Enrique Ánderson Imbert
Argentina
UN CAMINO
Seguí por el camino, seguro de que me llevaba bien. Sólo me asaltaron dudas cuando el camino se
metió en el bosque y empezó a dar vueltas. Yo confiaba en que un camino sabe lo que hace. Pero el
camino se perdió y allí nos quedamos los dos, perdidos entre los árboles; y la noche se nos
acercaba.
LUNA
Jacobo, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos.
Esa noche de verano el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y
comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea.
¡Chist!- cuchicheó el farmacéutico a su mujer - ahí está otra vez el tonto.
No mires. Debe estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación,
como si nada...
Entonces, alzando la voz, dijo:
Esta torta está sabrosísima. Tendrás que guardarla cuando entremos.
No sea que alguien se la robe. ¡Cómo la van robar! La puerta de la calle está
cerrada con llave. Las ventanas con las persianas apestilladas.
Y... alguien podría bajar desde la azotea.
Imposible. No hay escaleras; las paredes del patio son lisas...
Bueno: te diré un secreto. En noches como esta bastaría que una persona dijera tres veces
“tarasá” para que, arrojándose de cabeza, se deslizase por la luz y llegase sano y
salvo aquí, agarrase la torta y escalando los rayos de la luna se fuese tan contento. Pero vámonos,
que ya es tarde y hay que dormir.
Se entraron dejando la torta sobre la mesa y se asomaron por una persiana del dormitorio para ver qué
hacía el tonto. Lo que vieron fue que el tonto, después de repetir tres veces
“tarasá”, se arrojó de cabeza al patio, se deslizó como por un suave
tobogán de oro, agarró la torta y con la alegría de un salmón remontó aire
arriba y desapareció entre las chimeneas de la azotea.
LA JAULA
Después que se murieron los últimos pájaros la jaula se arrancó del patio y
empezó a volar hacia el cielo. “Nos viene a pedir perdón”, pensaron los desprevenidos
ángeles.
PESADO PLUMAJE
Se fabricó unas alas con plumas de avestruz, subió al campanario y se lanzó al aire.
Cuando lo recogieron, con las piernas rotas, explicó que había caído por culpa de las plumas
que pesaban demasiado.
La próxima vez - dijo - volaré sin alas. |

ALAS
Yo ejercía entonces la medicina, en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: Se
había caído por el precipicio de un cerro.
Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el
niño pudo hablar le pregunté:
- ¿Por qué no volaste m'hijo, al sentirte caer?
- ¿Volar? -me dijo- ¿Volar, para que la gente se ría de mí?
LAS ESTATUAS
En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del
profesor más famoso. Cierta noche - todo el colegio, dormido - una estudiante traviesa salió a
escondidas de su dormitorio y pintó sobre el suelo, entre ambos pedestales, huellas de pasos: leves pasos
de mujer, decididos pasos de hombre que se encuentran en la glorieta y se hacen el amor a la hora de los
fantasmas. Después se retiró con el mismo sigilo regodeándose por adelantado. A esperar que
el jardín se llene de gente. ¡Las caras que pondrán! Cuando al día siguiente fue a
gozar la broma, vio que las huellas habían sido lavadas y restregadas: algo sucias de pintura le quedaron
las manos a la estatua de la señorita fundadora.
EL SACRIFICIO
Guillermo está en peligro mortal: lo han atado de pies y manos contra un árbol y una serpiente
cascabel va a clavarle los colmillos. De súbito se aparece Benito y se dispone a salvarlo: para salvarlo,
debe morir.
Guillermo, noblemente, dice:
No puedo consentir semejante sacrificio.
Como quieras - contesta Benito retrocediendo - A mí me da lo mismo. Después de todo, eres
tú, no yo, quien está soñando.
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ENRIQUE ÁNDERSON IMBERT
Nació en Argentina en 1910. Falleció el 6 de diciembre de 2000 en Buenos Aires. En la
Universidad de Harvard se creó una cátedra especial para él. Sus libros de cuentos son: Las
pruebas del caos (1946), El Grimorio (1961), El gato de Cheshire (1965), La sandía y otros cuentos (1969),
La locura juega al ajedrez (1971), La botella de Klein (1975), El leve Pedro, antología de cuentos (1976)
Dos mujeres y un
Julián (1982), El tamaño de las brujas (1985), El anillo de Mozart (1990), Y pensar que hace diez
años... (1994).
Por influencia del surrealismo, plantea el rechazo hacia el canon realista de
representación. Como narrador se orienta hacia la creación de un mundo propio, imaginativo,
irónico, juguetón y poético, donde todas las imposibilidades son posibles. Le gustaba llamar
mónadas a sus minificciones. Escribió, refiriéndose a sus narraciones: “Si pudiera
narraría puras intuiciones”. |