Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
El sábado 20 de noviembre, estaba invitado a la celebración de los 25 años de la Fundación Familiar Faro y asistí. Claudia Marcela Orozco me buscó, llamó y entregó la tarjeta, decidí de inmediato que no fallaría a tan importante cita en la Casa de la Cultura de Calarcá.
Cuando empezó el programa, se entonaron los himnos y Fausto interpretó el himno de Ffaro. Todos nos pusimos de pie. Fue un momento importante. Luego, los premios o condecoraciones a quienes tanto han hecho por Ffaro durante este cuarto de siglo.
Ahí, en esas entregas, muchos de quienes han pasado por Ffaro hablaron, invitaron, abrazaron. Los condecorados, personas que han hecho de Ffaro una entidad que vale la pena en 25 años de lucha.
Uno de los condecorados, fue fundador de Ffaro. No pudo contener las lágrimas. Recordó momentos interesantes en estos 25 años y eso hizo que quienes allí estábamos, reflexionáramos sobre tantas vidas que se han logrado salvar.
Fue una hermosa noche. Jóvenes que vinieron de muchas partes del país y que quisieron agradecer, estar allí para decir ¡Presentes! Jóvenes que alguna vez fueron drogadictos, pero que gracias a la labor de Ffaro ya salieron de ese gran problema. Jóvenes que quisieron salvarse para salvar a otros. Muchos de ellos son ahora ejemplo de vida de los demás. Les ayudan a salir. Es un proceso duro, difícil, pero lo logran. Ellos estaban allí.
El programa continuaba y yo seguía pensando en toda esa labor, en todo lo que escuchaba, en los testimonios de quienes recibían las condecoraciones o premios. Podía comprender por qué tanto amor, por qué se hablaba de Ffaro como familia, como algo especial para los jóvenes.
Al terminar la programación, conversando con algunos amigos, pudimos concluir que este trabajo lo hacían esas 115 personas, en todo el país, con mucha dedicación y compromiso. Increíble encontrar tanta gente que quiere ayudar para que niños y jóvenes salgan de ese horripilante infierno.
Daniela, una hermosa niña, rubia, de Medellín, ingresó a Ffaro por ser adicta. Hoy, con orgullo, estudia Derecho en una importante universidad de Medellín. También, estaba una niña con su familia. Ellos se encontraban complacidos, porque ya su hija está de vuelta del mundo miserable de las drogas. Pude conversar con otros jóvenes y familiares de muchos que ya han salido de ese infierno. Fue algo que me llegó al alma.
Me dejó muchas enseñanzas. Sigo aprendiendo. Esa noche de sábado fue muy especial, fue una hermosa noche, porque sé que niños y jóvenes pueden ser mejores cada día y podemos salvarlos de ese terrible flagelo de las drogas. Aunque hay una institución como Ffaro, aunque haya otras que estén trabajando incansablemente, los padres deben ser quienes los guíen, orienten, les den mucho afecto. Sigo creyendo que los niños y los jóvenes no son los culpables.
Estos sí son verdaderos protagonistas de la vida. Definitivamente, ¡Qué hermosa noche! |