Al iniciar clases en la Universidad del Quindío, espero que los estudiantes
sepan la verdad de todo lo que ocurre al interior de la institución.
Que haya alguien lo suficientemente capaz para decirles que todavía no se sabe qué
ocurrirá con el edificio recién construido por foráneos a un costo de más de
seis mil millones.
Que les digan a dónde los van a enviar a clases en la mañana, tarde y noche.
Que les digan por qué la emisora cultural de la Universidad se apaga a las seis de la tarde todos
los días.
Que les digan por qué hay un inepto como Director encargado del Instituto de Bellas Artes.
Que les digan que hubo y hay un Consejo Superior que recibe honorarios por cada reunión a la que
asiste cada uno de sus integrantes.
Que les digan que hay uno de los integrantes del Consejo Superior que está ávido por ser
rector y no es eminencia ni como profesor.
Que les digan que otro de los integrantes del Consejo Superior salió por la puerta de atrás
como rector de la Universidad la Gran Colombia. Pero está ahí.
Es decir, que les digan a los estudiantes la verdad de lo que pasa al interior de la Universidad del
Quindío, pero no creo, porque, hasta ahora, nadie ha abierto la boca. Ni profesores, ni sindicatos.
Y esa es una institución de Educación Superior. ¡Qué pesar! ¡Pobre
juventud! O será que allí se va para desaprender?
¡Que alguien diga algo, pero que diga la verdad!