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MANUEL GÓMEZ

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UN TAXISTA ENAMORADO DE "ISABELLA Y EL ABUELO"

Manuel Gómez SabogalPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Llegar a Bogotá a la Feria del Libro, era mi intención. Era un sueño grande, mostrar un libro en dicho evento. Gracias a Iván Gutiérrez Isaza, se hizo la gestión con Dislectura para llevar el libro "Isabella y el abuelo" a la Feria.

Fue así como envié los ejemplares con tiempo y Dislectura los exhibió desde el primer día de Feria. Decidí que viajaría a Bogotá los últimos días de dicho certamen, pues mostrar un libro y con mi nombre, no creía que iba a tener mucha acogida.

Mi gran sorpresa fue cuando Norberto Vallejo me entrevistó para su excelente programa "El club de lectura" en Caracol Radio. 14 minutos hechos con afecto y ternura abrieron un gran espacio. Fue cuando empecé a recibir llamadas y correos de personas que deseaban adquirir el libro.

Recibí datos de Bogotá, Riosucio, Medellín, Pereira, Cali, ciudades a donde despaché el libro. Quienes residen en Bogotá y me llamaron o escribieron, me preguntaban siempre que si iba a la Feria, pues deseaban que les firmara el libro. Les informé a todos por correo o teléfono que iría viernes 5 y sábado 6 al pabellón 3, lugar donde estaría mi libro.

Invitaciones a almorzar, comer, disfrutar. Acepté gustoso todas las invitaciones, incluyendo la de Nicolasa Burgos Molina, gran mujer y a quien no veía desde cuando fue mi alumna en el desaparecido colegio de nuestra Señora del Rosario en Armenia.

El mismo viernes 5, llegué muy puntual a almorzar a su restaurante Kaffarte. Delicioso almuerzo y buena aunque corta charla. Sus ocupaciones eran grandes, pero fue un momento maravilloso.

Salí de allí y tomé un taxi que me llevara a Corferias, pues tenía programado firmar el libro de 3 a 6 de la tarde.

Tenía un libro en mis manos, comencé a conversar con Jorge, el taxista. Como siempre en Bogotá, el pasajero va en la parte de atrás. Ahí comencé a leerle apartes del libro. Jorge se reía y también me hablaba de su hija, Isabella. Le conté que mi nieta vive en Canadá y que ese libro era como tenerla a ella conmigo.

Casi al final del recorrido, se presentó el siguiente diálogo:

  • ¿Cuánto le debo?
  • Perdón, ¿por qué lado va? Expone o va de visita.
  • Déjeme por el lado del arco, por favor. Ahhhh En la Feria está el libro, o sea lo expongo.
  • No puedo creerlo. Voy con un escritor.
  • No diga eso, por favor. Qué dirán mis amistades. Solamente va conmigo, Manuel.
  • Llegamos. Ahora sí, ¿cuánto le debo?
  • Hagamos una cosa, me dijo. ¿Me deja el libro? Así me paga la carrera.

No lo podía creer. Un taxista en Bogotá, se había enamorado del libro.

  • Claro. Se lo dejo. Con mucho gusto.

Se fue sonriente y eso me dejó feliz. Allí en ese sector, estaba Adriana esperándome. Su historia es increíble...

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