitud interna parece influir sobre la opinión internacional. Al igual
que acá, los pocos medios, gobiernos externos y organismos independientes, interesados en
nuestra tragedia, esgrimen la retórica de los Derechos Humanos, según parece solo
obligante para el estado, mientras toman partido a favor o en contra, bien de la política
de seguridad del gobierno, bien de los actores armados del intrincado conflicto colombiano, según
intereses particulares o tendencias ideológicas de los partidos en el poder de cada nación.
Tema de más amplio comentario es la actitud del gobierno y los partidos políticos
de los Estados Unidos, ahora navegando en una ambivalencia paradójica frente a Colombia,
histórico socio y aliado. En nuestro caso, como en otros de mayor resonancia, la doble o
triple moral que aplica el Tío Sam es desconcertante.
¿NUEVO PAÍS?
Uno de los asuntos de fondo, en el cual tendríamos que estar de acuerdo los colombianos,
incluyendo los actores armados ilegales, es que sobre la base de asesinatos, secuestros, torturas
y demás delitos de lesa humanidad, es del todo imposible construir un nuevo orden social
en el país. Además, que quienes siembran el terror y violan en forma sistemática
los derechos inalienables del ser humano, no pueden aspirar a constituirse en opción válida
de poder político.
Muy oportuno sería en las actuales circunstancias, próximas las elecciones locales
y regionales, una iniciativa contundente, explícita, rotunda, del Polo Democrático
Alternativo, de condena al secuestro y a cualquier otra forma de violencia armada, sin considerar
su pretexto político. Si continuamos reteniendo en la garganta colectiva el grito definitivo
de ¡basta ya!, si permitimos que el desprecio por el ser humano
continúe su trágica vigencia, Colombia y sus habitantes seguiremos sometidos a la
vergüenza ante el mundo y al rezago de la historia. |
| DISCURSO DE JOSÉ NODIER SOLÓRZANO
CASTAÑO |
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Con ocasión del acto en el cual se reconocieron los consejos de áreas culturales del
departamento, El escritor calarqueño José Nodier Solórzano Castaño, presidente
del Consejo Nacional del Área de Literatura, pronunció el discurso que reproducimos a
continuación de sus datos personales. |
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Nacido en Calarcá, Quindío, el 11 de abril de 1963, licenciado en lingüística
y literatura, especializado en pedagogía en la Universidad del Quindío. Finalista
de diversos concursos literarios, entre otros: Concurso Nacional de Cuento Clarisa Zuluaga de Jaramillo,
Concurso Departamental de Cuento Innovador, en el Quindío, Concurso Distrital de Cuento,
en Bogotá. Exaltado por las entidades territoriales de Bogotá, Calarcá y Armenia,
como escritor y gestor cultural.
Ha publicado sus cuentos y ensayos en los principales periódicos y revistas del país.
Fue director del Taller Literario Carmelina Soto y de la Revista Termita. En la actualidad dirige
la Revista Tricolor, de turismo y cultura, que circula en Colombia y en Estados Unidos, y el programa
radial Huella Digital, emitido por la U.F.M. Stereo, emisora cultural de la Universidad del Quindío.
Fue ganador del primer Concurso Nacional de Cuento Juvenil, Círculo de Lectores, 1983, y
del Concurso Nacional de Cuento Ciudad de Barrancabermeja, 2003.
Actualmente se desempeña como coordinador académico del Instituto de Bellas Artes
de la Facultad de Ciencias Humanas y Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Fue elegido
por los escritores y gestores de Chocó, Antioquia, Caldas, Valle del Cauca y Quindío,
como presidente del Consejo Regional de Literatura de Occidente. Igualmente fue elegido, en el
Teatro Colón de Bogotá, por los representantes de las regiones como presidente del
Consejo Nacional del Área de Literatura, con participación en el Consejo Nacional
de Cultura, para el periodo 2007-2009. |
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Al presentar a todos ustedes mi saludo cordial, en especial a la señora Gobernadora Amparo
Arbeláez Escalante y a su grupo de trabajo de la Dirección de Cultura, Diana María,
José Fernando, Jacqueline, Jesús Ernesto, y los demás funcionarios que prestan
sus servicios en esa dependencia, quiero hacer una breve reflexión sobre el papel que cumpliremos
en el departamento, en la región y cómo abordaremos nuestra función en la
Presidencia Nacional de Literatura y en el Consejo Nacional de Cultura.
