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Le consta a nuestro amigo Manuel Gómez Sabogal que, apenas insinuado -vía
telefónica- el encargo de los organizadores para presentar en este encuentro algunas obras literarias
de autores calarqueños, antes de acordar detalles, ya contaba con mi aceptación efusiva.
Lenguaje coloquial y jerga militar coinciden, en casos como este, en otorgar el honroso calificativo de
"regalado". Qué hacer; bien lo saben Manuel y sus compañeros de comité: como
localista exaltado y promotor de iniciativas ciudadanas, la encomienda que hoy cumplo me depara un deleite
triple-triple: tres escritores, talentos calarqueños, tres obras suyas de reciente aparición y,
lo más importante, tres amigos que merecen mi respeto y aprecio: Umberto Senegal, nombre
emblemático de la literatura quindiana, con su volumen # 10 de minificción, de la
colección Cuadernos Negros, Relatos para un enano; Libaniel Marulanda con su libro de cuentos,
Al son que me canten cuento, que incluye su anterior producción, La luna ladra en
Marcella, más una grabación en la voz de Ana Patricia Collazos, compañera musical y
afectiva, con ocho de los textos editados, y Óscar Zapata Gutiérrez con su amable edición
de bolsillo, Bajo la caparazón de la tortuga.
Referirme de viva voz, frente a ustedes, a sendos afectos cercanos con quienes urdimos a diario hilos de
calarcariño y de afinidades estéticas, a sus momentos creativos, impresos en pulcras ediciones
de manufactura quindiana, no puede ser sino, sobremanera, grato. Presenta el amigo, el colega, no el
crítico; presenta el lector algo avisado, no el académico.
Puesta en claro la pulsión que guía estos párrafos, preciso su objeto y alcance.
Siendo la narrativa la modalidad literaria que nos convoca y dentro de su extenso dominio, la novela breve, no
están fuera de lugar, ni los trabajos que hoy presentamos, ni una referencia al cuento en sentido
amplio, campo constructivo común de los tres autores, y en particular al minicuento, más cercano
a Umberto y a Óscar. Deseo delinear un contexto mínimo para ubicar el trabajo de nuestros
coterráneos, apoyado en el trabajo de Nana Rodríguez Romero, Elementos para una
teoría del minicuento y el cuaderno # 9 de la colección Cuadernos Negros, El boom de la
minificción, textos de Lauro Zabala. Circunstancia adicional de relieve, es el aporte, considerado
por los investigadores como fundacional, de Luis Vidales Jaramillo, cuya memoria preside nuestro encuentro, a
la afirmación de este género que se proyecta con vigor en la oferta literaria
contemporánea.
La urgencia narrativa es consustancial al pensamiento. Es imposible concebir la evolución de
procesos mentales individuales y de convivencia grupal, sustrayendo la relación del homo primitivus con
sus experiencias cotidianas, la necesidad de memorizarlas, compartirlas, recrearlas, filtradas y enriquecidas
a través de la confrontación con el enigma permanente que aún representan el mundo y el
universo. Bien pudo ese individuo expresarse antes de la oralidad o de la escritura, en imágenes
rupestres como la caza del bisonte de Altamira, u otras, halladas en diversos yacimientos
arqueológicos, remotos entre sí. ¿Qué ocurrió primero? ¿Cuál
fue el orden cronológico, la secuencia o concurrencia de, pensamiento, lenguaje oral, escritura,
melodía, y pintura? No existe respuesta concluyente.
Quedan sí legados documentales que demuestran cómo todas las civilizaciones, en cierto grado
de desarrollo, encontraron en el relato, una eficaz modalidad de comunicación, un instrumento para
integrar, para construir y preservar identidad colectiva; y más tarde, un objeto estético
autónomo.
"Ahora me dejo llevar por el torrente de la palabra escrita. ¿No creerás que las
vivencias se vayan cristalizando en las imágenes? ¿O pensarás que después de la
metamorfosis viene la palabra escrita? Sí. Viene el poema, o la prosa... por culpa de la tiranía
de la memoria."
