Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Definitivamente, hay hechos para destacar, cuando uno menos se imagina. Siempre he evadido
a quienes me requieren para ser jurado calificador de algún evento. Sin embargo, en
esta ocasión, me tomaron por sorpresa y acepté sin balbucear.
En la EAM se organizó la Feria Empresarial, evento en el cual tomaron parte estudiantes
de segundo y tercer semestres de Administración de Empresas. Debía presentarme
en la mañana a iniciar mi recorrido como jurado, pero preferí mirar, observar
sin detenerme a juzgar absolutamente nada.
Había jóvenes por todo lado, corriendo, llevando elementos, colocando paneles,
organizando cada sitio. Cuatro pisos por los cuales se hacía difícil caminar.
Estaba que me arrepentía y quería salir a decirle a quien me llamó, que
renunciaba a ser jurado. Había muchas "empresas" y esa labor iba a ser demasiado
ardua.
Pero, por la tarde, a eso de las cuatro, me decidí. Caminé con todos los papeles
hacia el edificio donde se hallaban las "empresas". Ya era una tarea para hacer.
No se podía reversar.
Una a una, lentamente, conversando con los muchachos y las niñas, iba sintiendo que
estaba en el lugar indicado, el correcto. Preguntas, sonrisas, miradas, nerviosismo, porque
al mirar mi escarapela, encontraban la palabra: jurado. Terrible palabra para los grupos que
pensaban en ocupar un lugar importante al final del evento.
Llegaban a mí todos los artículos que he escrito sobre los jóvenes.
Siempre he creído en ellos. Los he defendido. Han sido mis amigos. Una palabra interesante
se incrustó en mi mente: Creatividad. Eso era lo que estaba viendo y viviendo. La creatividad
de los jóvenes estaba allí. Mostraban lo que estaban haciendo, sus sueños,
sus esperanzas, sus deseos de formar "empresas", palabra que muchos desechan porque
la consideran una utopía, pero esos muchachos y niñas tenían ideas nuevas,
conceptos diferentes, sueños que, mostraban con el brillar de sus ojos y las explicaciones
sobre cada producto.
Al terminar, no sentí cansancio alguno. Estaba alegre. Había encontrado algo
distinto en miradas, sonrisas, sueños. Tenía una bolsa llena de regalos, producto
de mis visitas a las "empresas".
Me reuní con dos jurados más y pude comprobar que no estaba equivocado. Los otros dos
sentían el mismo regocijo, la misma satisfacción. Hablamos, conversamos y concluimos que los
jóvenes tienen grandes capacidades, ideas, creatividad, sueños, ganas.
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