Dice Umberto Eco que los intelectuales tenemos la obligación de provocar, con nuestros pensamientos
y obras, crisis sociales. Que nuestra tarea, más allá de crear belleza, en el caso
de los artistas, se sustenta en la capacidad de decir las cosas por su nombre, en especial los
escritores, y de romper el marasmo y la pasividad de ciertas épocas de la vida ciudadana.
Y dice Rosamira Castrillón, la prestigiosa crítica de arte, en su ensayo
"Cartografía de la cultura quindiana y genealogía de su impotencia", que nada hay
más peligroso para un sociedad sumida en la estulticia que un escritor que sufra de insomnio
crónico.
Como sea, asumimos que nuestra representación como consejeros apunta a tres componentes
primordiales: crear conciencia sobre la pertinencia del arte en nuestro medio, promover ciclos
de formación no formales y superiores, y proponer fuentes fijas y sostenibles de financiación
de la cultura.
Necesitamos que la sociedad comprenda que la cultura y el arte son esencia de la nacionalidad, y que
no tiene el restringido significado de ser el cuadrito que adorna la pared, la funcioncita que entretiene
o la musiquita que ambienta las cenas y salas de espera de los consultorios de odontología.
Necesitamos que se entienda que el presupuesto destinado a la cultura es inversión para
la convivencia, para auspiciar la pluralidad conceptual y, además, para crear referentes
estéticos para la comunidad. Esa es nuestra primera tarea, la que emprendemos con base en
un esfuerzo conjunto para que el Quindío pase de una noción de cultura y arte de
espectáculo a un concepto de cultura que investiga, que profesionaliza y que crea reflexión
y belleza.
Para ello, requerimos que la Universidad del Quindío, y muy particularmente nuestro Instituto
de Bellas Artes, pueda, con el apoyo de todos los estamentos culturales, iniciar sus programas
de profesionalización. Es decir que eduquemos para la creación artística.
En ese contexto de configuración de conciencia y de formación superior, es muy importante
que los artistas del Quindío, y de manera particular los escritores, se vuelvan visibles
para la comunidad: que sus palabras sean escuchadas, que sus obras tengan circulación por
las bibliotecas y aulas del Quindío, y que sus méritos sean recompensados por el
Estado.
Cuando hablo de recompensados, me refiero a que su producción sea respetada, y no sólo
valorada con medallitas o diplomitas que son importantes, pero que no resuelven las afugias cotidianas
del creador.
En nuestro caso, en el área de literatura, iniciaremos la gestión y asesoría
con varias propuestas de dimensión nacional: la creación de la Ley Nacional de la
Literatura Gabriel García Márquez, la fundación de la Escuela de Estudios
Literarios, la ampliación de cobertura de la red Nacional de Talleres Literarios, y la creación
de clubes de lectura para madres gestantes. Este último proyecto, lo iniciaremos en el mes
de junio en Calarcá, con base en una cofinanciación que logró la alcaldesa
Luz Marllie Alonso Gaviria, en el Ministerio de Cultura.
Todos estos temas, los abordaremos en el Consejo Regional de Literatura que haremos, con los escritores
del occidente del país, en junio, en el contexto de las Fiestas Nacionales del Café.
La Ley Nacional de la Literatura, que también discutiremos en Armenia en la sesión
del Consejo Nacional de Literatura, nos permitirá convertir el oficio del escritor en una
profesión, salvaguardar su seguridad social y, sobre todo, pasar de ser los mendigos de
la cultura a configurarnos en colombianos respetables que trabajamos con el lenguaje y la imaginación.
Pase lo que pase necesitamos revertir los presupuestos de guerra en inversiones
para los niños y para su educación.
Decirle y repetirle a los sacerdotes del poder, en particular al señor Presidente de la
República que él está equivocado: que no minemos más el territorio
de dolor porque ese dolor ya está sepultado en fosas comunes.