(de Oscar Zapata, fragmento "De mis mensajes a Juliana", Bajo la
caparazón de la tortuga, página 1)
En algún momento, música, poesía y relato fueron unidad sintética de
tradiciones orales fragmentadas, centenarias, milenarias quizás, luego plasmadas en escritos.
Más adelante, sometidas a la destilación del tiempo, las obras míticas se descompusieron
en sus factores y se transformaron en las versiones que a nosotros han llegado. Alude Senegal a esta raigambre
histórica en su minirelato, El escritor:
"Cuando pasaba por allí dejaba alguna notica para animarlos, para que supieran que vino y
no lo reconocieron. El Tao Te King. El Gita. La Biblia. El Corán. El Zendavesta. El Tarot. El Ramayana.
El I Ching o las Mil y una noches. Dios no tenía tiempo para escribir textos largos y era tímido
para hablar de sí mismo. "Alguien encontrará y leerá estas boletitas", pensaba
y seguía de largo hacia la nada."
(Relatos para un enano, Página 32)
Valen los antecedentes monumentales citados por Umberto, para recordar: la forma narrativa se arraiga en la
génesis humana; poesía, en sentido artístico literario y musical, al igual que
fantasía y realismo, están presentes en el relato desde sus orígenes; el relato corto en
sus diferentes formas y propósitos, confluyó en la narración extensa.
No es del caso abordar en extenso la historia evolutiva del relato literario. Un salto sobre el letargo que
significó el casto cinturón de la Edad Media, lapso secular durante el cual el poema y el
teatro fueron preferidos por los escritores. No obstante, la adaptación de cuentos orientales escritos
en latín en el siglo XII por Pedro Alfonso, basados en Calila e Dimna, serie textual de origen
índico, persa y sirio que pasó por la literatura árabe y de ahí a España;
también con raíces orientales, en el siglo XIII, Los castigos e documentos del rey Don
Sancho, quizás la primera obra cuentística neta, aunque con un contenido moralizador; o
joyas como El conde Lucanor y otros cuentos medievales, escritos por el infante Don Juan Manuel hacia
el siglo XVI, son claros precursores, en cuanto a la órbita hispánica, de una posterior
explosión narrativa.
Breve escala en el Decamerón, obra que inicia la novela moderna. Bocaccio, su autor, padre
legítimo de este género, rompió con el verso como técnica de relato ante la
necesidad de un realismo abierto, capaz de acometer nuevas formas de humor, erotismo, o aventura. Con un
esquema semejante a Las mil y una noches, construyó una sucesión de relatos cortos con
intensión renovadora. Resalta en cada paso evolutivo de la narración, la evidente influencia de
las culturas y tradiciones orientales. No existe otro campo en el cual se perciban con mayor claridad los
lazos engañosamente débiles que nos atan con las antípodas geográficas.
Otro salto gigante y arbitrario hasta el inicio del siglo XIX, con Gutemberg y su revolucionaria imprenta
de por medio. La aparición y auge de publicaciones periódicas: diarios, semanarios y
demás parentela, auspiciaron el desarrollo de una nueva forma de narrar. La imposibilidad de incluir en
estos impresos textos de longitud mayor, forzaron a los autores a proponer narraciones breves de alto
contenido emotivo, coincidentes con el propósito comercial de las ediciones. El cuento entonces,
ganó espacios pre-apropiados por la novela entre los siglos XIV y XVI, fruto del racionalismo, la
ilustración y la enciclopedia, por cuenta también de la popularización de la imprenta, en
el mundo de occidente. De la novela, el cuento asimiló estructuras y temas, especialmente su tendencia
al realismo, abreviando tiempos, espacios, personajes, y acentuando intensidad.
A pesar de que el género cuentístico se originó en Europa, donde alcanzó gran
auge, América contó con cultores importantes: Edgar Allan Poe (1809 - 1849), fundador del cuento
corto moderno. Junto con Chejov y Maupassant, considerados los tres maestros del cuento moderno. Nathaniel
Hawthorne (1804 - 1864), autor de relatos breves con conciencia de novedad en los cuales el realismo no
aparece con la intensidad acostumbrada; donde lo sobrenatural, lo fantasmal, hacen presencia.
