jaime lopera josé raúl jaramillo restrepo humberto senegal fabio osorio montoya carlos alberto agudelo arcila
alfonso osorio carvajal
EDITORIAL
Este número especial de MINIFICCIONES se dedica, en su totalidad, a presentar textos de autores que leyeron sus microrrelatos durante el I Encuentro de Minicuentistas Quindianos, primer paso en el proyecto de convocar, para un encuentro en Calarcá, Quindío, a minicuentistas colombianos y al escritor mejicano Lauro Zavala, una de las mayores y reconocidas autoridades en minicuento hispanoamericano.
MINIFICCIONES es una publicación de periodicidad semanal especializada en cuento hiperbreve. Cumplimos ocho meses de actividad literaria continua, dando a conocer en nuestro medio a escritores de minicuento foráneos, nacionales y regionales. En su despertar como uno de los ámbitos turísticos más hermosos y atractivos de Colombia, el Quindío puede mostrarse a nivel nacional e internacional como centro cultural y literario del minicuento. Calarcá, con la revista MINIFICCIONES, entre otros elementos de trabajo en torno a la teoría y práctica del género, es sede del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala, que se consolida día tras día en sus propósitos gracias al estímulo que recibimos de escritores colombianos por el estilo de Harold Kremer, Guillermo Bustamante Zamudio, José Raúl Jaramillo Restrepo, Javier Tafur, y teóricos de la talla de Lauro Zavala, desde Méjico; Violeta Rojo, desde Venezuela y Raúl Brasca, desde Argentina.
Son treinta y cuatro números de la revista, que celebramos con la publicación de este especial, dentro de las actividades culturales de las fiestas aniversarias de Calarcá. MINIFICCIONES es, en este momento de expansión turística que vive el Quindío, un producto cultural y literario que nos representa con fidelidad en el exterior, atrayendo el interés hacia las expresiones literarias de este sector colombiano. Esta publicación es el testimonio del I Encuentro de Minicuentistas Quindianos, diciéndole a Colombia e Hispanoamérica que existe una pequeña ciudad donde la minificción es parte vital de sus procesos culturales: CALARCÁ.
Leidy Bibiana Bernal R. |
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CARLOS ALBERTO AGUDELO ARCILA
ENGÁÑATE
Cuando te sueño, vives.
Pero si estoy viva, aún en tu vigilia.
No, anoche te maté en mis sueños.
Seguro que estoy viva: me palpo, te palpo.
Está bien, engáñate.
Al terminar el diálogo, ella se esfumó entre el aroma que exhalaban las flores del jarrón, mientras él sonriente, se deshizo en una sombra por la rendija que le condujo al mundo donde pertenecía.
ALFONSO OSORIO CARVAJAL
EL PRIMER HOMBRE
Estaba convencido de que era Adán, de que siempre lo había sido, de que alguna vez vivió en el paraíso.
La idea lo atormentaba, no lo dejaba dormir, le sacudía el cerebro como si se tratara de una mezcladora de cemento.
Era consciente de que ya habían pasado miles de años desde que a Dios se le había ocurrido la idea de crear al primer hombre, mas no dejaba de pensar que tenía algo que ver con ese suceso.
Su sospecha sobre el particular era fija, persistente y casi patológica. Sin embargo, esto era un secreto que no se podía confiar a nadie, pues corría el peligro de pasar por loco.
De todas maneras debía continuar su paso por este mundo, resignado como el que más, a tener que vivir con una costilla de menos.
JAIME LOPERA
AMOR A LA TIERRA
Cuenta J.G. Ballard que el rito de la fertilidad en una tribu indígena, cuyo nombre y ubicación omite, consiste en cavar agujeros en el desierto y copular con la tierra. Un día, hechizado por esa imagen, lo pillaron procurando un orgasmo con el muy respetable campo de criquet de Shepperton , su ciudad natal, al oeste de Londres.
Ahora comprendo la razón por la cual me siento enamorado de la encina de mi patio: porque descubro que con ella también me asaltan ideas de fertilidad. Cuando la poseo, por lo general en la medianoche para evitar los chismes y los alborotos, ella parece gemir entre sus nudos rugosos y yo, en cambio, me deleito con la esperanza de verla parir algún día.
EQUUS
La desmesurada erección del caballo la dejó estupefacta y atemorizada. Pasado un tiempo, a ella la persuadieron de prestarse al experimento de inseminación -en el momento preciso de su fertilidad- y fue así como recibió en su vientre todo el fluido del equino sin detenerse a pensar en la clase de criatura que habría de ser engendrada.
Fue un niño robusto y alegre. Tan sólo que el médico no pudo ocultar su preocupación porque la criatura, en vez de llorar, relinchaba como un bendito.
JOSÉ RAÚL JARAMILLO RESTREPO
VENGANZA
Después de una costosa cirugía, le cambiaron la cara al poderoso señor de la mafia.
