Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Escribir este texto ha sido muy difícil. Tal vez ha sido uno de los que más he pensado antes
de escribir. Por todo lo que representa para mí. Por toda la tristeza que
me produjo el haberle fallado a Isabella. Porque no hice lo que tanto he recomendado siempre
a mis hijos, a mis alumnos o amigos. Porque no tengo disculpas o excusas. No las hay y no las
puede haber. No puedo creer que haya cometido este imperdonable error.
Siempre les he repetido a mis hijos que cuando tengan una tarea, la hagan inmediatamente. Que si
la misma es para el lunes siguiente, la hagan desde ahora y no esperen mucho.
Que después, se les puede olvidar, llega el día de presentarla y no la han hecho.
Les he advertido que es mejor adelantar trabajos, tareas, investigaciones para que tengan
más tiempo para otras labores. Incluso, para que chateen todo lo que deseen.
Pero no hay caso. Me tocó a mí. Y no me siento bien. Siento como si todo lo que
les dije no lo hubiera recordado. Porque no era una tarea cualquiera. Era
la tarea para Isabella. Para su cuaderno de viajero, como le llamaron.
Isabella cumple cinco añitos el 14 de mayo. Ya casi. La tarea era muy fácil, era sencilla,
simple. Yo debía escribir una nota sobre Isabella para que la llevara al
colegio. Está en el jardín. La profesora quería saber sobre anécdotas, notas, información que
familiares pudieran hacer sobre ella para plasmarlas en el cuaderno de viajero.
Además, la tenía ya escrita. Era el mejor recuerdo, uno de los escritos más bellos sobre Isabella.
Era tan sencillo. Solamente debía anexarla al correo y enviarla. Fácil, sin
complicaciones. Tuve cuatro días para enviarla y no lo hice. Lo sabía desde
el lunes y debía remitirla, al menos, el jueves, pues ella debía presentar su cuadernillo el
viernes. Un cuadernillo con fotos y notas.
No he tenido ni fuerzas para llamar o escribirle a mi hija. Le he dicho a mi hijo que me he sentido muy
aburrido. Mi hija me escribió: “papá, cómo se te olvida la carta de Isa. Eso me pone muy triste”.
No tuve valor para contestarle, porque no tengo respuestas. Ni puedo regresar el tiempo.
El tiempo. Ese que nos traga enteros y no nos damos cuenta. El tiempo que tenemos
para muchas cosas y para otras, se nos acaba demasiado rápido. El tiempo
que, a veces, nos traiciona.
Yo tuve tiempo. Tenía tiempo. Siempre tengo tiempo. Escribo por la mañana, por la tarde, por la noche. Hago
notas, envío artículos, pongo vídeos. Pero esa nota, ese escrito tan importante, no lo envié. Lo
tenía hecho. Estaba listo.
Hoy, escribo esta nota, porque no quiero que te pase. Para que nunca te sientas culpable, porque no has hecho
la tarea. Una tarea tan simple y sencilla como esta. Para que nunca tengas que decir como
yo: No hice la tarea. Y me duele mucho.
“Sé que yo no soy perfecto, lo sé. Y que tengo mil defectos, también. Pero busquen por la tierra y el que esté
limpio de culpa, me lance la primera piedra” |