Stevenson, Kipling, K. Mansfield, Lawrence, Virginia Wolf, autores ingleses ajustados a la técnica
novelesca que marcaron una época. Chesterton (1874 - 1936), creador de cuentos cortos que contienen las
actuales características del minicuento. Andersen, popular autor de cuentos infantiles clásicos,
incursionó también con éxito en el cuento corto.
Una aclaración necesaria: las alusiones nominales en cuanto a obras y autores aquí citados
son referencias subjetivas, desde luego sustentadas en opiniones diversas, no excluyentes. El catálogo
literario orbital es de tal dimensión que cualquier intento de unanimidad en cuanto a la importancia de
uno u otro género, corriente, escuela, autor u obra, es vano.
"Soportaría el paso del tren todas las noches, cerca de mi alcoba, con su traqueteo sobre
el pasillo. Nada diría porque me atraen los trenes desde cuando viajé en el que describe Juan
José Arreola. Neruda me confesó, cierta vez cuando lo visité en Isla Negra, que para
él no había en el mundo nada más triste que un tren inmóvil bajo la
lluvia.
Nada contra ellos pero no soporto al que me despierta por las noches, cuyos pasajeros son algunos de
los escritores que admiro: Kafka, Borges, Cortázar, Senegal... Decenas de ellos en la fila de vagones
mal iluminados. Lo insoportable a tales horas de la noche, es el momento cuando los personajes de sus libros
desplazan de las ventanillas a los escritores y me sonríen como si fuéramos
amigos."
De Umberto Senegal, Narraciones para un enano, Expreso de media noche,
página 24
Si la lista que propone Senegal se nutriera con otros autores de cuento moderno, no incluidos por
él, su minirelato rebasaría las cotas de la minificción y la sucesión de
escritores con sus personajes requeriría del tren bala: Mark Twain, S. Crane, E. Hemingway, William
Faulkner, Isaac Asimov y Raymond Carver, entre los norteamericanos. Fernán Caballero, Leopoldo Alas
(Clarín), Juan Valera, Emilia Pardo, españoles; Borges, quien en compañía de
Silvina Ocampo y Adolfo Bioy publicaron a mediados del siglo anterior una famosa Antología de
literatura fantástica, Julio Cortázar con su propuesta cercana al surrealismo, Horacio
Quiroga, autor del decálogo del narrador, Mario Benedetti, Clarise Lispector, Gabriel García
Márquez, Onetti y Rulfo, en Hispanoamérica. En Colombia, además del Nóbel,
Carrasquilla, en cuento costumbrista, Efe Gómez, Óscar Collazos, Eduardo Cote, Rafael Humberto
Moreno Durán, Álvarez Gardeazábal, Manuel Mejía Vallejo, son cuentistas
destacados. Finalmente, en la comarca, contamos con la producción narrativa en el género de
cuento, de Eduardo Arias Suárez, Jesús Rincón y Serna, Antonio Cardona J., Humberto
Jaramillo Ángel, Adel López Gómez, Jesús Arango Cano, César
Hincapié, Gastón Vega, Orlando Montoya, Libaniel Marulanda, Umberto Senegal, Gustavo Rubio,
José Nodier Solórzano, entre otros.
La minificción se inició en Hispanoamérica en la primera mitad del siglo XX con los
textos de Julio Torri en Méjico y Macedonio Fernández en Argentina, en la década de 1910.
Posteriormente, Alfonso Reyes y Juan José Arreola en Méjico, Oliverio Girondo en Argentina,
Cristina Peri-Rosi en Uruguay. En Colombia, Luis Vidales y Jorge Zalamea.
Otros nombres vinculados a la minificción: Mario Benedetti, Otto Raúl González,
Edmundo Valadés y en la minificción posmoderna, Luis Britto García, Guillermo Samperio,
Julio Cortázar, Jorge Luis Borges. En la modalidad de novelas formadas por minificciones integradas,
Luis Rafael Sánchez Arreola (La Feria), Nellie Campobello (Cartucho), Luis Humberto Crosthwaite, y en
escritura serial, Felipe Garrido, Augusto Monterroso, Eduardo Galeano y Ana María Shua.
