Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Ese sábado estaba descansando como nunca. Había leído el periódico y había terminado de leer
un libro.
En la tarde, me acosté un rato. A eso de las 4 de la tarde, me
levanté, me bañe otra vez, pues en la mañana ya lo había hecho y me senté
a ver televisión. Pasé diferentes canales. Quería ver una película agradable,
de humor. No estaba para nada diferente. Quería reírme un rato. De pronto,
me detuve en el canal donde estaba el Presidente y detallé algunas caras
conocidas. Escuché detenidamente algunas intervenciones. Creí que estaba en un canal de humor.
Protestas, protestas, quejas, más quejas. Sonrisas del Presidente.
De pronto, un reconocido
político quindiano pidió la palabra. Recordé que, semanas atrás, dicho político
quindiano había cambiado de partido, al igual que otros muchos políticos
colombianos, porque esa es la moda, pero según este político, lo hizo porque
sintió el llamado a dar la vuelta en u. Aquí encontraba el verdadero camino, el liderazgo.
Y
hablando de liderazgo, el político quindiano, con voz entrecortada y emocionado
le dijo al Presidente: -"Señor Presidente, en el Quindío, en Armenia, no
tenemos Éxito. Hace dos años nos prometieron que construirían el Éxito y
hasta ahora nada. Tampoco hay Carrefour."
El Presidente, dirigiéndose al político
quindiano, así como hablan los Presidentes, con voz de Presidente, le contestó:
- "No puede ser. Ya llamo al gerente del Éxito." – Aló. Qu´hubo pues. ¿Todo
bien? Perdona que te llame a esta hora, pero es que quiero un favorcito.
Cómo te parece que en Armenia me están diciendo que no han ubicado el Éxito.
Ahhh. Bueno. Ya les digo." Y dirigiéndose a la multitud, les dijo: "Tranquilos
mijitos. El año entrante tendrán el Éxito." Luego, hizo otras dos llamadas.
Una al Gerente de Carrefour y otra al de Alkosto. Todos le dijeron que el
año entrante Armenia tendría todo eso y más, mucho más. Y el público aplaudió
a rabiar.
Y yo, sentado frente al televisor, me quedé pensando, pensando.
Así como cuando uno se sienta a pensar. "¡Qué pena del doctor!", me dije.
No puede ser cierto lo que escuché.
Yo creí que estaba en un programa de humor,
pero no. Era la reunión del Presidente con la alcurnia del Quindío. Con los
llamados a inaugurar el Centro de convenciones de Armenia. Y a mí, me dio
pena. Pero en serio. Así como cuando a uno le da pena de verdad.
Cómo así
que un político quindiano poniéndole quejas al Presidente. Y yo que estaba
seguro que los políticos eran líderes de regiones y ciudades. Ahí sí sentí
que lo que yo sabía, era cierto. Que en el Quindío no hay líderes. Porque
si en el Quindío hubiese líderes, eso no habría pasado y esos hipermercados ya estarían en
Armenia.
Pero como nuestros políticos se las pasan en peleas y tramitando traspasos a otros
partidos, así es muy difícil. No hay con quién, ni con qué. Y lo más grave
es que ahora, cuando andan buscando votos, nadie sabrá de dónde vienen, ni
para dónde van, pero como todo político que se respete, dirán que ya encontraron la verdad,
porque antes estaban en el lugar equivocado. Y a todos pedirán los votos necesarios para lo
que sea. Y la gente volverá a creer en lo que nunca ha creído.
Y yo, sigo aquí, pensando, recordando
que en Armenia hubo terremoto y reconstruyeron Pereira y para qué, pero...
¡Qué pena del doctor! |