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Directora: Leidy Bibiana Bernal Ruiz ~ minificciones@yahoo.com

 NÚMERO 12 - HAROLD KREMER - COLOMBIA

EL COMBATE

Fue en la guerra de los Mil Días. Raúl Sánchez, con una bala en el estómago, caminó durante tres días y tres noches. Se arrastró por montes y selvas hasta llegar a Buga. Entró a su casa, besó a su madre, a sus hermanas y se desmayó. A los dos días despertó. Vio a sus compañeros de guerra y preguntó por su madre y sus hermanas. Nadie le respondió. Preguntó por qué estaba allí en el campo de batalla. Le respondieron la verdad: iba a morir. Le dieron un calmante y volvió a dormir. Al despertar se encontró en su casa. Preguntó por sus compañeros. "Cuando ibas a partir a la guerra caíste enfermo", le dijo su madre. Raúl cerró los ojos y murió.

EL ENANO

El enano siempre me acompaña. Es tan insignificante que nadie lo ve. Mi mujer me dice: "Deja esa costumbre de hablar solo. Pareces un loco". Ella no sabe que estoy hablando con el enano. En la calle la gente también cree que estoy loco cuando me ven tirando golpes al aire. Es que cuando estoy bravo le pego al enano y así me desquito del mundo. A veces nos metemos a un bar, a la mesa más apartada, y nos emborrachamos. Entonces el enano se desquita. Provoca peleas y arma tropeles como la noche aquella en que le metió la mano a una camarera del bar de Polo. Creyeron que era yo el que lo hice y me dieron una paliza que casi me manda al hospital.

Anoche, después de pelear con mi mujer, fuimos al bar Brasil. El enano se aprovechó de mi depresión y me hizo beber más de la cuenta. Sólo recuerdo que nos echaron y que el enano, después de quebrar botellas y tumbar varias mesas, insultó al dueño de la cantina. Luego nos fuimos por las calles pateando tarros de basura y cantando a todo pulmón. El enano me llevó por los lados de la estación, me retó a acostarme sobre los rieles y luego, entre risas y chistes, me amarró. Cuando desperté esta mañana el enano, sentado a mi lado, se reía con su maldita risa de enano y me hacía gestos obscenos con sus manos deformes. Le supliqué que me soltara pero el enano se bajó los pantalones, meneó su horrendo trasero en mi cara y se marchó.

Ahora, a lo lejos, escucho el pito del tren.

LA CASA

Otra vez aquí -dijo la abuela-. Ven.
Cada vez que soñaba la abuela me llevaba por la casa, señalaba las puertas de los cuartos y decía:
Aquí vive tu bisabuelo, aquí tu hermano José, aquí Salvico, aquí... Y así, en cada sueño, la casa crecía con los cuartos de mis antepasados.

Alguna vez pregunté por uno de los nombres y la abuela me dijo:
Es el bisabuelo de tu abuelo.

Esta noche recorrimos la casa entera, repasamos los nombres y llegamos a un cuarto nuevo. Miré a la abuela. Me dijo:
Este es tu cuarto.

CARTA CON UN SUEÑO

Querida Olga:
Sé que te extrañará esta carta y todo lo que te voy a contar. Sé que llevo quince años contigo, que eres buena mujer, que te quiero, que... vivimos momentos buenos y malos y que nunca hemos estado mejor. Tenemos un buen apartamento, yo tengo trabajo, los niños son una maravilla y entre tú y yo todo es armonía.

Pero hoy me senté en la terraza a contemplar el atardecer. Bebía de mi cerveza y sonreía del espectáculo. El roble de la avenida se veía imponente, el parque bullía de niños, los cometas se hinchaban en el aire y los pájaros buscaban los nidos entre los árboles.

De pronto todo eso me disparó una imagen que nunca te conté: de niño soñaba con ser un cometa o un pájaro. No te lo conté porque es algo ridículo: los niños siempre quieren ser astronautas, bomberos o policías. Yo quería volar, pero no dentro de un avión o como astronauta. No. Yo mismo quería ser el pájaro o el cometa. Y en ese instante empezaron a pasar las golondrinas. Millares y millares. Algo me impulsó a la azotea y allí supe que podía ir tras ellas. Bajé rápido a escribirte esta carta. Allá veo venir otra bandada. Me iré con ellas y creo que no volveré. Te quiero y besos a los niños.

Pedro

PD.: Si nada de esto funciona por favor dile a los niños que resbalé de la azotea.

FÁBULA TRISTE

El ratón tenía la costumbre de venir a mi biblioteca. Era un ratón sabio que consumía mis libros. Una vez le coloqué una tabla que obstruía su repetitivo camino. El ratón vino y toda la noche luchó contra el obstáculo; lo oía roer y gemir de desesperación. Esa noche se quedó a la espera. La noche siguiente volvió y también esperó. Y así durante mucho tiempo. Un día, compadecido, quité el obstáculo; pero el ratón no volvió a la biblioteca. Venía y se quedaba en el lugar del obstáculo. Y así durante mucho tiempo.


Harold Kremer

Nació en Buga, Valle del Cauca, Colombia, en 1955. Hizo estudios de literatura en la Universidad Santiago de Cali. Ganador de varios concursos nacionales de cuento. Su libro La noche más larga, fue premiado en 1985. En 1989 publicó el libro de cuentos Rumor de mar. En 1994 se edita su obra Antología del cuento corto colombiano, en compañía del escritor Guillermo Bustamante. En el año 2002 su publicación Colección de cuentos colombianos, con Guillermo Bustamante y en el 2003 Los minicuentos de Ekuóreo.

Fundador y codirector de la revista Ekuóreo, ubicada entre las publicaciones de máximo prestigio pioneras del microrrelato en lengua española. Kremer es uno de los más notables escritores de minificción en Colombia. La poesía y lo fantástico y un sutil horror que se mueve con discreción entre sus minicuentos le dan a sus relatos singular fuerza, enmarcada por una prosa elegante y decantada. Tres de las minificciones incluidas en este monográfico son inéditas y fueron cedidas por su autor, especialmente para nuestra publicación. Hacen parte de su libro inédito El combate. Para la historia del minicuento latinoamericano, el trabajo de Kremer y de Bustamante es un referente literario insoslayable.

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Publicación Quincenal ~ Apartado Postal 023 ~ Tel. 7425114 ~ minificciones@yahoo.com

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