Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
El mundo cambia constantemente. La tecnología invade hogares, instituciones, empresas, ciudades. La
educación también es cambiante. Es diferente cada día. Padres de familia, Directivos,
profesores, estudiantes procuran que las diferentes materias sean estudiadas utilizando nuevos elementos de
enseñanza. Se involucran la prensa, la radio, la televisión. Programas culturales, educativos,
didácticos hacen parte del currículo.
Sin embargo, a mi parecer, se olvidan otros elementos indispensables en educación. En muchos casos, los
profesores no educan, sino que enseñan. Se dedican a cumplir con el esquema que deben entregar anual o
semestralmente y olvidan la formación integral del alumno.
Las noticias, en algunas oportunidades, nos muestran demasiados problemas al interior del hogar, suicidios de
jóvenes, accidentes de tránsito donde mueren estudiantes, jóvenes desaparecidos.
Todo lo anterior, me lleva a solicitarles, muy comedidamente, que haya más comunicación con los
estudiantes. Se habla de nuevas tendencias, tecnologías, pero no de nuevas frases frescas para alimentar el
espíritu de los jóvenes. Se habla de mayor compromiso con la juventud, pero desde el hogar encontramos
ausencia casi total de amor.
Soy consciente de que nos estamos quedando muy atrás. Los jóvenes aprenden más rápido
actualmente. Lo que asimilan, lo quieren practicar ya. Sin embargo, debemos avanzar y propugnar por interiorizarnos
en los jóvenes inmediatamente.
Me dirán que el psicólogo del colegio llama ya habla con los estudiantes problema, que el
psicólogo se reúne con los alumnos y los padres, les haced un llamado de atención y todos salen
felices.
Esa soledad de los jóvenes, hacen que se reúnan a beber, utilizar drogas, tener sexo. Esa soledad
de hogar y colegio hace que hayan perdido la brújula que los guía. Se reúnen en diferentes
sitios a gritar su soledad, poner el equipo de sonido con un volumen que asusta, colocar música sin ritmo,
sacar a relucir el sexo que invade sus poros, beber hasta hartarse, alucinarse con las drogas y vivir el mundo
irreal que desean sea real por unos momentos para eludir toda la responsabilidad de vivir.
Quiero llamar la atención de las Secretarías de Educación, padres de familia, educadores,
estudiantes para que haya cambios de conducta inmediatamente. No con base en el psicólogo del colegio o
Bienestar Universitario en la institución, sino con base en un encuentro real con los hijos, las hijas, los
alumnos, las alumnas. Un encuentro real con quienes necesitan una voz de aliento, un alto en el camino a la droga,
el licor, en el desaforo sexual.
Educar no es fácil. Y menos ahora, cuando muchos hogares no lo son. Cuando muchos docentes han perdido su
visión de educadores. Cuando las reglas, la disciplina y muchas veces el terror, mandan sobre el
diálogo, la comunicación, el amor.
Que las noches en semana sean para descanso y paz en los distintos barrios. Que no haya ruido ensordecedor y
estridente rechinar de llantas. Que los parques no se conviertan más en silenciosos testigos de lujuria
desenfrenada.
Este es un llamado a que Directivos de colegios y universidades busquen soluciones que eduquen, que orienten, que
ayuden. Si en las familias no se puede, porque no hay padre o no hay madre o hay un enredo que el muchacho o la
niña no entiende, entonces colegios y universidades deben procurar nuevas metas, nuevos caminos para que los
jóvenes entiendan que la vida es una y debe aprovecharse al máximo. Que el camino a recorrer es largo,
sinuoso y lleno de peligros que deben saber manejarse.
Educar para educar. Educar enseñando. Enseñando a educar. Esas expresiones las escucho, pero
sé que pierden su sentido, su significado cuando sabemos que los jóvenes siguen solos por el camino de
la vida, sin rumbo, sin brújula.
Por consiguiente, este llamado implica que haya más orden sin tantas reglas, más comunicación
sin gritos, más disciplina sin desconfianza. Este llamado implica que toda la comunidad sea consecuente con lo
que sucede alrededor.
Los jóvenes necesitan una mano amiga, un padre amigo, una madre amiga, un docente amigo, un amigo. Como no
los encuentran en el hogar o el colegio y la universidad (padres, familiares, directivos, docentes), los buscan en la
calle, la esquina, el parque, el auto bonito, el programa de televisión pleno de enredos familiares, sociales,
sexuales.
Que haya una reflexión seria, sincera, serena y que se convoque a los jóvenes a vivir diferente. Que
no pierdan la oportunidad que les brinda la vida para que la puedan vivir a plenitud, pero que quienes educan sientan
esa pasión, ese amor por lo que hacen para que el futuro de los muchachos y niñas se despeje y sea
mucho mejor. Que se acabe esa soledad interior en ellos, que puedan vivir la realidad plena en cada momento.
¡La vida es bella! No permitamos que se pierdan más jóvenes en la droga, el licor, la
pasión desenfrenada, la vida irreal de las telenovelas y las estupideces de la televisión. |