Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
En este bello país, se hacen peticiones a todo mundo para que haya paz. Algunos gobernadores o alcaldes proponen que durante los fines de semana y días de fiesta, durante este mes, haya desarme, es decir, queda prohibido portar armas, aunque se tenga salvo conducto. Como si los otros días de la semana no pudiesen matar.
Otros piden que haya tregua, así sea una tregua en Navidad y Año Nuevo. Tregua a la guerrilla, tregua a los paramilitares, tregua a los ladrones, tregua a quienes día a día se roban el país.
Yo pido una tregua, pero de verdad. Una tregua indefinida. Una tregua que nos lleve a reflexionar acerca del valor de la vida.
La importancia que tiene la vida de una persona es tal que no creemos que somos seres humanos, que pensamos, discernimos, entendemos, sentimos felicidad, tristeza, alegría, soledad, entusiasmo, cariño, ternura, amor.
Somos seres humanos, pero algunos no piensan así. Matar se convirtió en rutina, algo normal, frecuente, diario. Y como en la novela de Rosario Tijeras se dijo: "Matar es más fácil que amar", nos creímos el cuento. Colombia es un mar de sangre, porque nada hacemos para que la situación cambie. Día a día mueren seres inocentes porque sí. Se mata porque es la única solución para algunos. Matar se volvió costumbre en un país que huele a sangre todos los días. Por nada se mata. Quienes lo hacen, olvidan que muchos van a sufrir, pero no les importa.
Robar es otro deporte para muchos. Para quienes creen que no hacen daño al país o a los demás. Robar se convirtió en algo sencillo, simple para algunos que ya tienen mucho y quieren poseer más. La avaricia los carcome. No son capaces de hacer obras, si no tienen un porcentaje con base en los contratos.
Podemos cambiar. Cada uno puede hacerlo. Podemos decir sí al cambio, a la vida. No más a muchas cosas que nos rodean. Cada uno pude ser diferente, cada uno puede empezar a cambiar, a valorarse más, a entender que en su profesión puede encontrar muchos valores. Cada uno puede creer en lo que hace, en lo que vive. A veces desconfiamos demasiado en las capacidades personales. Nos dan miedo los retos.
No es hablando mal de los otros, como progresamos. Demostremos con nuestros valores que somos capaces de ser mejores. Los demás pueden cometer errores, porque son como nosotros. Son seres humanos que caen y se levantan. Hablar de los demás es muy fácil. Hacer que los demás se sientan como piltrafas es sencillo.
Hagamos una tregua en nuestro comportamiento. Pero que sea una tregua definitiva. Cambiemos para que los demás sientan que somos personas que valoramos para que nos valoren.
Cuando algunos logran salir adelante, hay quienes están listos para atajarlos, hacerlos caer. No se reprimen en su envidia. Es una envidia miserable que los arrastra a hablar mal, decir, transmitir, volver una bola de nieve algo que no necesariamente es importante. Cambiemos. Es sencillo. Es sentarse a reflexionar para cambiar.
Digamos no más no solamente al secuestro, sino a la corrupción, a los políticos mentirosos de siempre, a senadores y representantes corruptos y mentirosos, a gobernantes que roban y roban y nada les pasa, a quienes sacan provecho personal del dolor, el sufrimiento de la comunidad. ¡No más atropellos!
¡Otra vez, Navidad! Navidad que llega con nuevos deseos, alegrías, sonrisas, tristezas, regalos, llanto.
Navidad en paz implica políticos más honestos, senadores y representantes que no sean corruptos, justicia social, erradicación de la miseria en muchos de los colombianos.
Navidad en paz significa cambio, esperanza, renovación.
¡Navidad en paz y tregua indefinida por una Colombia que se lo merece! |