En minicuento Colombiano y quindiano, el propio Luis Vidales Jaramillo, Jaime Lopera Gutiérrez,
Senegal, Harold Kremer, Guillermo Bustamante, Javier Tafur, José Raúl Jaramillo, Alfonso Osorio
Carvajal, Óscar Zapata... faltando datos de otros municipios.
Lauro Zabala, el académico, investigador y escritor mejicano, autoridad internacional en
minificción propone un rango entre 2.000 y 10.000 palabras para el cuento moderno. La
minificción, el género más reciente de la historia de la literatura, según el
mismo Zabala, es la pieza de escritura experimental cuya extensión no supera una página impresa,
es decir que tiene menos de 250 palabras.
Tendrán ustedes que excusar esta fatigosa parábola de conceptos y nombres. La estimo
necesaria, no sólo para comprender los trabajos que presento y sus autores, en su dimensión y
contexto, en especial los minicuentos de Senegal y Zapata, sino para dejar claro que los géneros del
cuento y de la minificción, son tan respetables y exigentes como cualquier otro. Por desgracia no
faltan los obstinados que desdeñan los textos cortos aplicando una torpe ponderación
matemática. ¡Sugieren una relación proporcional directa entre números de palabras,
líneas o páginas, y niveles de calidad o mérito artístico!
El cuento moderno latinoamericano y la minificción, actualmente en dinámico desarrollo dentro
de la misma región continental, además de aquellos que exigen los esquemas vigentes, comparten
elementos y tratamientos de los mismos, renovadores. Ironía, humor, lúdica, intertextualidad,
son algunos. No obstante, si se trata de destacar un factor de especial novedad en el producto narrativo,
habría que destacar la interactividad que los textos breves le plantean al lector. El minicuento, no
resuelve las historias. Su reducido campo textual, en forma por demás intencional, realiza trazos no
muy bien definidos y reta a quien accede a él, a cerrar el círculo, a completar o finalizar el
relato, que en la mayoría de los casos tiene innumerables opciones de resolución. El minicuento
interroga más que resuelve, insinúa más que afirma, complica, más que soluciona.
Los textos que hoy proponen nuestros admirados escritores, cumplen a cabalidad estos cánones.
LOS AUTORES Y SUS OBRAS
LOS GUAYACANES (De Relatos para un enano, página 10)
La muerte llegó sin utilizar la puertecilla del jardín, por donde el poeta entraba en su
casa a invitados especiales. Eligió la ventana de la biblioteca. Los árboles eran la vida del
escritor.
-Bueno... -dijo la muerte-.
-¡Bueno! -respondió el poeta- pero antes permítame despedirme de mis
guayacanes.
-¿Guayacanes? -preguntó la muerte y acompañó al poeta hasta el jardín,
donde tres frondosos guayacanes, cargados de flores amarillas eran la fiesta de aquel lugar.
-Son lo único que extrañaré -admitió el poeta - y agregó,
señalándolos:
-¿Habrá algo parecido allí?
Varias flores cayeron sobre la muerte.
-Creo que no -respondió ella con desconsuelo- ¡Son hermosos! Nunca me los
mostraron.
El suelo estaba tapizado de flores y cada instante, descendiendo en espiral, caían más a su
lado, llevándolas el viento.
-¿Verdad que sí?... Y además de esto espera a que se llenen de aves -advirtió
el poeta-.
Entonces la muerte, ya sin prisa, lo invitó a sentarse bajo uno de ellos.
La presencia literaria de Humberto Senegal en sus natales Quindío y Calarcá, cumple casi
cuatro décadas. En su adolescencia, nutrida por la cosmopolita biblioteca paterna, produjo incontables
artículos de prensa publicados por diarios regionales y nacionales. A mediados de los años 70,
su libro de relatos, Desventurados los mansos agitó las aguas quietas de la narrativa
lugareña. A partir de entonces, todo un universo de lecturas literarias y filosóficas,
orientales y occidentales, señalaron su rumbo intelectual. Ensayo, poesía, cuento y minicuento,
han sido los géneros preferidos en sus caminos de producción prolífica.
