Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
El viernes en la mañana, me di cuenta de que un estudiante de la Universidad La Gran
Colombia había intentado suicidarse, colgándose de un lazo. En la tarde, fui a la
Clínica del Seguro Social a la sección de cuidados intensivos. Lo vi con tubos,
yeso y mil elementos quirúrgicos más. Su familia estaba fuera, esperando las frases
de aliento de los médicos. El joven no podía escuchar, ver, sentir. Su cerebro había
dejado de recibir oxígeno durante muchos minutos.
Un muchacho de apenas 16 años, queriendo, deseando, anhelando morir, cansado de su corta
existencia. Los por qué no importan, pues solo los conocen Dios y él.
Salí del sitio totalmente impresionado y pensando en los otros muchachos y niñas,
estudiantes, que han intentado o se han quitado la vida este año.
No podemos dejar pasar por alto lo que ha venido sucediendo en nuestro país. Cada día
sabemos de intentos o suicidios de jóvenes universitarios, estudiantes de colegios o niños.
Es bueno que analicemos, estudiemos y miremos qué vamos a hacer en nuestras universidades.
Parece como si poco interesara el tema. Día a día hay intentos o suicidios.
¿Qué debemos hacer? No podemos cruzarnos de brazos y quedarnos callados o a la espera
de que siga el próximo o la próxima para tomar alguna decisión.
Los hogares destrozados, la soledad, la desesperación, el desamor siguen influyendo para
que ello suceda. Los niños y jóvenes carecen de afecto, no tienen a quién
acercarse, no encuentran con quién hablar. Sus voces son rechazadas en cualquier parte.
Los adultos tienen la última palabra y no importa nada de lo que los jóvenes digan
o piensen. Eso influye demasiado no solo en su estado de ánimo, sino en la toma de decisiones.
Cuando llegan a sus hogares, son recibidos con gritos, o en el peor de los casos, con silencios
gracias a que los programas de televisión tienen la palabra y mandan en los hogares. Si
interrumpen a sus padres o hermanos, la respuesta es un grito fuerte o un shshshshshshshshsh.
Si quieren hablar, deben esperar hasta comerciales o hasta cuando el programa termine y tiene
tiempo hasta cuando el que sigue, comienza.
Los problemas de los jóvenes se quedan con ellos y por eso, recurren a las drogas y al
licor (otra droga)
El problema de la droga es grande en el país. En el Quindío, también. No
miremos hacia atrás para buscar culpables. Prefiero que hallemos soluciones.
Al llegar a las universidades, muchos ni saben qué van a estudiar. Cambian de carrera
cada que pueden, pues no encuentran la adecuada, la que es para ellos, la que es de ellos. Muchas
veces deben estudiar en la universidad donde pueden, no donde quieren, ni lo que desean.
La situación económica, ahora, es asfixiante en todos los hogares. Las universidades
hacen lo imposible para capturar jóvenes. Rebajan matrículas, las dividen, buscan
fórmulas para que el dinero entre. El estudiante es lo de menos. Es un número, una
cifra más un puesto en el curso.
Bienestar Universitario, en cada Universidad debe propender por acercarse más a los jóvenes
para que estos sean partícipes en la construcción de sus carreras, de sus vidas.
Cultura, deporte, arte, conferencias, talleres, actividades que lo alejen de la droga y le ayuden
a formarse como persona. Eso y mucho más, necesitan los jóvenes en las universidades.
En escuelas y colegios también debe existir apoyo para los niños y adolescentes.
Se están quedando muy solos. Hasta en la casa.
Hagamos algo, pero no sigamos con los brazos cruzados. |