Al mirarse en el espejo con marco de oro macizo-, comprobó, horrorizado, que su rostro había quedado exactamente igual ¡hasta el mínimo detalle!- al de su más odiado enemigo.
Aprovechó la oportunidad que la vida tan generosamente le brindaba, y le pegó un tiro en la sien. |
OBRA FUNERAL
Ya había escogido la música que deseaba que interpretaran en su funeral. Era una obra reconocidamente clásica. Que fuera esa producción musical y no otra, comentaba y exigía.
Soñaba verse sentado en una de las bancas de la catedral gótica de su ciudad, en el culto relativo a su funeral, en su definitiva ceremonia.
Al pasar frente a una venta de música, cerca de la única iglesia gótica de su ciudad, oyó la sin igual, bella obra, y cayó fulminado por un infarto.
UMBERTO SENEGAL
LOS GUAYACANES
La muerte llegó sin utilizar la puertecita del jardín, por donde el poeta entraba en su casa a huéspedes especiales. Eligió la ventana para penetrar en la biblioteca. Los árboles del jardín eran la vida del escritor.
Bueno...-dijo la muerte.
¡Bueno! -respondió el poeta pero, antes, permíteme despedirme de mis guayacanes.
¿Guayacanes? -preguntó la muerte, y acompañó al poeta hasta el jardín, donde tres frondosos guayacanes, cargados de flores lilas, amarillas y rosadas, eran la fiesta de aquel lugar.
Son lo único que extrañaré -admitió el poeta. Y agregó, señalándolos:
¿Habrá algo parecido... allí?
Varias flores cayeron sobre la muerte.
Creo que no- respondió ella con desconsuelo- ¡Son hermosos! Nunca me los mostraron.
El suelo estaba tapizado de flores y cada instante, descendiendo en espiral, caían más a su lado, llevándolas y trayéndolas el viento.
¿Verdad que sí?...Y, además de esto, espera a que se llenen de aves- advirtió el poeta.
Entonces, la muerte, ya sin prisa, lo invitó a sentarse bajo uno de ellos.
FABIO OSORIO MONTOYA
PUENTE II
Sin rodeos llegó hasta el puente y gritó: "Voy a saltar". Subió al pasamanos del puente, que determina el límite del mismo con el vacío: Límite entre la vida y el olvido. Abajo, el abismo espera con su boca abierta el golpe final del suicida; la altura exacta desde la baranda a las rocas del río, es de 89 metros y 60 centímetros.
Gritó de nuevo: "Voy a saltar". Las autoridades empiezan a llegar, grupos de gente curiosa hacen presencia; el viaducto se atesta de camiones, buses colmados de personas. Todo tipo de automotores. El tiempo fue suficiente para que muchos ciudadanos acudieran a aquella cita con el horror; ninguno quería perderse el espectáculo. Del puente se hablaba bastante, de los suicidios mucho más. Llamaba la atención aquella teoría de que a los suicidas no les gustaba dar a conocer su fatídica decisión. Llegaban hasta allí, en medio de la soledad y saltaban a lo hondo. Este hombre, en cambio, era especial, saltaría a la vista de toda la gente, en pleno medio día, por ello, en parte, había acaparado la atención de los morbosos. En el fondo, los habitantes de la ciudad tenían algo de suicidas, de sádicos pero en particular de cómplices: querían asistir al salto final de aquel individuo.
El hombre llevó la punta de los pies al borde del pasamanos, respiró profundo, iba a saltar, ¡todo estaba listo! Los espectadores allí presentes abrieron los ojos con desmesura; a otros les resplandecía el deseo en la cara, gozaban una contenida emoción. Las autoridades en su ley de hipócritas inevitables, trataban de persuadirlo. Todos estaban inmóviles, expectantes.
El hombre hizo un ademán, un gesto final, tomó impulso... pero en ese instante la gran mole de hierro y cemento cedió y el puente se vino abajo. |
JAIME LOPERA: "Equus", "Amor a la tierra", en su libro inédito, El Copulario de Pasiflora Gómez, Calarcá, Quindío, Colombia, 1997.
JOSÉ RAÚL JARAMILLO RESTREPO: "Obra Funeral", en su libro Textos breves. Ediciones la Balsa, Medellín, 2002. "Venganza", texto inédito. Medellín, Colombia, 2004.
UMBERTO SENEGAL: "Los Guayacanes", en su libro inédito Minificciones 2. Calarcá, Quindío, Colombia, 2004.
FABIO OSORIO MONTOYA: "Puente II", en su libro inédito Farsante. Armenia, Quindío, 2002.
CARLOS ALBERTO AGUDELO: "Engáñate", en su libro inédito Demonios de un día. Calarcá, Quindío, Colombia, 2004.
ALFONSO OSORIO CARVAJAL: "El primer hombre", texto inédito. Armenia, Quindío, Colombia, 2004. |