Además del citado libro de relatos, ha publicado, Pundarika, libro de poesía
Zen, Ventanas al nirvana, Antología latinoamericana del Haikú (como coautor),
cuadernos de poesía: Dejé las flores en el sueño (1994), libros de minicuento:
El camino del loco (2003), Cuentos atómicos (2005), Microrelatos (2006,
compartido con José Raúl Jaramillo Restrepo), Minicuentos y Haykuentos (2006), estos
dos últimos compartidos con Javier Tafur González. En la revista Termita y, luego, en
su similar Canora, durante la década de los años 80 y 90, promovió como pionero
el minirelato o minicuento. Tiene varios libros inéditos de minificción y antologías del
género. Figura en la Antología del cuento corto colombiano de Guillermo
Bustamante y Harold Kremer. Nana Rodríguez Romero incluye uno de sus minicuentos en el libro,
Elementos para una teoría del minicuento. Reinaldo Arenas, el atribulado escritor cubano con
quien sostuvo una prolongada amistad epistolar, publicó textos de Senegal. Como escritor de
Haykú, ha sido traducido a 12 idiomas. Trabajos suyos en prosa y verso se han publicado en revistas de
Norteamérica, Europa y Asia.
En la actualidad coordina con Leidy Bernal, el Centro de investigación y difusión del
minicuento, Lauro Zabala. Con Relatos para un enano, la colección editorial Cuadernos
Negros llega a 23 títulos publicados. Esta serie, asesorada por Senegal, producto y
realización de Leidy, viene desarrollado una importante labor de difusión literaria, con
énfasis en minicuento y en autores locales o regionales.
Al margen cometo una infidencia: la revista Cambio, ha considerado de interés nacional este trabajo
editorial y en su próxima edición dedicará un espacio para reseñarla como labor
ejemplar de nuestra joven calarqueña para el país.
Rasgos a destacar en la personalidad humana y literaria de Humberto Senegal: coherencia, con sus
convicciones filosóficas y estéticas; universalidad, obtenida en un trasiego incansable,
profundo, por los textos literarios y de pensamiento de todas las latitudes; generosidad, que se expresa en el
magisterio permanente a través de décadas, no solo desde el aula de clase, escenario de labor
cotidiana, sino en el diálogo e interacción con lectores y escritores, noveles y avanzados;
erudición y criterio, abiertos para quien quiera apreciarlos y nutrirse de ellos. Ninguna más
opuesta a una mente calculadora o especulativa, que la de Senegal. Versatilidad: Senegal es un
polígrafo en la comprensión contemporánea del término. Con igual solvencia asume
el ensayo académico, el artículo de prensa, la crítica literaria, el texto narrativo de
ficción, la poesía; y todo ello con una respuesta contundente a niveles conceptuales y
estéticos exigentes. Modestia intelectual: nuestro escritor trabaja mucho más de lo que figura;
no busca ni ambiciona la fama o el reconocimiento. Persistencia en la labor editorial: desde su juventud, ha
sido promotor, fundador y productor de una serie de publicaciones periódicas comprometidas con la
divulgación literaria, además de sus propios libros. Respeto y aprecio por el trabajo ajeno...
que le han valido despiadadas puyas. Al decir de sus críticos, Senegal prologa todo lo que se mueva.
En los Relatos para un enano, sus principios ideológicos y estéticos están
vigentes; son 38 relatos de estructura mínima, lenguaje icástico y variada textura, que se
ajustan al rango propuesto por Zabala, como de minificción. Es nítido en ellos un rótulo
ficcional, una línea narrativa ajena a la anécdota plana, o a la truculencia que alucina
incautos. Senegal tiende puentes oníricos que esquivan la obviedad, lo cotidiano, para conducir al
lector a inusuales planos de comprensión. Nada de historias recicladas, de desenlaces previsibles, de
personajes inanes. Son narraciones sin intención diferente a la estricta literaria; Senegal no utiliza
sus relatos, no moraliza con ellos, no enseña ni politiza, no los hace instrumento de nada y en ese
sentido, se acerca a la esencia Zen tal como él la concibe. Es recurrente su alusión al
vampirismo, a la necrofilia, en estos relatos misteriosos, algunos de ellos de trazo surrealista, donde todo
es posible: árboles que levantan vuelo, Luzbel cliente de un prostíbulo...
