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Circula quincenalmente a través de cafeterías, restaurantes y establecimientos similares de
Calarcá. |
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EDITORIAL: EL COSTO DE LA EXPRESIÓN — OCIO NACIONAL — EL PARQUE |
El costo de opinar
Muy rápido se aprende a asumir los costos materiales y anímicos del ejercicio de la libertad de
expresión. Pese a nuestra lamentable carencia de tradición crítica y contestataria en cuanto
atañe con los intereses colectivos; pese a la explicable dificultad de los gobernantes para escuchar y
procesar con criterio amplio la opinión distinta a la suya, la misma de sus subordinados e interesados
aduladores; muy a pesar también de que cada día es más estrecho el círculo de quienes
pensamos y obramos con independencia respecto al poder político de turno, creemos que vale la pena persistir
en ser contraparte de la balanza democrática.
Un gobernante que no aprecie ni estimule la oposición razonada a sus decisiones, que se sustraiga como
sujeto natural de crítica seria y leal con el espíritu ciudadano, no puede encarnar la esencia
democrática. Los ciudadanos elegimos gobernantes y administradores populares a seres humanos del común;
no pequeños reyezuelos, mezquinos y soberbios tiranillos refractarios a todo cuestionamiento, dueños
de la verdad revelada, inmunes al error o a la equivocación.
Reinvindicamos nuestro democrático derecho a disentir. A pesar de la malquerencia que podamos suscitar, del
odio gratuito, de la burla, de la traición, del desprecio que recibamos por el calarcariñoso
compromiso ciudadano que nos mueve o por nuestras posiciones ideológicas, por completo ajenas a dogmas
políticos o religiosos, y expresadas siempre dentro de los límites del respeto personal, seguimos
adelante. Tales actitudes, provenientes de sectores en los que campean ignorancia e incultura, nos enaltecen; nos
confirman que transitamos por la senda correcta. “Ladran, Sancho, luego avanzamos”, decía Don
Quijote de la Mancha.
Leales y tolerantes lectores saben que la misión de POETINTOS no puede ser forzar afinidades
ideológicas artificiales con ellos, sino expresar posiciones independientes, consecuentes con la defensa del
interés público, susceptibles desde luego de ser controvertidas, usando si es el caso, las mismas
líneas impresas de nuestra modesta publicación.
Ocio y resaca
De los 17 días comprendidos entre el pasado 17 de junio y el 3 del presente mes, en términos
oficiales sólo hubo 8 de ellos hábiles. Nueve de ocio y parranda entre sábados, domingos y tres
festivos. De veras, un país agobiado por la inactividad productiva y sus perversas secuelas sociales,
¿puede darse tales licencias?
Ningún sistema político-económico, ninguna sociedad comprometida en la búsqueda de
progreso imaginaría un calendario tan concesivo con la molicie. Las justificaciones a la mano hablan de
turismo, de apoyo al negocio de la diversión y a otras actividades alternas. ¡Quién sabe...!
país, región y municipio a media marcha, entregados al circo distractor oficial, mientras los problemas
avanzan veloces...
Regresamos a la penosa normalidad que no alcanzan a ocultar la frivolidad y el ocio. Algunos escépticos
creemos que, efectivamente, las fiestas aniversarias le dejan muchas cosas a Calarcá. Dejan por ejemplo la
imagen nacional de un municipio donde, oculta la dura realidad, todo es abundancia, prosperidad y parranda; de una
comunidad que puede darse el lujo de despilfarrar miles de millones en una plaza para supuesta satisfacción de
los turistas. Nos dejan toneladas de basura, calles convertidas en sanitarios para borrachos, trastornos en la
circulación de personas y vehículos, olores nauseabundos, acciones delincuenciales generalizadas,
más niñas prostituídas, más drogadicción, alcoholismo, deterioro urbano, actos
violentos etc. Seguramente habrán aspectos rescatables en medio del caos; pero se hace difícil
valorarlos e identificarlos entre el desorden y la anarquía. Presumimos la buena voluntad de organizadores,
promotores y realizadores; sin embargo insistimos en que esta celebración anual debe ser repensada en
función del bien público.
El Parque Bolívar
Con sinceridad, deseábamos que la remodelación del Parque alcanzara tan contundente éxito,
que nos acallara a quienes la juzgamos injustificada e inoportuna. Por desgracia para Calarcá, confirmando
el refrán popular que reza, “lo que mal comienza mal acaba”, la muy costosa obra es un enorme
fiasco. Casi 1.500 millones de pesos de los magros recursos públicos, mal invertidos en una loza de
“concreto estampado” (saber que la carencia de esta supuesta “especialidad”, que se reduce
al caprichoso manejo de una llana, sacó de concurso a los ingenieros calarqueños). Enumeramos algunas
observaciones de simple sentido común, en espera de las que será hechas con criterio técnico,
ajeno a nuestro alcance:
Lo positivo: - La reducción del espacio para uso vehicular con la consiguiente ampliación del
área peatonal y el sistema de iluminación artificial, aunque con algunas reservas.
