EL PARTO
Eduardo Galeano
Uruguay
Tres días de parto y el hijo no salía:
Tá trancado. El negrito tá trancado - dijo el hombre.
Él venía de un rancho perdido en los campos. Y el médico fue.
Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el médico anduvo hacia la lejanía, hacia
la soledad, donde todo parece cosa del jodido destino; y llegó y vio.
Después se lo contó a Gloria Galvan:
La mujer estaba en las últimas, pero todavía jadeaba y sudaba y tenía los ojos muy abiertos.
A mí me faltaba experiencia en cosas así. Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando
corrí la cobija, vi un brazo chiquitito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.
El médico se dio cuenta de que el hombre había estado tirando. El bracito estaba despellejado y
sin vida, un colgajo sucio de sangre seca, y el médico pensó: No hay nada que hacer.
Y sin embargo, quién sabe por qué, lo acarició. Rozó con el dedo índice
aquella cosa inerte y al llegar a la manito, súbitamente la manito se cerró y le apretó el
dedo con alma y vida.
Entonces el médico pidió que le hirvieran agua y se arremangó la camisa.
HOMENAJE
José Raúl Jaramillo Restrepo
Colombia
El devoto lector de sus poemas quiso hacerle la que consideraba su mejor ofrenda: envió un clavel de
intenso color -del intenso color de la sangre-, para que fuera colocado sobre la lápida de mármol
blanco en la tumba de la poetisa, localizada en la principal necrópolis con nombre de un gran señor
de los mares, en la capital de la isla.
Sin embargo, al pasar por la oficina de control de enfermedades de árboles, flores y arbustos, fue
decomisado el clavel y lanzado al mar continental.
Años después, las olas lo depositaron intacto en las blancas playas de la serenísima
isla, cumpliendo de esa manera el homenaje que mucho antes se había iniciado en un convulso país
del lejano continente.
PERFECCIÓN ORIGINAL
Idries Shah
India
Era amarillo, rollizo y blando, su superficie quebrada, sus movimientos desgarbados, lleno de inseguridad,
codicia y hambre.
Su principal deseo era lograr un estado en el cual no querría nada, ni necesitaría hacer movimiento
alguno, presentaría al mundo una cara rara, suave, uniforme y delicadamente satisfecha.
No se dio cuenta de que era un pollito que quería ser un huevo.

|
LA PORDIOSERA
Umberto Senegal
Colombia
Allí en el andén, antes de subirme al bus, le di la limosna que sólo a mí
suplicaba la incómoda anciana. Varias personas esperaban y ninguna le prestaba atención. Tampoco
ella a ellos. Agradecida, la vieja me confió que era un hada. Subí al bus y ella subió tras
de mí. La anciana se acomodó a un lado de la silla donde me senté. Buscando mis ojos,
repitió:
“Señor, míreme bien que soy un hada”. No era necesario verla. “Un trol, tal
vez”, pensé, porque estaba sucia y olía mal. Sin embargo sus ojos eran limpios, para la edad
que debía tener: setenta, setenta y cinco, acaso un poco más...
Cuando me aproximé al sitio donde debía bajarme, por cortesía le dije: “Aquí
me quedo, señora, tenga usted buen día”. Bajó tras de mí. Aunque yo no tuviese
la sensación de ser perseguido, la anciana continuó caminando a mi lado, mientras repetía:
“Un hada, señor, soy un hada”. Y por primera vez me tocó levemente el hombro.
Tenía su mano manchada por grandes pecas y en el dedo anular una verruga repugnante. “No lo dudo,
amiga”, le dije, deteniéndome un momento, “pero con esta maldita prisa que mantenemos... Los
hombres, la vida, las hadas, la muerte. Es tan rápido todo que uno a veces no se da cuenta ni de uno
mismo”. Le dije, aunque no sabía si me comprendía. Cuando llegué a mi casa, la anciana ya no me seguía. En algún lugar de la calle
debió entrar a cualquier casa, eso creo, aunque mi hija no cesa de preguntarme: “Papá,
¿por qué la niña que venía a tu lado salió volando cuando abrí la
puerta”.
DESAHOGO
Leidy B.B.
Colombia
Una mujer que llora, intenta escribir un minicuento. Lo único que se le ocurre es un cuento cuya
protagonista llora desde el principio hasta el final del mismo. Cuando termina de escribirlo, el llanto de la
protagonista cesa. Ahora lo único que a esta le preocupa es calmar el llanto de la escritora.
EL MICROCUENTO
Enrique Yepes
Estados Unidos
El microcuento es un género emanado de este impulso hacia la levedad, en su constante depuración
del lenguaje y la abstracción alada que implica la magia narrativa reducida al mínimo espacio. A
diferencia de otros géneros como la novela o el ensayo, que requieren un ajuste particular de su tendencia
a la gravedad acumulativa para lograr su ligereza, el microcuento tiene la levedad en la misma raíz de su
constitución genérica. Razón por la cual se ha considerado literatura liviana, o una mezcla
entre ficción y poesía. Esta levedad, que antagoniza inevitablemente con los proyectos
hegemónicos cuya estrategia consiste en consolidarse mediante el paso de sus instituciones, no surge
exclusivamente de la brevedad, sino que fluye a través de la lúdica expresiva y los cambios bruscos
de nivel que generan la incongruencia, esa lógica alterna a la que alude Calvino. |
BIBLIOGRÁFICA
Dos veces bueno 3
Cuentos breves
Raúl Brasca
Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos
Buenos Aires, Argentina, septiembre 2002
Las tres antologías del escritor e investigador argentino Raúl Brasca son, hoy
por hoy, para lectores y estudiosos del minicuento en lengua castellana, un valioso material bibliográfico
y narrativo con el cual se consolida el género dentro y fuera de Hispanoamérica. En 1996, Brasca
publicó Dos veces bueno, con microrrelatos de Cortázar, Piñera, Denevi, Epple,
Ánderson Imbert, Ortega, Shua y 17 narradores más. El éxito de tal antología condujo,
en 1997, a la publicación de un segundo volumen: Dos veces bueno 2, con cerca de ochenta cuentistas. Dos
veces bueno 3, consolida el trabajo minucioso, amplio, generoso y enriquecedor de Brasca. Toda la belleza del
género, su esplendor y su fuerza, se manifiestan desde estos libros para darle identidad genérica
al microrrelato. |