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Dachiagore drúa es una expresión de la lengua embera-chamí. Significa, recuperación
de las tierras de nuestros antepasados. Es el nombre que los expectantes propietarios, indígenas de la
etnia, han acordado para su nuevo resguardo. En adelante, este nombre será tema obligado en
Calarcá y el Quindío. Allí, en el sector cordillerano del municipio, se adelanta un audaz
proyecto de asentamiento que a partir de su idea inicial ha despertado reacciones encontradas. Desde
opositores enconados, presididos por la gobernadora y la alcaldesa, hasta entusiastas defensores de los
intereses de las comunidades indígenas (Ver edición de POETINTOS 37).
La presente nota corresponde a la visita que un grupo de habitantes de Calarcá, realizamos el
día 17 de enero.
Los recortes de La Crónica del Quindío con la información sobre la entrega del predio,
los antecedentes del proceso de adquisición, y un editorial ambiguo sobre el tema, están fijados
en una cartelera improvisada en la panadería del corregimiento de Quebradanegra. Datan de dos meses
atrás. Indagamos a la joven que atiende el negocio en el momento, sobre el sentir de la gente y de
ellos mismos, los propietarios del establecimiento, respecto de los nuevos vecinos; las actitudes
recíprocas de habitantes y recién llegados. Sus comentarios son neutros. "Sencillamente,
como a cualquier persona, a los emberas se les ha tratado sin prevención alguna; han llegado al
comercio del corregimiento como clientes normales. Saludan, hacen sus compras y se van. Común y
corriente..."
Estamos de regreso, después de nuestra visita al nuevo resguardo indígena de la etnia
embera-chamí, "Dachiagore drúa", hasta hace poco, predio La Samaria. Seis o siete
kilómetros de duro ascenso desde el caserío, por una vía en regular estado, tortuosa por
momentos, aunque bien afirmada y de relativo fácil mantenimiento. El dominio visual que permite por
tramos cada vez menores la proliferación de cercas de Swingle, sobre la extensión verde del
Quindío, es deslumbrante; como el que se goza desde cualquiera de las altas vías cordilleranas.
La altura promedio de la propiedad de 220 cuadras, es de 2.000 metros sobre el nivel del mar.
A pesar del propósito de nuestra visita, más social que nada, no dejamos de interesarnos por
la conformación del terreno, el estado general en el cual lo encontraron los nuevos propietarios,
mejoras hasta ahora realizadas, posibilidades productivas, en fin, información general que nos permita
comprender la fase de apropiación y afincamiento que apenas se inicia. Para una comunidad hasta ahora
dispersa y sin tradición de trabajo agrícola solidario, la adquisición de esta tierra,
con la idea de reunir allí 45 familias de 6 o 7 personas en promedio, es todo un triunfo de la
persistencia, pero también un reto enorme que recién ahora comienza a confrontar. Para
Calarcá, con su corregimiento de Quebradanegra, es la ocasión para poner a prueba valores
sociales fáciles de enunciar pero de ardua práctica: tolerancia, convivencia pacífica,
no discriminación racial ni social, solidaridad...
Hace dos meses recibieron materialmente el predio; y hasta ahora, sólo el gobernador del resguardo,
Fabio, designado por el cabildo, su mujer, Maria y sus cuatro hijos, junto con Carlos, otro adulto del grupo,
son los únicos habitantes. A nuestra llegada no encontramos al gobernador; estaba en Montenegro
matriculando a sus hijos en el establecimiento donde estudiaron el pasado año. La pregunta obvia no la
formulamos: si van a vivir aquí, ¿por qué los matriculan en Montenegro? María y
Carlos nos atendieron con la mejor actitud. Respondieron a nuestras preguntas con amistosa cortesía.
La olleta del chocolate, entretanto, hervía en el fogón donde crepitaban los leños de
café. Humeante, nos lo sirvió María. Contó que varios de los futuros moradores han
visitado el terreno y han manifestado su deseo de integrarse pronto a las labores. Sin embargo, salta a la
vista que antes que nada tendrán que construir viviendas. La casa de la propiedad apenas puede albergar
una familia. ¿De dónde saldrán los recursos para esa necesidad y para el desarrollo
productivo del predio? "Se están gestionando”, dijo. ¿Y el clima? "Pues
sí; hace un poco de frío pero no es difícil adaptarse. Los niños han tenido
resfriados y un poco de tos, pero nada grave. Ellos están contentos. Venimos, unos de La Tebaida, otros
del Río La Vieja, de Puerto Alejandría, otros de Montenegro. En cada parte hacíamos
oficios diferentes"
Carlos, de momento, ¿qué hay aprovechable en la finca? "Sólo una cuadra y media
de café en estado de abandono, sin fertilización ni desyerbe. Ya sembramos algo más de
una cuadra en mora, pero apenas comienzan a levantar las maticas. Lo demás son potreros reposados y
unas pequeñas áreas de reserva de bosque. Agua hay suficiente para lo que se necesite". El
vaho neblinoso se integró a la visita. Primero leve, luego se hizo denso. Un entorno fantasmal, apenas
próximos al mediodía, nos recordó que estas alturas son el dominio natural de la niebla.
¿Y los pocos vacunos que se ven? "No son nuestros, son de un vecino que no tiene dónde
tenerlos y los dejó a nuestro cuidado mientras tanto".
Los versos de la cubana Dulce María Loynaz, en la voz grave de Alejandro Herrera matizaron nuestro
hastaluego. El consenso, al final de la visita, fue: se nos da una oportunidad de oro para demostrarle al
país entero cómo se pueden integrar comunidades diversas en su idiosincrasia, cultura, formas y
visiones de vida, costumbres, idioma y raza, bajo el más común de los denominadores: convivir
en paz, dignidad y bienestar, en la búsqueda del desarrollo humano sostenible.
Es apenas lógico: Dachiagore drúa será el próximo destino de la caminata mensual
de la Fundación Cosmos. No lo olviden, domingo 28 de los corrientes.
Un detalle, ropa, comestibles, frazadas, prendas de abrigo; cualquier detalle que haga sentir a estos
compatriotas más cerca, no de las estrellas sino de sus semejantes solidarios, contribuirá a
construir un camino de esperanza para nuestra comunidad y para Colombia. A los residentes en el exterior, les
retamos su imaginación para que se sumen a la caminata. ¿Qué proponen? |