EL VIOLINISTA Y EL VERDUGO
Fernando Ayala Poveda (Colombia)
Cansado del cielo, Jacob abandonó su castillo y regresó a la tierra. A
medianoche penetró en la recámara del sargento Ordax, lo despertó con un golpe de
sombra y le dijo:
¿Ya no me recuerda?
No - le respondió el verdugo -. ¿Qué desea de mí?
Recuerde -dijo Jacob con vehemencia-, yo soy el hombre que usted asesinó en el conservatorio de
música de Miraflores, en la noche de los coroneles.
No quiero hablar de cuestiones políticas.
Yo era músico, ¿sabe usted? En la noche de mi muerte, daba mi primer concierto. Me
preparé durante treinta años para esa gran noche.
Lo que fue ya pasó -dijo el verdugo implacable-. El mundo no ha perdido nada sin su
música. Fíjese: todo sigue en su mismo lugar. ¿Por qué se lamenta?
Por mi violín. Usted lo guarda debajo de su cama. Quisiera volver a tocarlo.
Puede tocarlo si quiere. Pero después saldrá inmediatamente de aquí. Tengo que
madrugar.
Jacob tomó el violín, lo acarició con amor y el mundo se llenó de
música.
Al principio, el verdugo escuchó aquel concierto con mirada cejijunta, pero más tarde, su
rostro se transformó. Luego se levantó de su camastro y se aproximó a la ventana. A
través de las rejas de hierro contempló la luna de octubre, y entonces comenzó a
silbar una balada feliz, que le evocaba los caballos y las mariposas de su niñez.
Cuando Jacob dejó de tocar el violín, el verdugo le dijo:
Su música es bella, muy bella, y saludable. Ahora usted debe irse. Ya ha cumplido su deseo. No es
bueno que dos sombras hablen en la oscuridad.
Jacob se marchó al cielo con una tremenda nostalgia por los hombres y por su violín.
Un año después, el sargento Ordax, discretamente, concluyó su primer curso de
música en el conservatorio de Miraflores, y desde entonces eligió el violín como el
instrumento de su destino.
LA MINIFICCIÓN
Lauro Zavala (Méjico)
La minificción es la narrativa que cabe en el espacio de una página. A
partir de esta sencilla definición encontramos numerosas variantes, diversos nombres y
múltiples razones para que sea tan breve. Aunque el estudio sistemático de la
minificción es muy reciente, pues se remonta a los últimos diez años, su existencia
en Hispanoamérica se inicia en las primeras décadas del siglo XX. La minificción es
la escritura del próximo milenio, pues es muy próxima a la fragmentariedad
paratáctica de la escritura hipertextual, propia de los medios electrónicos. |
UNA ANCIANA QUE CAE
Danill Harms (Rusia)
Una anciana demasiado curiosa cayó desde una ventana y se rompió los huesos.
Otra anciana se asomó a la ventana a mirar a la anciana caída, pero por exceso de curiosidad
también cayó y se rompió los huesos.
Después cayó una tercera anciana, luego la cuarta y la quinta. Cuando cayó la sexta
anciana, me cansé de mirar y me fui a la feria, donde, según decían, a un ciego le
habían regalado un paño tejido.
 SER O NO SER
Sufismo
Nasrudín va por el camino con su carretilla y dos mulas. Fatigado por el viaje se
detiene y se pone a dormir. Cuando despierta descubre que le faltan las mulas. Entonces reflexiona:
“Si yo soy Nasrudín me han robado dos mulas. Pero si no soy Nasrudín, encontré
una carretilla”.
TABÚ
Enrique Ánderson Imberi (Argentina)
El ángel de la guarda le susurró a Fabián, por detrás del
hombro. ¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra
zangolotino. ¿Zangolotino? - pregunta Fabián azorado. Y muere
BIBLIOGRÁFICA
Cuentos breves latinoamericanos.
Selección de Alejandra Torres. Coedición Latinoamericana. Noviembre de 1998.
Sao Paulo, Brasil. Contiene cuentos bonsai de 54 autores y 20 países. Cuentistas de la talla de
Ánderson Imbert, Arreola, Galeano, Eliseo Diego, Monterroso y María Colasanti. Con
prólogo de Alejandra Torres. Colombia está representada por Triunfo Arciniegas, Fernando Ayala
Poveda y Manuel Mejía Vallejo. |