Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Se prenderán las velitas, los faroles, las luces en todas las ciudades, centros comerciales,
almacenes, barrios, parques, casas, edificios. Habrá mucha luz en todas partes. En el campo, los arcos
de velitas inundarán las diferentes parcelas, granjas, haciendas, bohíos y fondas.
La gente saldrá a mirar, admirar, recorrer calles, visitar parques. Todos querrán
calificar los mejores alumbrados. Todos querrán ser jueces de las mejores luces.
Muchos ya empezaron a preparar el viaje a Quimbaya, Medellín y otras ciudades para admirar
las calles, carreras, avenidas, parques llenos de arreglos especiales, faroles, luces. Luces llenas
de imaginación como cada año lo hacen en esas ciudades. Se engalanarán ciudades
y pueblos a partir de hoy y la presencia de muchos visitantes será de gran regocijo para
quienes viven en dichos sitios. Noches de turismo por fantásticos lugares de nuestro país.
El alumbrado, como siempre lo hemos llamado, es el comienzo de Navidad. Hay luces de todos los
colores en todos los rincones de nuestro país.
Ojalá esas luces nos recuerden a los secuestrados, desaparecidos, asesinados y a todas
las familias de quienes sufren por un ser querido que no ha vuelto o jamás regresará.
La noche de las velitas, la noche de los faroles y las luces para recordar a aquellos que se
hallan lejos de sus familias. Para recordar a los niños maltratados, las mujeres agredidas,
las familias deshechas.
La noche de las velitas para recordar que puede haber una luz de esperanza al otro lado del
túnel.
Y después de la noche de las velitas, más noches llenas de luces y alegría.
Aunque sabemos que hay tristeza en muchos hogares, prendamos velitas y luces en nuestros corazones
para que iluminemos siempre a nuestro alrededor.
Que la violencia cese, que los secuestros terminen, que los secuestrados regresen a sus hogares
y que haya paz en cada corazón.
Que guerrilleros, soldados, policías, paramilitares, casi todos campesinos con familias humildes
puedan orar para que culmine el odio y para que sus corazones no se manchen de sangre constantemente.
Que las luces de Navidad iluminen las almas rencorosas y llenas de odio contra personas que ni
siquiera conocen, que no han tenido la oportunidad de saludar, que no saben que pueden tener sonrisas,
alegrías, abrazos, familia y mucho amor.
Cantemos a la vida y encendamos las velitas, los faroles, las luces para que esta Navidad
sea diferente y la tomemos con la fe necesaria e intensa que merece cada día de diciembre.
Dios está con nosotros y nuestras vidas no serán difíciles, gracias a que,
en primer lugar, contamos con ÉL. |