NAVIDAD EN EISLEBEN (Al son que me canten cuento, páginas 13-14)
Fragmento
El pensamiento de Fritz abandona el teatro de los hechos, circundado por la nieve, los soldados
soviéticos y el registro del estuche de su acordeón italiano, Bussilachio. Como a bordo de un
carrusel, sus recuerdos giran y se alternan entre su patria, el final de los años treinta, sus
quehaceres militares, su rápido ascenso a sargento-saxofonista de la banda sinfónica de Leipzig,
en el ejército del Tercer Reich, así como sus enrevesados amores con una violinista de
ascendencia colombiana, quien, pasado el fervor inicial del matrimonio, aprovecha cualquier asomo de
desavenencia conyugal para enrostrarle su pasado nazi, su falta de ambiciones sociales, la vergüenza de
ese oscuro capítulo paterno que gravita sobre sus dos hijas, violinistas también, de la
Orquesta Sinfónica de Colombia; su recurrente pobreza de inmigrante, el ridículo salario de
profesor de música de un colegio de provincia, su humilde condición de habitante de un barrio
popular, e incluso la posesión de un destartalado Ford 38 que sus alumnos de último año
de secundaria le esconden, en un cotidiano ritual de bromas e irrespeto.
El soldado ha extraído el enorme acordeón, de lustroso color negro, 120 bajos y quince
registros. Fritz advierte la admiración del sargento por su calidad y belleza. La persistente
contemplación de este por el costoso Bussilachio constituye un mensaje claro y rotundo: sus
bártulos y el infatigable instrumento, luego de la ejecución, pertenecerán al militar que
intercambia unas inaudibles palabras con el subalterno.
El pensamiento de Fritz de nuevo se aleja, como huyendo de su propio miedo ante la inminencia de lo que
intuye que vendrá tras la detención y la lenta requisa. No le han exigido documentos de
identidad. Como militar que ha sido, y aunque nunca empuñó cosa distinta a un saxofón, un
violín, o disparó algo que no fueran notas en el piano o en el acordeón, dada su
lamentable condición de prisionero de la patrulla del Ejército Soviético, sabe que
traspasar las alambradas que dividen las dos Alemanias tiene el supremo costo del fusilamiento.
MAÑANA SE SABRÁ (Al son que me canten cuento, página 18)
Fragmento
Por boca de ninguno de nosotros, incluido Rodrigo Manzano, ni mañana ni nunca, el pueblo ni
nadie, sabrá que así como nunca pudiste abandonar el cigarrillo tampoco tuviste las agallas para
hacer tú mismo lo que tenías que hacer, no solo con tu perro viejo y sarnoso, sino contigo
mismo. Ni mañana ni nunca se sabrá que nos emborrachamos como tantas veces y entre tango y son
cubano, entre aguardiente va y aguardiente viene, llorando nos dijiste que no eras capaz, que no habías
sido capaz, que eras un cobarde, que nos hiciéramos cargo del perro y que cumpliéramos la
promesa, que todo estaba dispuesto, que dijéramos que eran ellos y que la sangre en el piso era el
resultado de intentar oponerte a sus propósitos.
Por boca nuestra nunca se sabrá que Rodrigo sabía que el perro ya había sido
enterrado en el patio, que a él le tocaba sumir el rol de testigo de visu del arrojamiento de un bulto
al río.
