Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Quien escribe esta nota, no es un santo, ni algo por el estilo, sino un ser humano común
y corriente. Ni quiere posar de moralista. Simplemente quiere que nuestros muchachos empiecen a
ser responsables y que nosotros, los adultos, no mostremos la pasividad de siempre ante lo que
se está presentando.
El sábado 29 de septiembre a las 8.30 p.m., cuando ya Quindío perdía 2 – 0
con América, casi a la misma hora, se detenía una “chiva rumbera” a la
entrada de Pueblo Tapao y a veinte metros del puesto de policía. El bullicio era grande
y la música estridente. Se empezaron a bajar quienes venían allí y,
para sorpresa de los contertulios de los diferentes establecimientos en el sector de comidas y
licor, la gran mayoría de los visitantes, niños y niñas entre 11 y 16 años.
Había cuatro adultos, incluyendo el conductor.
Cuando todos los allí presentes creían que esos niños y niñas pedirían
gaseosas y dulces, la predilección fue cerveza en lata y ron. Al preguntárseles por
su edad, procedencia y por qué tomaban licor, las respuestas eran simples. Niños
y niñas entre 11 y 16 años, de 6º, 8º y 11º grados de los colegios
John Dewey, Robledo y Tecnológico, de Calarcá. En el sitio llamado “El Gaucho“,
les vendieron sus cervezas y rones. Tomaban porque podían y nadie les impedía. Al
ser interrogadas dos madres acompañantes, se limitaron a decir que ellas venían con
sus dos hijos y que no tenían por qué responder por los demás. Que
la “chiva” fue contratada para una salida por el Quindío y que estaban muy
contentas.
Deprimente y triste. ¡Padres irresponsables!
¿Cómo dejan
solos y solas a niños y niñas menores de 16 años para que se vayan de farra
en una “chiva? Yo que pensaba que gracias a tantas charlas en los colegios, noticias en prensa,
televisión y radio ya estaba aprendida la lección. ¡Qué tristeza! Y
respuestas como las de las dos madres que se limitaban a “cuidar” únicamente
a sus hijos, que los demás no eran su responsabilidad y culpaban a los demás padres
porque no estaban presentes ¿Y entonces, los otros niños y niñas? Poco importaban,
pues no eran los suyos.
Estoy seguro que la gran estrategia de los otros niños y niñas para que los padres
irresponsables les dieran permiso, fue el que iban algunos padres de familia “muy responsables”.
Lo que jamás se imaginaron los padres irresponsables fue que esos otros padres de familia
no se iban interesar, en momento alguno, por sus hijos e hijas.
Desde hace algunos días, he venido escuchando y leyendo acerca de la preocupación
de muchas personas por el incremento en el consumo de licor, drogas y muchas cosas más, por
parte de menores de edad, patrocinados, en muchas oportunidades, por los colegios
o los padres de familia.
Es deprimente ver menores de edad borrachos o trabados. Es triste saber que
niñas y muchachos menores de edad rumbean hasta la una ó dos de la mañana
en discotecas, se van en “chivas”, o van a clubes sin control alguno. ¿Dónde
están sus padres? ¿Quién controla en el hogar? ¿Por qué se están
autorizando fiestas y salidas de estudiantes de 6º, 8o ó de 11º grado (menores de 16
años) en clubes, “chivas” o discotecas y además, dejando que tomen licor?
Las Secretarías de Educación deben prohibir definitivamente que
los directivos de los colegios permitan promover fiestas en discotecas o clubes con la famosa disculpa
de recoger fondos para la excursión de grado 11 ó realizar desfiles de moda con fines
benéficos. Así mismo, que se sancione a los colegios que permitan dichas reuniones.
Los colegios deben enviar una circular a todos los padres de familia en la cual manifiesten que
no se hacen responsables ni por dichas reuniones, ni por las excursiones. Los estudiantes no pueden
escudarse en el nombre del colegio o en la compañía de un profesor para realizar
un evento de éstos.
Los padres de familia también deben aportar su granito de arena y ayudar. No ser tan irresponsables
como en el caso citado. O es que ¿acaso se perdió el control de los hijos? No pueden
dejar a sus hijos a la buena de Dios y creer que porque están en el colegio ya no tienen
problema y que “deben aprovechar la juventud”. Educar a los hijos no significa aceptar
todo lo que ellos digan y dejarlos que hagan lo que quieran. Además, no pueden ser padres
tan irresponsables y creer que otros padres van a cuidar a sus hijos o hijas.
Los profesores (muchos son padres de familia) deben dialogar con sus alumnos. No solamente
limitarse a dictar clase, sino a ser verdaderos maestros. Aconsejar a los estudiantes hace parte
del trabajo de un profesor.
Todos podemos y debemos ayudar. Podemos hacer que se preste atención a este grave problema.
Conocemos estadísticas y sabemos perfectamente qué está ocurriendo con los
jóvenes. No nos quedemos en proyectos, actuemos antes de que sea demasiado tarde.
Por favor, ¿acaso nos hemos dado cuenta que estamos educando a los futuros
líderes de este país? |