Decirle y repetirle que el Quindío no es, en estricto sentido, un pedacito de cielo: que
aquí se presentan todos los días, como en los infiernos mayores, los terribles dramas
humanos de la pobreza y el desempleo, y que esa subcultura del narcotráfico, que tanto dolor
causó en su Antioquia del alma, aquí vuelve a florecer con la presencia económica
y física de los narcoparamilitares en los bienes y corredores turísticos.
Y que esa subcultura del narcotráfico, con la que todos fuimos complacientes en los años
ochentas, hoy conjuga su verbo traquetiar en los colegios y en las calles del departamento.
Quiero terminar con una frase dicha y repetida por mi amiga Rosamira Castrillón, connotada
ensayista sobre literatura e identidad quindianas:
"Que es mayor ciego aquel que, movido por sus miedos y conveniencias, cubre su rostro con
los festones de la autocomplacencia"
Muchas gracias señora gobernadora, porque gracias a su gestión, y a la de su equipo
de cultura, se respetan y se auspician estos espacios democráticos para los quindianos. |
| GOLPE DE SUERTE (CUENTO) Por: Hugo H. Aparicio |
Acezando, emparamado, se detuvo al borde de la acera.
Con la mano libre escurrió ojos y frente. Luz roja del semáforo en el sentido de
la avenida. Midió la longitud del paso para salvar el charco; lo que tardarían en
pasar por su sitio, vehículos y conductores impacientes. Decidió saltar un instante
después del cambio a luz amarilla. Cálculo errado. Olvidó edad, peso corporal,
la carga que llevaba. Noche y lluvia terca que comenzó a media tarde. Cayó de mala
forma. El estrépito de la caja de madera al hacerse añicos, frenazos; dos golpes
simultáneos: del primer automóvil contra el cuerpo y del segundo que reaccionó a
destiempo. Todo en cinco segundos. Unos más para que conductores involucrados, casuales
testigos como yo, curiosos que no faltan, rodeáramos al hombre grueso que gritaba con voz
de sordina desde el pavimento. ¡No me toquen!...¡una ambulancia!... ¡la caja!...
¿Sentido práctico, solidario?, me encargué de la última alusión mientras
los demás atendían al caído. La pequeña carga de confites y cigarrillos
había rodado, desperdigada. Tranquilo, no se preocupe, yo los recojo, dije en voz alta,
mientras hacía lo propio, rápido, con la ayuda de otro voluntario. De alguna parte
llegó un talego de fibra donde cupo todo; mojado, pero a salvo, entre los pedazos de la
caja. Más curiosos y oportunistas, a pesar de la llovizna pertinaz.
- No, qué va, se tiró de una; antes no le pasó por encima... Yo me pillé
todo... si necesita testigos...
No se preocupe, aquí están sus cosas. Todavía aturdido, me ubicó entre el
cerco humano, desde el piso, y asintió. Tardaba la ambulancia. Más sereno, aceptó un
taxi para el traslado al hospital. ¡Alguien que lo acompañe con el seguro del carro!,
pidió el único agente de policía, recién hecho cargo del caso. Se esforzaba al
mismo tiempo en controlar el desorden y reportaba la novedad por el radio. Custodio de sus dulces, pertenencia
que el accidentado insistía en reclamar, no creí tener alternativa. Con dificultad,
precaución al levantarlo, instrucciones y quejas apagadas de la víctima, seis, ocho brazos le
encontraron acomodo en el vehículo. El producto de mi rescate, en el baúl; la carrera prepagada
en exceso; conmigo de copiloto, el taxi arrancó sonando el pito, insistente, a manera de sirena.
Doblado sobre el cojín, sostenía el cuerpo del hombre con las dos manos e intentaba evitar el
desmayo forzando una conversación. Destilábamos ambos; él, algo de sangre, desde el
pantalón y la cabeza. ¿Cómo se siente? ¿está mareado? Aquí traigo
sus dulces. Respondía a medias, pálido, abriendo, cerrando los ojos. Porfiando en permanecer
lúcido. Le recordé que necesitaríamos su cédula. Con un gesto labial
señaló el costado, el bolsillo de la guayabera, raída y sucia. Saqué de él
una billetera transpirada. Tarjetas, papeles, un par de fotos en las que no me detuve; el documento que
buscaba. Lo extraje y devolví lo demás al bolsillo. ¿Quiere que avise a alguien?