Libaniel Marulanda Velásquez pertenece a la generación de calarqueños nacidos a
mediados del siglo XX; estudiante díscolo, periodista y músico autodidacta, todero y tanguero
desde sus años de colegio; funcionario público jubilado; residente, por cerca de treinta
años en la jungla urbana de Bogotá, también en Armenia, siempre preservando el contacto
con la villa natal, donde ha desarrollado parte de su actividad artística. El vértice creativo
de Libaniel es bipolar entre música y literatura. Su propuesta narrativa se enreda en el pentagrama
desde el título hasta la contracarátula. Varios de sus escenarios reales e imaginados se
relacionan con el submundo, para algunos mágico; sórdido y espeso para otros, del
espectáculo. En la actualidad reside en el departamento del Huila, cerca a su capital Neiva.
Allí ha encontrado apoyo su compañera afectiva y artista musical, Patricia Collazos, para
desarrollar proyectos culturales.
La primera narración escrita de Libaniel data de comienzos de la década de 1980 cuando decide
enviar un cuento suyo a un concurso nacional del sector oficial. En esa ocasión obtuvo el tercer lugar,
equivalente en la práctica al primero, ya que los dos primeros fueron declarados desiertos. Ese
éxito momentáneo lo impulsó a perseverar en el oficio de narrador. En este, han
contribuido también su experiencia laboral en el ministerio público y otras dependencias
oficiales, sus lecturas políticas que lo indujeron a la actividad proselitista de izquierda y la
experiencia acumulada en el periodismo formal y alternativo desde edad temprana. Colaboraciones suyas han sido
publicadas en diarios de circulación nacional: El Espectador, La República; regionales, como La
Patria de Manizales, Diario del Quindío, La Crónica, y en varias revistas. Sus relatos abordan
la experiencia cotidiana de la cual, tal como lo expresa, puede extraerse material tan deslumbrante como en la
más audaz de las ficciones. Su mítico Marselia, más que la suma
geográfica de Armenia y Calarcá, más que la sopa de letras de sus nombres, es el mundo
donde discurre gran parte de su construcción narrativa. Acumula cuatro primeros premios nacionales de
cuento y varios más de segundos y terceros, referenciados por la crítica en los libros,
Breve historia de la literatura del Quindío, Primer concurso de cuento innovador,
Cátedra de la quindianidad - tomo 1, La narrativa del Quindío y
Didáctica de la narrativa quindiana. Fundador y director de exitosas agrupaciones musicales
como "Los muchachos de antes" y productor de dos discos compactos.
Con el apoyo del Fondo Mixto de Cultura y la Dirección de Cultura del Quindío, Libaniel
reúne en un tomo de excelente elaboración editorial, su producción de cuentos. Son 188
páginas que albergan un total de 39 narraciones de extensión variable y estructura impecable, de
cuya calidad da fe la extensa y excelsa nómina de jurados que las han juzgado.
Transita nuestro artista en estos textos, por un filo cortopunzante entre la Colombia violenta de mediados
del siglo anterior y la actual, cruzada por fenómenos tan complejos como el narcotráfico con
todas sus secuelas. Personajes, melodías, ritmos, y escenarios tan disímiles como un puesto
fronterizo controlado por los rusos entre las fracciones de la rota Alemania de la post-guerra; un grupo de
amigos que aplican la eutanasia a uno de ellos; una tropa de teatreros expulsados de un pueblo por el
título de la obra que aspiraban a representar; el cantante del despecho, Edwin Splinder Jaramillo quien
apenas obtuvo una mención secundaria en el concurso de sus émulos; la tragedia del 7 de agosto
de 1956 en Cali, oculta por el tiempo y por intereses nunca establecidos; Tirofijo en líos con la
cremallera de la bragueta, supuesto motivo de la silla vacía en el Caguán; un político no
tan anónimo de Marsella encadenado a sus delitos...
CINTA DE MOEBIUS
(Bajo la caparazón de la tortuga, página 7)
Se deslizó confundiendo la cinta de Moebius con un formidable tobogán. Quedó
aprisionada en un éxtasis del que no la han podido rescatar pese a los esfuerzos de su familia.
POETA ZEN (Página 15)
Devastador, masacró un Haiku sobre la luna con sólo tres versos y un certero impacto de
cinco, siete y cinco sílabas disparadas en ráfaga.
