Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
No es fácil hablar de amor o de afecto en esta época. Sin embargo, en este país
enfermo, en cuidados intensivos, vale la pena intentarlo y trabajar por el afecto.
En muchos hogares no hay afecto. Los padres y los hijos se hallan distanciados totalmente. No
hay abrazos, caricias, ni besos. Los hijos se van para la escuela, el colegio o la universidad con un simple
“chau”. Cuando regresan, preguntan por el almuerzo o la comida, de pronto, preparan sus tareas y
se van a su habitación a ver televisión o al computador. (Ya en cada casa se implementaron
estos elementos en las habitaciones de los niños y los jóvenes). Es más fácil
deshacerse de ellos. Molestan menos y no están en la calle o hablando como "loros".
El afecto no existe en los hogares y menos desde cuando la mamá se fue para España,
el papá está dedicado a su trabajo y los hijos se quedan con la abuela o la tía.
Niños y jóvenes se sienten solos y abandonados No hay afecto, no hay hogar y si no
hay hogar, empezamos mal.
Palabras negativas empiezan a fortalecerse y llevar al muchacho o a la niña a la droga,
el licor, el vicio y de pronto, al suicidio. Entre estas palabras negativas, tenemos la soledad,
la tristeza, la desesperación y en especial, la depresión
En la escuela, el colegio y la universidad, también se requiere el afecto. Los niños
y los jóvenes son apáticos. Algunos de sus profesores trabajan con problemas que
traen de sus hogares o están enseñando "porque les tocó". Porque
no encontraron más algo qué hacer y fue el único trabajo que se les apareció.
Sus problemas están por encima de la educación.
Muchos docentes se limitan a dictar su clase y los niños y jóvenes ven cómo estos
también se parecen a sus padres. Poca relación y confianza. Tampoco les pueden hablar.
Están, como sus padres, muy ocupados. Vuelven a sentir la soledad, tristeza, preocupación.
En las empresas, con base en la motivación a sus empleados, pueden fortalecer el afecto.
Si los empleados trabajan felices y sienten que entre sus jefes hay afecto, que entre ellos hay
afecto, que entre sus jefes y ellos hay afecto, la empresa será, cada vez más grande,
mejor, llena de alegría y el trabajo se convertirá en delicioso alimento del espíritu
y se hará con satisfacción. Los resultados serán mejores y su calificación
siempre será excelente.
Por consiguiente, procuremos que haya afecto. Que los abrazos, las caricias y los
besos renazcan en los hogares para que haya más felicidad. El afecto debe ser una de nuestras
bases para mejorar en todo sentido. |