Negó con la cabeza. Diestro, el taxista sorteó el tráfico. En siete u ocho minutos, un
auxiliar, el conductor y yo, entre agudos ayes, acomodábamos al accidentado en la camilla. Ignorando el
reparo del vigilante, ingresé con el costal de los dulces. Lo dejé en un rincón del
salón mientras cumplía los trámites de registro del paciente, ya internado. La mujer del
computador tomó las dos tarjetas laminadas, tecleó con desgano y preguntó sin mirarme;
¿dirección? Yo estaba cerca de él en el momento del accidente pero no lo conozco. Ya,
siéntese... ¿va a esperar? No le interesó mi respuesta.
¿Qué o a quién espero?, tardé en preguntármelo. La ropa mojada calaba
cuerpo, ánimo. Tasé fortuna y fatalidad. ¿Por qué la imprudencia?,
¿huía de la lluvia, de alguien? Descarté el alcohol. Lo habría percibido en el
traslado. ¿A esta hora, quiénes, en dónde lo aguardan?. Pudo haber sido peor si el carro
hubiera arrancado más veloz... si los reflejos del conductor... ¿Qué lesiones
tendrá; pasajeras, permanentes? Los restos de su cajón de vendedor callejero reclamaban
aún mi presencia en el caso. Decidí indagar sobre el herido y recordé que
desconocía su nombre. La mujer de la recepción no estaba en su puesto; nadie dio razón de
los documentos. Abordé a un muchacho con aspecto de practicante: presumido, presuroso y preguntón.
No, no tengo ninguna relación de parentesco o amistad con el señor. Me ofrecí a
acompañarlo en el transporte y guardo algo de su propiedad. Desconfió. Vamos a tomar rayos
equis; pero lo peor en estos casos lo hemos descartado. Está consciente, estable, no hay lesión
de columna, ni trauma cerebral severo. Fracturas; posiblemente lesiones internas que estamos valorando. Placas
y varios exámenes que demorarán un rato. Por ahora, no puede hablar con él. Yo le aviso.
Tiritaba. Frío e impaciencia. Transcurrió más de media hora sin que apareciera el
conductor responsable, ni autoridad alguna. Ansiaba librarme ya de cualquier compromiso y diluirme en
mi propia noche. Si quiere hablar con el señor, siga pero no se demore; mientras llega el especialista.
Los jirones de guayabera y pantalón ensangrentados en la cesta de deshechos; suero en goteo veloz;
vip vips y pantallitas electrónicas. Cuénteme, patrón, ¿usted vio lo que
pasó? Yo me acuerdo a medias. La misma voz ensordinada a escaso volumen, fatigosa; no afín
con su contextura. Le hice el relato abreviado. Su caja está entre una bolsa, aquí en la
sala de espera. Gracias, qué pena, señor. No se preocupe. Tómelo con paciencia;
parece que no es grave. Silencio. ¡Qué suerte la de esa perra! Pausa. Ya la tenía
en la mira y ahora, quién sabe... dos años buscándola. Una maldita perra, patrón.
La tengo localizada y esta noche era el cobro. Pausa. Se llevó todo lo mío. Tres años
raspando coca, a sol y agua, en plena selva... en el Putumayo. Ahorrando. Pausa. No me tomaba un aguardiente,
una cerveza; nunca iba con mujeres. Ahorre y ahorre dizque pa sacala de la vida y largarnos lejos. Me
dejó tirado esa basura, por un policía; ahora vine a saber. ¡Pa mi dios, sin un peso!
Llevo dos años midiendo calles, comiendo mierda de pueblo en pueblo. Pausa. Creyó que podía
echarse a perder... que nunca daría con ella. Lo que son los celulares, patrón... Preciso,
esta noche... Pero no se salva. Que le caigo, le caigo, aunque se esconda en la tumba. Pausa larga. ¡Y
que le cobro, le cobro hasta el último centavo y con intereses! ¡el polocho tampoco se escapa!
