LOS BRAZOS DE KALYM
Gabriel Jiménez Emán
Kalym se arrancó los brazos y los lanzó a un abismo. Al llegar a su casa, su
mujer le preguntó sorprendida: “¿Qué has hecho con tus brazos?”.
- Me cansé de ellos y me los arranqué- respondió Kalim.
- Tendrás que ir a buscarlos; vas a necesitarlos para el almuerzo. ¿Dónde están?
- En un abismo, muy lejos de aquí.
- ¿Y cómo has hecho para arrancártelos?
-Me despegué el derecho con el izquierdo y el izquierdo con el derecho.
-No puede ser -respondió su mujer-, pues necesitabas el izquierdo para arrancarte el derecho, pero ya
te lo habías arrancado.
- Ya lo sé, mujer; mis brazos son algo muy extraño.
Olvidemos eso por ahora y vayamos a dormir -dijo Kalym abrazando a su mujer-.
EL MICROCUENTO
Raúl Brasca
Todo microcuentista que se precie tiene tendencia a caer y recaer jubilosamente en la
metafísica o, al menos, a regocijarse con asombrosas respuestas a las grandes preguntas. Si la
índole irrenunciable de sus preocupaciones metafísicas determina el tema de sus minificciones,
otra cosa es la que los impulsa a darles forma y escribirlas, ya que no es la búsqueda de una certeza
a la que han renunciado de antemano. Hablo de producir lo bello, de la balsámica emoción que
eso proporciona y también de un ejercicio intelectual donde la invención y el ingenio son
particularmente importantes. |
COMUNICACIÓN Pablo Urbanyi
Húngaro-argentino
El y ella. Los encontramos sentados en los dos extremos de un sofá de tres plazas.
Él la observa con un poco de temor. Por fin se anima a hablar:
Él: Parece que estás de mal humor, ¿qué te pasa?
Ella: No me pasa nada. Y te ruego que no hagas suposiciones sobre mí.
Breve pausa:
Él: ¿Es por algo que dije?
Ella: No.
Él: ¿Es por algo que no dije?
Ella: No.
Él: ¿Es por algo que hice?
Ella: No.
Él: ¿Es por algo que no hice?
Ella: No.
Una pausa más larga. Toma aire y remarcando con claridad las palabras:
Él: ¿Es por algo que yo dije casualmente con relación a algo que hice y que no
debí haber hecho ni dicho, o, por lo menos debería haberlo hecho y dicho de otra manera y
tomando en cuenta tus sentimientos?
Ella: Algo así. Pero basta, no insistas.
 BIBLIOGRÁFICA
Las semillas del tiempo
Con los cuentos ultracortos de esta obra, el narrador colombiano Juan Carlos Botero
propone para la minificción el poético nombre de EPÍFANO. Cuentos con una
extensión máxima de una página cuya dureza y dramatismo son sorpresivos,
dramáticos. La ciudad es el escenario donde en alto porcentaje acontecen estos 46 minirrelatos.
Incluye un extenso ensayo sobre el cuento breve titulado El Epífano: Una alternativa en prosa.
Editorial Planeta, Bogotá, Colombia, 1994, tercera edición. |