Lo negativo:
- Incalculables perjuicios e incomodidades para comerciantes y usuarios durante un lapso mayor al previsto en el
proyecto y que aún persisten.
- Apariencia ambigua entre parque y plaza, por completo desprovista de elementos identificadores de
tradición y cultura propias.
- Diseño y disposición no funcional de lozas (ni siquiera bancas) estacionarias, con el consiguiente
e intencional desplazamiento de habitantes y usuarios habituales del parque. Se desnaturaliza así su
función de espacio de encuentro ciudadano.
- Inadecuada textura de la superficie de concreto para uso peatonal, estética y de conservación, tal
como quedó demostrado tras las pasadas festividades.
- El agua, elemento básico de la arquitectura de parques, como herencia morisco-hispana, y de nuestro
entorno eco-cultural, fue inexplicablemente eliminada en el nuevo diseño; esto, sumado a la mayor
exposición de la loza a la radiación solar, produce un sensible y desfavorable cambio en el microclima
del parque.
- El injustificado sacrificio de especies arbóreas por todos lamentado.
- Caótico, antiestético y antifuncional manejo de niveles. Los problemas que en el futuro se
ocasionarán con el drenaje de aguas lluvias en la loza, en las vías adyacentes y en las edificaciones
circundantes serán múltiples y costosos.
- Uso de elementos extraños a nuestra cultura como los deleznables y peligrosos bolardos o las improvisadas
pérgolas metálicas de corta vida.
- Desconocimiento de la tradición que encarna el gremio de lustracalzados al negarles un espacio adecuado y
digno para ejercer su profesión.
- Cambios sobre el diseño original que confirman la improvisación del proyecto y su precaria calidad
técnica. Jamás se conocieron un diseño ni un presupuesto de inversión definitivos. |
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NOTAS URBANAS |
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20 aniversario del Museo Quimbaya
Entre tanta celebración aniversaria, sorprende que ni el Banco de la República, su propietario y
administrador, ni las autoridades municipales o departamentales, hayan conmemorado los 20 años de existencia
del Museo Quimbaya. La importancia estética y funcional de este conjunto físico, obra de Rogelio
Salmona, el más importante arquitecto del país, destinado a la preservación de la memoria
histórica pre-colombina y al afianzamiento de la tradición cultural regional, ha sido un tanto
menospreciada por su población objetivo, a pesar de haber merecido un premio nacional de arquitectura y
haber servido como epicentro de innumerables eventos y permanentes tareas culturales. Entre otros servicios, y como
parte del circuito de sub-sedes de la red de bibliotecas nacionales, integradas mediante un avanzado sistema
informático, el Museo ofrece a sus usuarios todo tipo de facilidades para lectura y consulta del
catálogo bibliográfico nacional, mediante un ágil servicio que permite, tanto consultas por
Internet como disponer en forma física, durante un lapso de tiempo conveniente, de cualquier libro,
publicación u otro tipo de materiales audio-visuales, existentes en cualquiera de sus bibliotecas.
Muy constructiva y estimulante habría resultado, la presencia de su reconocido diseñador, para
fortalecer los lazos de Armenia y el Quindío con ese centro cultural que bien merece mejor reconocimiento y
afecto. Aún sin conmemoración formal, nuestra agradecida felicitación al Banco de la
República y a los funcionarios del Museo.
Inauguración
del Parque Trascender
En contraste con la ruidosa inauguración que a la misma hora sucedía en el Parque-plaza
Bolívar, donde se sepultaron 1.500 millones del erario público, directora y pacientes de la
Corporación Clínica Trascender, pusieron al servicio de la
ciudad el espacio que con admirable tesón recuperaron para el disfrute de todos, ubicado en la esquina de la
carrera 26 con la glorieta norte. Con cero inversión oficial pero con el invaluable espíritu ciudadano
de sus realizadores, puesto en cada planta sembrada, en la remoción de escombros y basuras y en el permanente
mantenimiento que vienen prestándole, este parque es el símbolo vivo de amor y fe en el ser humano y en
sus posibilidades colectivas. De nuevo, ¡gracias, Trascender! |
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POETAS UNIVERSALES: JOAN MANUEL SERRAT |
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Parecerá extraño que denominemos a Serrat como poeta. No desconocemos que el mayor mérito de
este cantante catalán ha sido la difusión musicalizada de la obra de su coterráneo, Don
Antonio Machado. Sin embargo, en su comprensión universal, la poesía abarca ese campo maravilloso que
integra música y textos poéticos; con mayor razón cuando se trata de una labor continuada en
el tiempo y en la exquisita calidad de ambos ingredientes. El texto que reproducimos a continuación en algunos
de sus apartes, corresponde al que leyó Serrat con ocasión del recibo del título Honoris Causa
que le otorgó la Universidad Complutense de Madrid en marzo pasado.
...Yo aprendí el oficio de hacer canciones y cantar de otros que antes lo aprendieron de otros, y me hace
feliz pensar que tal vez con mi trabajo he podido ayudar al aprendizaje de los que siguen.