Pausa. El practicante. Señor, salga por favor. Lo suyo se lo dejo encargado con el vigilante,
le dije. Suerte.
Respiré hondo. El hedor a odio y a hospital me asfixiaba. Mi urgencia consistía en salir
de allí, llegar a casa, tomar una ducha y un café hirviendo.
¿Usted es el que trajo al herido? Si señor. Espere nos contesta unas pregunticas. Uno de
los uniformados entró. El otro permaneció conmigo en la sala, frotándose las manos
y quejándose de la lluvia. Lo va a coger la gripa con esa ropa empapada... ¿Es amigo de él?
Otra vez el relato resumido. Ah, ya. Miró con indiferencia el bulto que yo le señalaba,
en el rincón. Se acercó el compañero. No pudo dialogar con el herido. Lo estaban
enyesando. Esta vez el resumen lo hizo mi interlocutor. No oculté disgusto y cansancio. Por si
acaso, déjeme sus datos. A desgano se acercó al rincón y trajo el producto de mi
rescate. Son dulces y cigarrillos. Dije. Abrió el talego... mmmm... Sacó los pedazos del
cajón; miró, palpó, sopesó. Golpes con la uña del índice. Sonido
sólido... sonido hueco. Señas de inteligencia entre ellos. Deslizó un pequeño
listón camuflado y aparecieron las papeletas, con un polvo amarillento que, todavía,
después de varios meses, me tienen enredado. |
| POESÍA DEL ORIENTE MEDIO (*) |
MOHAMMAD AL-MAGHUT
Poeta, dramaturgo y periodista. Nació en 1934 en Al-Salamiyaa, Siria. Ha publicado tres
colecciones de poemas: Sadness in Moonlight, (1959)), A room with Millions of walls (1964) y Joy
is not my Profession (1970) y fue el primer poeta árabe moderno que llamó la atención
sobre el complejo colorido de la vida sencilla. Escrita durante se exilio en Beirut, su poesía
es uno de los trabajos pioneros en el verso libre árabe, sin métrica. Al-Maghut
presentó una nueva visión de la existencia, desconocida para las nuevas generaciones
de poetas y es todavía una fuerza influyente en la moderna poesía árabe.
Ha publicado también dos obras de teatro, una novela y dos colecciones de artículos
satíricos.
SALAH HASSAN
Es un poeta iraquí, de la generación de los ochenta. Nació en Babilonia en
1.960, licenciado en Bellas Artes y abandonó su país en el año 1992. En la
actualidad, reside en Holanda. Ha recibido el premio de la posía iraquí 1992 y el
premio Dunya de la poesía holandesa 1996. Es autor de varias obras importantes de teatro
y de poesía como, por ejemplo: Saliendo con averiada brújula, Inquietud babilónica.
* Biografías y poemas reproducidos de
Revista PROMETEO Nº 70 / 2005 |
EL HUÉRFANO
Ah,
es el sueño, el sueño,
mi carroza dorada y fuerte
se destruyó,
y sus ruedas quedaron
desperdigadas, como los gitanos,
por doquier.
Soñé una noche con la primavera
y, cuando desperté,
las flores cubrían mi almohada.
Soñé una vez con el mar
y, por la mañana,
estaba mi cama llena de conchas y
aletas de peces.
Pero cuando soñé con la libertad
La soga
rodeaba mi cuello como un halo de
luz.
Ya no me encontraréis a partir de
ahora
en los puertos o entre los trenes;
me encontraréis allí...
en las bibliotecas públicas,
durmiendo sobre los mapas de
Europa,
como un huérfano sobre la acera,
tocando con mi boca ríos y ríos,
fluyendo con mis lágrimas de un
continente a otro.
BAGDAD
Bagdad
¿Eres una patria o un campo de tiro?
¿Eres un paisaje que hay que destruir
o una escalera de víctimas
que no se sacia de su muerte?
Bagdad
¿Eres una cesta que se hunde
y no se llena sino de vida?