MIS TRES SUEÑOS (Página 28)
Soñé con aprender a leer de corrido primero, a escribir de corrido después y por
último a hablar de corrido. Hoy, vivo de corrido.
El enigma que plantea el título, Bajo la caparazón de la tortuga, se resuelve tras
persistentes preguntas de sus lectores: un amor exacerbado, no correspondido, cuyo protagonista era un
compañero universitario de Óscar, ocasionó el hurto fetichista de una sombrilla. A partir
de esa travesura de enamorado, Zapata quiso escribir una narración extensa, una novela quizás,
cuyo título sería "El paraguas de Cecilia" que recrearía el ambiente
universitario, por suerte no vacunado aún contra el sarampión zurdo. En algún recodo
mental, ese paraguas se convirtió más tarde en una carpa de circo y por más rara
asociación, en el cartílago de una pequeña tortuga con dimensión de
galápago; caparazón bajo la cual, se protege un cuerpo frágil. Quizás aluda ahora,
esfumadas Cecilia y el paraguas, a esa cubierta endurecida, que el trasiego por la existencia va
dejándonos.
Óscar Zapata, el ex-juez de la República, ex-gerente de las empresas públicas locales,
ex-alcalde municipal, en uso de buen retiro, sólo reivindica su condición esencial de diletante,
de alegre gocetas existencial, de plácido observador de la comedia humana, desde la atalaya
privilegiada del tiempo, distante del bien y del mal. Con sensible olfato caza-personajes y caza-episodios,
mide el discurrir del mundo a partir de la localidad. En sus libretas de apuntes, con caligrafía
impecable y destino incierto, consigna los resultados de su constante pesquisa. De ellas nacieron las columnas
de prensa, y se originan ahora los artículos para calarca.net, cuyo nombre,
Detrás de cámaras, describe bien la actitud de
su autor. Lector impenitente que igual dialoga con Joyce, indaga a Saramago, dialoga con Osho y devora La
Pulga en la Oreja o Poetintos, cuando a su editor le da la real gana de entregarlo, practica la amistad con
similar aplicación. Artista del pincel, del violín y del volante, vira en cualquier momento
hacia destinos inéditos sin el preaviso de luces direccionales ni el auxilio a destiempo del espejo
retrovisor.
Celebro y presento, complacido, al igual que en reciente ocasión, la satisfacción del
escritor y la alegría de sus innumerables amigos y lectores ante la aparición pública de
sus minificciones, en edición de libro de bolsillo, con 40 píldoras de narrativa y
reflexión esenciales.
Cita de Poetintos # 53
Comparto con ustedes, a manera de cierre, un episodio relacionado con este
Ejercicio Literario de Óscar, incluido en la edición:
Acérquese a una librería y compre un libro. Sin leerlo, abandónelo al arbitrio de
las polillas. No mantenga viva la curiosidad por saber qué va a suceder durante los veinte años
siguientes. Al límite del cumplimiento del plazo, observe con cuidado las fisuras, surcos, oquedades y
descubra los rasgos de esta críptica caligrafía animal. No lea el libro sino los caprichosos
trazos del depredador de papel. Intente una historia breve sobre los resultados de la experiencia.
Apenas circulando los primeros ejemplares, Raúl Echeverri Molina, copartícipe del entusiasmo
del autor, encontró en su multitemática biblioteca, un poemario de Juan Aurelio García,
con la edad calculada en el texto transcrito. Al abrirlo, halló "las fisuras, surcos, oquedades...
los rasgos de esta críptica caligrafía animal" que en misterioso juego con los versos del
poeta, nos han dado, al autor de "la caparazón..." y a sus cómplices lúdicos,
un gozo memorable.
EPÍLOGO
Es fácil concluir que la presentación de tres publicaciones fue un pretexto - ustedes deciden
si justo o nó- para exaltar el trabajo intelectual de tres calarqueños; por su intermedio el de
todos quienes ponen a prueba sus potencias espirituales con propósito creativo; así mismo, para
manifestar mi afecto y apego visceral por esta tierra de fábula. Gracias. |