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 HIJOS DE LA TIERRA - URIEL SALAZAR CEBALLOS

Hijos de la Tierra - Uriel Salazar CeballosUn éxito total constituyó el acto de presentación de la novela HIJOS DE LA TIERRA del escritor y periodista calarqueño URIEL SALAZAR CEBALLOS.

La ceremonia que se escenificó en el auditorio de la Alcaldía de Armenia el martes 20 de diciembre, fue presidida por el Alcalde Gilberto López González, quien estuvo acompañado en la mesa de honor por el Gobernador ( e ) del Quindío, el también villacaciqueño José J. Domínguez Giraldo, la Presidenta del Círculo de periodistas del Quindío María Victoria Gutiérrez Villa, la Directora ( e ) de la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia Fanny Amparo Martínez Tafur y el autor de la obra.

Tanto el testimonio del Alcalde de Armenia, como el del Gobernador del Quindío y el de la Presidenta del Gremio de periodistas fueron de buen recibo, pero la pieza que mereció todos los aplausos fue la expuesta por el escritor Uriel Salazar Ceballos, cuyo texto compartimos con los amigos de calarca.net:

"En circunstancias como esta es cuando se hace imprescindible expresar un testimonio de gratitud a las personas que, como ustedes, manifiestan tanto reconocimiento, tanto afecto y tanta solidaridad, hasta el punto de poder afirmar que la producción de esta obra sólo fue posible gracias a su decidida participación y entusiasmo.

Entrando en materia, si el propósito de una obra literaria fuera exclusivamente reflejar la realidad tal y como es, bastaría entonces con fotografiarla para obtener una réplica fiel.

Pero como de lo que se trata es de transformarla, además de tomarla como referente, se hace indispensable recrearla pasándola por el tamiz de la imaginación y así lograr una realidad posible, una utopía alcanzable.

De esta manera, a buena parte de la realidad que haya rodeado a un autor en el transcurso de su vida, se le integran los productos de su fantasía, de tal manera que pueda darse como resultado una obra de carácter novelado, es decir, una realidad fantaseada, pero posible.

Como los diferentes sucesos que hayan impactado la vida de un autor, pueden emerger en sus obras, conviene precisar sus características.

En este sentido, el poeta peruano César Vallejo empieza a ilustrarnos cuando dice en el poema titulado "Los Heraldos Negros"...

"Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡yo no sé!
golpes como del odio de Dios,
como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma...
¡yo no sé! son pocos, pero son... abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas,
o los heraldos negros que nos manda la muerte.
Son las caídas hondas de los cristos del alma,
de alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
¡Y el hombre... pobre... pobre!
Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
¡Hay golpes en la vida, tan fuertes... yo no sé!"

Siendo todos el resultado de un proceso genético a través del cual heredamos caracteres indelebles; conocedores como somos de las influencias recibidas del primer círculo de relación familiar; sabedores de los determinismos dados por el ambiente social que abarca experiencias académicas, laborales, comunitarias y globales, ante semejantes razones acogí para el análisis la sentencia "yo soy yo y mis circunstancias", del filósofo José Ortega y Gasset, la cual aparece por primera vez en su obra "Meditaciones del Quijote", escrita en 1914.

Lo primero que deduje de esta expresión es que, así como no hay seres auténticamente originales, porque siendo la prolongación de otros han recibido influencias, tampoco hay obras literarias auténticamente puras, ya que el pensar, el sentir y el imaginar de los autores ha sido afectado por múltiples factores circundantes.

De manera similar, así como un león es un carnero asimilado, una obra literaria es el resultado de la combinación de múltiples azares felices, de muchas experiencias recibidas en el transcurso de la vida.

Pero como esos impactos pueden catalogarse por frecuencia o por intensidad, sin que importe su categoría, inciden en la mentalidad de cada individuo y, por tanto, de cada autor, marcándolo para la vida hasta el punto de propiciar la aparición de actitudes, conductas y comportamientos con los que se identifica ante los demás.

"Yo soy yo y mis circunstancias" afirmó categóricamente el citado español, frase con la cual quiso significar que la vida no puede entenderse prescindiendo de las circunstancias que la rodean, porque vivir es encontrarse en un espacio y un tiempo; vivir es darse cuenta de sí mismo en el mundo; vivir es enterarse, percatarse y tomar conciencia de la coexistencia con el mundo, porque nadie se encuentra solo, sino abierto y en relación dinámica con las circunstancias.

"Yo soy yo y mis circunstancias" es la frase mítica que además tiene una connotación compleja, ya que otros en mis circunstancias serían como yo, experiencia que genera discusión por el relativismo perceptivo que implica, siendo este el caso en el que se hace importante reconocer el ser personal de cada individuo, para no terminar perdiéndolo.

Las circunstancias, entonces, constituyen el entorno, lo que nos rodea y, desde ese enclave exterior, nos construyen y nos moldean, de manera que para Ortega y Gasset se convierten en parte intrínseca de nuestro propio "yo".

Para el filósofo en mención, "ser" es algo dinámico: ni soy siempre el mismo, ni mis circunstancias son idénticas, sino que todo –"yo y mis circunstancias"– estamos en permanente cambio.

"Yo soy yo y mis circunstancias", además de conocida, es la cita incompleta de Ortega y Gasset, ya que la frase completa dice: "Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas, no me salvo yo".

Las interpretaciones que se le han dado a esta sentencia en noventa y ocho años, han variado desde lo ecológico hasta lo psicológico, lo filosófico, lo histórico y lo político.

Yo aquí, en "Hijos de la Tierra", aprovecho las circunstancias para darle a la obra un enfoque profundamente antropológico, sociológico, psicológico, político, religioso y trascendente, tomando la vida humana en un entorno, de tal manera que el lector se sienta inducido a concluir: si no salvamos la vida, ella no se salvará, porque, aunque suene reiterativo, vivir es encontrarnos en un aquí y en un ahora.

Es darnos cuenta de nosotros mismos en el mundo.

Es enterarnos, percatarnos y tomar conciencia de nuestra coexistencia con el mundo.

Somos todo lo que nos rodea... gústenos o no, gústenos más, o gústenos menos.

De esta manera, un personaje del relato como Mauricio, puede encarnar a toda una sociedad y su entorno y estos, a su vez, pueden ampliarlo y revelarlo.

Siendo la dialéctica la ley universal capaz de explicarlo todo, es ella la encargada de dinamizar el proceso de varias generaciones de "Hijos de la Tierra", ya sea en calidad de amos, o en condición de esclavos.

Hombres y mujeres; líderes y seguidores; propietarios y desposeídos; dominadores y vencidos; creyentes y escépticos; opulentos y miserables, hijos de la luz e hijos de las sombras, todos ellos como Hijos de la Tierra, se dan cita en cada una de las páginas de este trabajo que someto a su consideración, tomando como punto de partida el hecho de que, si cada uno de nosotros es coextensivo con el universo, es porque también cada uno de nosotros puede servir como interpretación y como clave de todos los procesos que se dan sobre la faz de la tierra, ya que no estamos yuxtapuestos como reyes de nuestro entorno, sino ubicados como transformadores de la realidad por medio del trabajo, ojalá convencidos únicamente de nuestro ferviente deseo de compartir buenas nuevas con las comunidades urgidas de esperanza.

Muchas gracias."

Uriel Salazar Ceballos

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