UNA PASIÓN EN EL DESIERTO
José de la Colina
El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia
él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
- Por Alá -gritó-, dime que esto no es un espejismo!
- No -respondió la mujer, sonriendo- El espejismo eres tú.
Y
en un parpadeo de la mujer
el hombre desapareció.
DESPISTADA
Mónica Lavín
Tardaban en abrir la puerta. Verificó que el número del departamento fuera el correcto. Tantas
veces había estado frente a una casa equivocada o acudido a una cita el día después que
más le valía confirmar.
Sonrió acordándose de los tropiezos de su mente. De niña olvidaba los suéteres en la
banca del colegio, de jovencita las gafas, los nombres de los maestros y los cumpleaños de los novios. El
despiste había crecido con la edad. Un día regresó a casa en autobús, su marido
sorprendido por la tardanza le preguntó por el auto: lo había dejado estacionado frente al trabajo.
Repetidas veces trató de subirse a un coche ajeno y forcejeó con la cerradura hasta que el
dueño la sorprendió.
Nadie abría la puerta. Se asomó por las ventanas.
Las persianas cerradas sólo enseñaban la capa de polvo sobre el esmalte.
Se hizo de noche. Las campanadas de la iglesia a los lejos la aclararon. Había olvidado su propia muerte.
 Del libro La Minificción en México. Lauro
Zavala. Serie La Avellana. Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, 2002
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ÁNGEL DE LUZ
Agustín Monsreal
“Mamá está en mi cuarto”, le dije a mi hermana. “Dice que quiere hablar
contigo, que vayas.”
Mi hermana me miró con lástima, aunque también con reproche. “No puede ser”, me
contestó. “Mamá está muerta”. “Ya lo sé, pero ahí
está. Ven a ver”.
“Bueno, está bien. Vamos”.
Y atravesamos la pared cogidos de la mano.
EL GRAFÓGRAFO
Salvador Elizondo
Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que
escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando
que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome
escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir
que escribía y que escribía que escribo que escribía.
También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo
escribir que escribo.
RATONES
Alfonso Reyes
Tenía unas bodegas llenas de ratones. Se hizo traer una gata, que extinguió la plaga. Un
día la gata se comió un merengue, y se desencantó y volvió a ser princesa. La
princesa era muy agradable. Pero la casa se llenó de ratones.
AÑO NUEVO
Inés Arredondo
Estaba sola. Al pasar, en una estación del metro de París ví que daban las doce de la
noche. Era muy desgraciada; por otras cosas. Las lágrimas comenzaron a correr, silenciosas.
Me miraba. Era un negro. Ibamos los dos colgados, frente a frente. Me miraba con ternura, queriéndose
consolar. Extraños, sin palabras. La mirada es lo más profundo que hay. Sostuvo sus ojos fijos en
los míos hasta que las lágrimas se secaron. En la siguiente estación, bajo. |