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Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Este 15 de enero fue dramático en todo el país. Me llegaron innumerables correos
pidiéndome solidaridad. Muchos decían que las fotos eran desgarradoras, tristes,
maquiavélicas. Que deberíamos hacer algo. Que debíamos prepararnos para un
gran encuentro el 4 de febrero. Que debemos ser solidarios con quienes están en la selva.
Escuché a los hijos de los secuestrados y me dolió en el alma todo lo que expresaron.
Recordé muchas frases y poemas como este:
Primero se llevaron a los negros,
pero a mi no me importó
porque yo no lo era.
Enseguida se llevaron a los judíos,
pero a mí no me importó,
porque yo tampoco lo era.
Después detuvieron a los curas,
pero como yo no soy religioso,
tampoco me importó.
Luego apresaron a unos comunistas,
pero como yo no soy comunista,
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.
Bertold
Brecht
También, me llegó a la mente aquella que más o menos dice: "Lo malo de la gente
mala es el silencio de la gente buena".
Y me llegaron momentos desgarradores como Bojayá, masacres en pueblitos, el niño que
moría de cáncer y suplicaba para que liberaran a su padre, los ex diputados del Valle del Cauca,
la imagen miserable de Ingrid Betancur. Y hay muchos cuadros plenos de tristeza y amargura, de sangre y llanto
en un país que no merece esta miserable guerra. Nos quedamos tranquilos, callados, en silencio,
esperando.
Desde hace muchos años, la solidaridad desapareció como por encanto. Recuerdo, con nostalgia,
cómo la puerta de nuestra casa permanecía abierta. Los vecinos entraban, saludaban, se quedaban o
nos invitaban a pasar a la suya. Así mismo, en diciembre sobraban natilla y buñuelos, pues lo que
mi madre y mi abuela preparaban era no solamente para la familia, sino para los vecinos.
Si alguien robaba, todos corrían tras el ladrón. No alcanzaba a escaparse, porque la
solidaridad de todos los vecinos se hacía sentir. Si alguien enfermaba, la casa se llenaba de visitantes
generosos, amables, preocupados. Pero, ahora, poco o nada queda de todo aquello.
Sin embargo, en estos días, cartas de secuestrados nos han tocado. Las voces de los hijos o esposas,
nos han hecho llorar. Hemos sentido ese dolor, ese sufrimiento y hemos sentido que no nos podemos quedar
cruzados de brazos. También, las palabras de una hija que no ha visto a su padre en 10 años.
Preguntas que nadie pudo responder, porque tenemos todas las oportunidades y todos los momentos a nuestro
favor.
Cambiemos, volvamos a nuestro pacto de vecinos solidarios. Seamos mejores vecinos para que allí
renazca la verdadera solidaridad. Demos ejemplo y que este valor vuelva a ser importante para todos.
Así, empezaremos a construir una mejor Colombia.
La unión nos hace tan fuertes, como débiles la desunión. Esopo
La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e
implica respeto mutuo. Eduardo Galeano. |