¿Acaso es ésta tu fiesta
o tu muerte?
¿Estos caramelos de fuego
son para tus niños muertos
o para la última fiesta de tu degollación?
Entonces, muérete.
Volvámonos a donde hemos venido
a los desiertos y al infinito
esperando un nuevo profeta. |
OIGA, TURISTA
Mi infancia y mi vejez están
lejanas;
mi patria y mi exilio, también.
Turista, préstame tus prismáticos,
tal vez fugazmente una mano o
un pañuelo
que me hace señas en este universo.
Hazme una foto mientras lloro,
mientras me siento sobre mi
trasero con mis harapos,
frente al umbral del hotel,
y escribe en el reverso de la foto:
éste es un poeta de oriente medio.
Pon tu pañuelo blanco en la acera
y siéntate a mi lado bajo esta tierna
lluvia.
Voy a revelarte un peligroso
secreto.
Despide a tus guías y a tus
acompañantes
y tira al barro o al fuego,
todas las notas e impresiones que
has escrito.
Cualquier viejo campesino
puede relatarte, en una tonada de dos
versos,
toda la historia de oriente medio
mientras se lía un cigarrillo delante
de su tienda.
HUIR DE LA FAMILIA
No era mala idea
Soñé con una casa y la habité
No era mala idea
Soñé con una mujer y me casé con ella
No era mala idea
Dibujé cutro niños y los tuve
Tampoco era mala idea
Cuando dibujé una puerta trasera de la casa
Y por ella me escapé. |
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| POETINTOS ANTERIORES |
Volumen 1, Nº 50 1-may-07
Volumen 1, Nº 49 15-abr-07
Protagonista: La Arepa
Volumen 1, Nº 48 1-abr-07
Volumen 1, Nº 47 15-mar-07
Volumen 1, Nº 46 1-mar-07
Volumen 1, Nº 45 15-feb-07
Volumen 1, Nº 44 1-feb-07
Volumen 1, Nº 43 15-ene-07
Volumen 1, Nº 42 1-ene-07
Volumen 1, Nº 41 15-dic-06
Volumen 1, Nº 40 1-dic-06
Volumen 1, Nº 39 15-nov-06
Volumen 1, Nº 38 1-nov-06
Volumen 1, Nº 37 15-oct-06
Volumen 1, Nº 36 1-oct-06
Volumen 1, Nº 35 15-sep-06
Volumen 1, Nº 34 1-sep-06
Volumen 1, Nº 33 15-ago-06
Volumen 1, Nº 32 1-ago-06
Volumen 1, Nº 31 15-jul-06
Volumen 1, Nº 30 1-jul-06
Volumen 1, Nº 29 15-jun-06
Volumen 1, Nº 28 1-jun-06
Volumen 1, Nº 27 15-may-06
Volumen 1, Nº 26 1-may-06
|
Volumen 1, Nº 25 15-abr-06
Volumen 1, Nº 24 1-abr-06
Volumen 1, Nº 23 15-mar-06
Volumen 1, Nº 22 1-mar-06
Volumen 1, Nº 21 15-feb-06
Volumen 1, Nº 20 1-feb-06
Volumen 1, Nº 19 15-ene-06
Volumen 1, Nº 18 1-ene-06
Volumen 1, Nº 17 15-dic-05
Volumen 1, Nº 16 1-dic-05
Volumen 1, Nº 15 15-nov-05
Volumen 1, Nº 14 1-nov-05
Volumen 1, Nº 13 15-oct-05
Volumen 1, Nº 12 15-sep-05
Volumen 1, Nº 11 1-sep-05
Volumen 1, Nº 10 15-ago-05
Volumen 1, Nº 9 1-ago-05
Volumen 1, Nº 8 15-jul-05
Volumen 1, Nº 7 1-jul-05
Volumen 1, Nº 6 15-jun-05
Volumen 1, Nº 5 1-jun-05
Volumen 1, Nº 4 15-may-05
Volumen 1, Nº 3 1-may-05
Volumen 1, Nº 2 15-abr-05
Volumen 1, Nº 1 1-abr-05 |


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