Si he contribuido poética y musicalmente a dignificar la canción, me parece fantástico que
ustedes, contemporáneos míos, me lo hagan saber y me siento muy halagado de que me lo agradezcan.
La gratitud no es una virtud frecuente; más bien lo contrario. La historia está llena de hombres que
mucho han contribuido en este u otro aspecto de la vida y que no han recibido a cambio más que el desprecio y
la ingratitud de sus contemporáneos, aunque coincidirán conmigo en que un hombre que disfruta del
privilegio de dedicarse a una profesión que le hace feliz, que hace lo que le gusta hacer, que le pagan por
hacerlo y que además constantemente percibe que la gente le quiere, más que un mérito tiene una
bendición.
Y este es mi caso.
...También me alegra que conste entre los méritos que se me atribuyen el de haber contribuido a la
difusión de la obra de grandes poetas españoles, pero les confieso que, al musicar poemas de Antonio
Machado, de Miguel Hernández y de otros maestros, no era exactamente esa mi intención.
Lo hice porque sus poemas me conmovieron. Lo hice siguiendo el camino de otros que lo hicieron antes que yo, como
Paco Ibáñez, como Raimón, como Alberto Cortez y algún otro más. Lo hice porque los
versos sonaban a canciones. Canciones bellas e inteligentes que a mí me hubiese gustado escribir.
...Soy bilingüe, como los reptiles.
Aunque me reconozco catalán, soy mestizo; y, por mi origen, escribir y cantar en castellano es
también una manera natural de expresarme a la que no estoy dispuesto a renunciar, de la misma forma como
jamás pensé en dejar de escribir y cantar en catalán.
Si alguna vez alguien me preguntó en cual de las dos lenguas me expresaba mejor, mi respuesta fue que
siempre me expreso más a gusto en la que me prohíben hacerlo.
Tal vez ustedes, al premiarme con este doctorado, han querido contribuir al esclarecimiento de uno de los misterios
de la metafísica patriótica o, en términos de Antonio Machín, a resolver el dilema de:
Cómo se pueden tener dos idiomas a la vez y no estar loco.
Seguro que en esto habrá quien tenga otro punto de vista tan legítimo como el mío. Pero en lo
que supongo que estarán de acuerdo conmigo es en que el hombre, al defender los valores democráticos,
al enfrentarse a la discriminación y la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural,
no hace otra cosa que actuar en defensa propia.
Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único, pues no hay libertad sin justicia,
ni justicia sin libertad.
Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor supremo por el que se miden y se valoran las cosas
y las gentes.
Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida.
Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio.
Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte.
Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas,
más ricas y positivas, y siempre en paz.
Y sobre todo, como un derecho que todo lo condiciona, reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos
sustenta y que nos caracteriza positivamente como especie.
Que esto sea digno de reconocimiento es algo que debería hacernos reflexionar acerca del mundo en que
vivimos y de los valores que lo mueven.
Como decía el profesor Casares, cuando hablamos del canto y de quien lo
practica hablamos de un arte que ha vertebrado la sociedad.
Yo escribo canciones para expresarme, pero también para comunicarme.
Los argumentos de mis canciones están en mí, pero también están alrededor de mí.
Son lo que yo siento, pero también son lo que me cuentan los demás.
Son lo que yo soy, pero también lo que me gustaría ser.
Son mi realidad, pero también mi fantasía.
Las canciones viven en la memoria personal y colectiva de las gentes.
Las canciones viajan y nos transportan a tiempos y lugares donde tal vez fuimos felices.
Todo momento tiene una banda sonora y todos tenemos nuestra canción, esa canción que se hilvana en
la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo.
...Me complace que hayan valorado ustedes esta parcela de la poesía que es la canción popular, que,
además de algunas otras cosas, es una forma de acceder al conocimiento del mundo. Les puedo jurar que en la
composición y en la ejecución de algunas canciones populares hay hallazgos tan definitivos como el
teorema de Pitágoras o las virtudes del ácido acetilsalicílico para combatir la cefalea.
Dice el refrán que "quien canta, su mal espanta". Y es cierto. Cantando compartes lo que amas y te
enfrentas a lo que te incomoda. Conjuras los demonios y conviertes sueños en modestas realidades.
Yo canto por el gusto de cantar. Cantar me da placer. Por eso, para mí, tener el oficio de cantar es un
privilegio.
Aparte, siempre te dan mesa en los restaurantes.
Estoy seguro de que, por encima de todos los considerandos que se enumeran, esta distinción es el fruto de
algo tan simple y preciado como el cariño. Así lo entiendo y lo agradezco.
Si para algo vale la pena vivir es para querer y ser querido. Es lo que mueve mis pasos.
Probablemente, a lo largo de mi vida no haya hecho otra cosa que lo que estoy tratando de hacer ahora mismo: que
me quieran mis amigos. Y tener cada vez más. Que es la única acumulación que merece la pena en
la vida y por la que no se pagan impuestos. |
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POETINTOS ANTERIORES |
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Volumen 1, Nº 28 1-jun-06
Volumen 1, Nº 27 15-may-06
Volumen 1, Nº 26 1-may-06
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