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DESPLAZADOS
Umberto Senegal
Colombia
¿Ah?... Puesí, paqué le digo que no, sisí. Lo queríamos y nos acompañó desde
que a su madre la mató Olegario. Siete. No... nueve, creo que nueve años estuvo con nosotros
y puesqué, hay que reconocerlo, era como un familiar, pero entonces vinieron ellos y comenzaron
las amenazas. Después fueron ellos mismos en persona y uno que ni parallá ni paracá, uno trabajando
la tierra sin coger partido por nadie hasta que nos echaron. Tuvimos que salir y dejarlo todo.
Salir a las carreras. Él parecía entender algo porque nos miraba con mucho silencio y se le
aguaban los ojos. Sí, siempre que nos oía hablar de irnos, largarnos de ahí por el miedo y
esas amenazas que cada día se volvían más amenazadoras. Usté lo sabe mejor, ¿o no?, que pa
la ciudad no podíamos traerlo a sufrir. No podíamos aguantar también con su hambre, sobre
todo porque nunca decía nada y se quedaba mirándonos sin pedir, calladito, ai sentado en el
polvero. Una vez, ¿sí?, apareció con una gallina y lo regañamos pero al fin nos la comimos
entre todos. ¿Dejarlo allí? ¡Qué tal! Ni regalarlo porque por esos lados nadie lo quería,
¿Sabe qué?... Pienso que no tenía ganas de ciudad. Pa qué le digo que no, sisí: nos lo comimos
y alcanzó pa varios días mientras buscábamos dónde meternos. Sí señor, buen perro, pero no
le habría gustado toda esta mierda de capital.
FUGAZ DESENCUENTRO
León Febres - Cordero
Venezuela
Cuando la niña llegó, algo cansada, a los altos portones polvorientos del Palacio, comenzaba
a amanecer.
Tocó la puerta y enseguida le abrieron.
"¿A quién buscas?", le preguntaron.
"Busco al rey".
"En este Palacio no habita un rey desde hace veintiséis mil millones de años".
"Pero eso no puede ser", replicó la niña. "Me han dicho que esta noche la pasó
el rey aquí, en su Palacio".
"Sí, esta noche la pasó aquí. Pero eso fue hace veintiséis mil millones de años".
LA BREVEDAD DEL MINICUENTO
Violeta Rojo
Venezuela
La brevedad es el elemento más importante del minicuento, por dos razones: por una parte,
es el rasgo diferenciador más evidente del minicuento. Sólo con ver un minicuento y sin necesidad
de leerlo ya salta a la vista que es un tipo de texto muy breve. De ella devienen todas las
demás, esto es, se convierte en la característica esencial porque da lugar a las otras, determina
todas las demás. |
CUBO Y PALA
Carmela Greciet
España
Con los soles de finales de marzo mamá se animó a bajar de los altillos las maletas con ropa de verano.
Sacó camisetas, gorras, shorts, sandalias... y, aferrado a su cubo y su pala, también sacó a mi
hermano pequeño, Jaime, que se nos había olvidado.
Llovió todo abril y todo mayo.
EL EVANGELIO DE JUAN RULFO
SEGÚN JULIO ORTEGA
Adolfo Castañón
Méjico
Un día llegué de noche a un pueblo. En el centro había un árbol. Cuando me encontré en medio
de la plaza, me di cuenta de que aquel pueblo, en apariencia fantasma, en realidad estaba
habitado. Me rodearon y se fueron acercando hasta que me amarraron a un árbol y se fueron.
Pasé toda la noche ahí. Aunque estaba algo perplejo, no estaba asustado pues ni siquiera tenía
ánimo para ello. Amaneció y poco a poco aparecieron los mismos que me habían amarrado. Me
soltaron y me dijeron: "Te amarramos porque cuando llegaste vimos que se te había perdido
el alma, que tu alma te andaba buscando, y te amarramos para que te encontrara".
INVENTARIO MUTILADO
Guillermo Velásquez Forero
Colombia
"Comprendí que todos pertenecían al mismo clan,
que todos eran devoradores de hombres". Lu Sin
Para subsistir, un hombre tenía que vender su sangre, también vendía mensualmente sus células
sexuales a un banco de semen, su dentadura completa fue a parar a un laboratorio de reimplantes
dentales, varias veces le desollaron el culo porque tuvo que vender la piel glútea a una clínica
de injertos; cuando la crisis económica se agravó, la necesidad lo obligó a vender un riñón
y un ojo. Después, negoció los huesos de una pierna y un brazo y varias costillas, logró venderlos
a buen precio. Y el hombre continuó mutilándose sin piedad, traficando con sus órganos vitales,
haciendo de su cuerpo una carnicería ambulante. Al final, el hombre puso en venta sus excrementos,
pero pese a los grandes avances científicos y a tantas reformas políticas, la mierda humana
no había adquirido valor de cambio, aún no se apreciaba como mercancía debido a que los pobres
también la producían.
MAGRITTE
Paloma Díaz - Mas
España
Aquella gota de agua se había pasado toda la tarde viendo una exposición de Magritte. Cuando
salió a la calle, seguía lloviendo: miles de señores con paraguas caían
incesantemente del cielo. |
Humberto Senegal (Colombia): "Desplazados",
en su libro inédito Minificciones. Colombia, 2003.
Paloma Díaz - Mas (España): "Magritte", en revista Quimera. Número 236, España, 2003.
Carmela Greciet (España): "Cubo y pala", en revista Quimera.
Número 230, España, 2003.
Adolfo Castañón (Méjico): "El evangelio de Juan Rulfo según Julio
Ortega", en Relatos vertiginosos, antología de cuentos mínimos, Lauro
Zavala. Alfaguara, Méjico,2000.
León Febres-Cordero (Venezuela): "Fugaz desencuentro", en revista Quimera. Número
232-233, España, 2003.
Guillermo Velásquez Forero (Colombia): "Inventario mutilado", en Luz de fuga. Ornitorrinco
Editores, Colombia,1996. |