Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Todos los días lo mismo. Las mismas noticias sobre la politiquería quindiana, esa que no deja progresar a Armenia y el Quindío. No se ponen de acuerdo para elegir candidatos que derroten a los otros. Porque no se puede ganar por cualidades y capacidades, sino por partidos que, en algunos casos, están demasiado partidos.
Aquí pasa eso casi todos los días. La gente hace apuestas, porque parece que es lo único que aquí puede hacerse como para saber qué va a ocurrir. Y generalmente, nada acontece.
Los politiqueros que no políticos, me tienen aburrido con sus peroratas mentirosas y llenas de engaño. Quienes están arriba siguen prometiendo, pero nada sucede. Armenia se quedó, va en reversa y no hay quién la ataje.
Que Armenia amable, Armenia bonita, Armenia turística, pero nada, porque eso es una gran mentira. Hay un desorden general, total. El turismo ha beneficiado a unos pocos y pare de contar. Los dueños de ciertas fincas turísticas son los que han ganado y lo seguirán haciendo.
El escaso bilingüismo sigue dando los mismos resultados, porque no hay un esfuerzo conjunto entre universidades, instituciones y centros de estudios de inglés o francés. Hay una competencia intensa para ver cuál es el mejor. No hay trabajo de equipo.
Porque en Armenia y el Quindío no sabemos qué es trabajo en equipo. Preguntemos a los politiqueros del Quindío y sabremos que cada uno va por su lado. Aquí no hay unidad de criterio sino para acabar con el contrario. Y entre todos, se busca la caída del que va muy bien. Aquí, en el Quindío es más importante la zancadilla que la unidad de criterio.
Aquí impera el desorden. Lo demás, poco importa. Lo que digan unos, eso debe hacerse. Porque los demás no tienen la razón. Es más, ni para qué opinan.
Se acerca el período de elecciones y ya veremos en qué para todo. Las promesas por un Quindío mejor, se escucharán por los cuatro rincones de este pequeño pedazo de tierra. Aparecerán los salvadores en los municipios y escucharemos, leeremos o hablaremos de apodos y no de nombres de personajes que de un momento a otro, son los líderes de una región que sufre cada día un terremoto. Desempleo, drogadicción, violencia, sicariato.
Pero aquí no ocurre nada. Esperemos las noticias de mañana, porque serán muy parecidas a lo que escuchamos, leímos o vimos hoy. Los politiqueros tomando decisiones por todos. Los demás callemos y, en silencio, sigamos creyendo que las soluciones están cerca. No hay con quién, pero nada hacemos. Aquí ocurre lo mismo de siempre… ¡Y qué!
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