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ÓSCAR ZAPATA GUTIÉRREZ

Óscar Zapata Qutiérrez

Por Óscar Jiménez Leal

Al igual que con otros de mi generación que iniciaron el viaje sin retorno, con Óscar Zapata Gutiérrez, fuimos compañeros desde la aulas de la viaje casona de la escuela Girardot, situada donde hoy queda el Club Quindío de Calarcá. Luego nos encontraríamos en el prestigioso Colegio Robledo de la época, donde continuaría una bella amistad impregnada con el toque mágico de la iniciación en la literatura y las humanidades, aupada por la tertulia permanente con el poeta y escritor Humberto Jaramillo Ángel que desde entonces se convirtió en nuestro Lazarillo para guiarnos cual invidentes por el magnífico universo de los clásicos españoles y por los caminos de Don Quijote que él describía con la maestría propia de quien efectivamente los hubiese trasegado.

No dimos cita en el claustro augusto de la Universidad Externado de Colombia bajo la égida del Maestro Hinestrosa, donde culminó con honores la carrera de derecho y ciencias políticas, que fungió como estudiante distinguido, gracias a su brillante inteligencia y a su memoria fotográfica que le permitían comprender y asimilar en profundidad las diferentes materias que completaban el programa académico, con la sola asistencia a clase, pues las horas de estudio y el tiempo libre se las dedica casi por completo a leer las grandes obras de la literatura universal de la que era un lector infatigable y desvelado.

A temprana edad ya había trasegado por el Ulises de Joyce, El Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell, En Busca del Tiempo Perdido de Marcel Proust, La Comedia Humana de Honoré de Balzac o por la poesía de Kavafis, y había nutrido su ideología existencialista con la obras de Albert Camus y Jean Paul Sartre, sin desconocer, desde luego, como forjadores de esa escuela filosófica al alemán Arthur Schopenhauer y al danés Søren Kierkegaard y en últimas, a Platón y Aristóteles.

Con tan robusto bagaje intelectual y con "la difícil facilidad" con que dominaba el idioma de Castilla, era apenas lógico que sus coterráneos esperasen de él una monumental obra literaria. Sin embargo, aunque escribía diariamente era ajeno a la publicidad; lo hacía para probarse que era capaz de hacerlo, sin afán de figuración alguna. Solo algunas crónicas, todas ellas memorables, andan diseminadas en La Patria de Manizales, en el diario El Espectador, en La Crónica del Quindío y en algunos medios locales. Por eso, resulta explicable que cuando salió a la luz pública por fin La Caparazón de la Tortuga, colección de mini ficciones de su autoría, la crítica implacable de sus propios amigos no se hizo esperar y algunos de ellos la calificaron como "eyaculación precoz" del talento literario que le reconocían todos, sin excepción.

En el entretanto, pudo ser Teniente de la Reserva del Ejército Nacional, integérrimo Juez del Circuito de Calarcá, Gerente de la Empresas Públicas, antes de la privatización, cuando administraba la plenitud de los servicios públicos domiciliarios y Alcalde de la ciudad, cargo en el cual le correspondió atender la visita del Ministro de Desarrollo de la época para la inauguración del Parque Industrial del Quindío, al frente de la Penitenciaria de Peñas Blancas, y al pie de la carretera que de Calarcá conduce al Valle. Allí, merced a su espíritu cabalístico que lo caracterizaba, pudo prever el fracaso del bien intencionado proyecto, y pronunciar las siguientes palabras: "Con el perdón del señor Ministro, a mí no me resulta nada grato asistir a la inauguración de este Parque Cementerio, donde quedarán enterrados los ahorros de los industriales de mi departamento", como realmente ocurrió.

Diletante con conocimiento de causa, cultivaba las artes por vocación pura, ajeno a las pompas del dinero y del poder, fue profundamente humano y racionalista, y en una rara contradicción, su temperamento se dejaba imbuir por el espíritu esotérico y cabalístico que podía explicar el determinismos de sus actitudes. Así, por ejemplo, cuando me comunicó su compromiso de casarse con la distinguida dama calarqueña Miriam Montoya Hormaza el 22 de noviembre, le pregunté el por qué de esa fecha y me contestó que ese día cumplía años y que en esa fecha había sido asesinado el Presidente Kennedy.

Dadas esas especiales características es dable pensar que no es vana coincidencia que su ingreso a la eternidad se dé por la misma fecha que lo hicieron Cervantes, Shakespeare, el Inca Garcilaso de la Vega y Leonardo di Ser Piero da Vinci.

Reciban el abrazo solidario Miriam su esposa, Lina, su hija, la niña de sus ojos, Santiago su nieto, sus hermanos y la sociedad calarqueña que deja de contar con un intelectual de gran valor.