El domingo tuve qué quedarme en cama. Detesto ver televisión, pero, en la noche, no hubo más remedio que prender el dichoso aparato para entretenerme un poco después de haber leído una bella historia.
Pasé canales hasta encontrar un programa en el cual no me pensaba detener, porque las famosas teles realidades me tienen hasta el cuello.
Sin embargo, cuando empezaron a mostrar personas y detalles acerca de lo que sucedía con cada una, empecé a entender que este era un programa diferente.
Tengo una ilusión me hizo ver a personas discapacitadas trabajando por una comunidad. El optimismo de jóvenes y adultos que, gracias a su fe y paciencia han logrado que los demás entiendan que los sueños pueden ser realidades. Un joven que perdió sus piernas y su increíble sonrisa, invitando a los demás a que no pierdan sus sueños. Un joven que ayuda a otros con su mismo problema. Un padre que no veía a su hijo desde cuando este tenía tres años.
Es decir, para mí, fue una muestra de fortaleza, fe e ilusión. No me puedo quedar en cama, cuando soy capaz de hacer muchas cosas por los demás. Cuando puedo cambiar aspectos en mi vida y cuando sé que tengo todavía muchos sueños por realizar.
Esta es una invitación para aquellos que protestan por todo, se quejan constantemente y deciden quedarse esperando a que pase la vida.
Los sueños se cumplen si queremos que así sea. Mientras estemos vivos y tengamos los cinco sentidos, hagamos que los sueños sean realidades.