¿Cómo reaccionarían los bogotanos ante la eventual demolición del Palacio Liévano, joya arquitectónica, sede administrativa del Distrito Capital? ¿Permitirían los caleños la ruina y desaparición del templo de La Ermita, emblema de la capital del Valle del Cauca?, ¿o los paisas, que alguien pretendiera derruir el Hotel Nutibara?, ¿o los habitantes de cualquier ciudad colombiana o de cualquier país del mundo, que se atentara contra edificaciones referenciales, componentes entrañables de su identidad colectiva?
Para dolor y vergüenza de los calarqueños, el edificio más importante en términos históricos y de tradición local, la más que centenaria sede de la "Escuela de Señoritas Rafael Uribe Uribe", está a un paso de ser demolida, destruida, arrasada, por la desidia de sucesivos gobiernos municipales, malquerientes del bien común a ellos confiado.
"La demolición del inmueble se constituye en un daño irreparable al patrimonio cultural nacional, aún más si consideramos que el departamento del Quindío sólo cuenta con nueve bienes declarados del ámbito nacional, siete de los cuales forman parte del conjunto de las estaciones de ferrocarril, y de los cuales ninguno se ubica en el municipio de Calarcá. Por tal razón se acentúa la obligación que le asiste como autoridad municipal, de proteger el patrimonio..."
El párrafo anterior está consignado en comunicación que el Ministerio de Cultura, Dirección de Patrimonio, envió al alcalde municipal de Calarcá el pasado 7 de julio, en respuesta a la acción popular impetrada por un ciudadano, la cual involucra la edificación mencionada, por su penoso estado de deterioro y abandono, como posible riesgo para los habitantes de nuestra cabecera municipal.
A tal situación se ha llegado debido a que, durante más de once años, luego del terremoto de enero de 1999, las administraciones municipales de Calarcá no han realizado gestión suficiente para recuperar en pleno uso este bien público. Debemos insistir; no se trata de un bien cualquiera, sino de la edificación de mayor valor histórico del municipio, tal como lo recalca el Ministerio de Cultura y lo recuerda la placa –tallada en piedra– conmemorativa del primer centenario de nuestra independencia.
Los calarqueños, indiferentes habituales respecto a temas de interés común, podemos ser cómplices y víctimas simultáneos de esta irreparable lesión a la memoria histórica de la ciudad. Exigir el pronto salvamento de la Escuela Uribe es una actitud ciudadana oportuna y necesaria, justo en el año del bicentenario. |