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MANUEL GÓMEZ

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ME ENAMORÉ

Manuel Gómez SabogalPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Así sencillamente, sin rodeos, ni ambages. Enamorado completamente. Sin dar muchas vueltas, ni a primera vista. Cada que voy de visita, siento que me atrae más y más. Es una delicia recorrer cada pedazo, cada sitio. Es maravilloso y por eso, voy cada vez que puedo.

Y en esta última visita, entré a un sitio limpio, agradable, sencillo y muy bien atendido. Con locales pequeños, pero agradables y llenos de sabor. "La plazoleta de los toldos" existe desde hace poco en Filandia. Y por fin entré. Quedé muy contento y además, muy bien atendido.

Filandia es un pueblo que definitivamente me enamoró. Me atrajo, pero en esta ocasión, mucho más.

Muy decembrino, luces en muchas de las casas bien pintadas y engalanadas con guirnaldas, flores, cuadros, bicicletas. Un colorido que invita e incita a recorrer cada calle, cada cuadra, cada sitio. Da gusto llegar y encontrar cafeterías, almacenes, paz, tranquilidad y deseo de quedarse.

Filandia da gusto. Agrada. Es un pueblo al que llegan turistas deseosos de tomar fotos, grabar vídeos, entrar a almacenes, locales, sencillos centros comerciales.

La algarabía del fin de semana cambia cuando se va en semana.

Lo malo es cuando los alborotados conductores empiezan a pitar, porque sí. Ahí se acaba la paz de Filandia. Si no hubiese conductores llegados de otras ciudades donde el bullicio es  pan de cada día, Filandia sería como Pijao. Pacífica, silenciosa, calmada.

Pero lo que me hace enamorar de Filandia son sus calles, casas decoradas, pintadas, la limpieza. Allí se siente lo que uno quisiera en cada pueblo del Quindío.

Salento tiene turistas cada día y en especial extranjeros, atraídos por un no sé qué que sabemos se llama Valle de Cocora. Porque Salento tiene algo diferente. Allí hay turismo a mares. Todos quieren ir a Salento y cuando se le pregunta para dónde va, menciona tres lugares: Panaca, Parque del café y Salento.

Me quedo con Filandia, sin dejar de lado a Pijao y Génova. Porque también fui a Génova y ha tenido  grandes cambios.

Poco a poco Filandia, Pijao y Génova están mostrando al Quindío y a Colombia que son pueblos hechos con mucho amor. Pueblos que atraen y que llenan la vista con bellezas naturales.

Allí, se han dado cuenta que vale la pena hacer turismo, mostrando diferencias. Y lo hacen muy bien.

Por ahora, sigo enamorado de Filandia, donde hay espacios para vivir... y descansar.

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