Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Era un campesino importante para quienes lo conocimos. Su vida estuvo marcada por hechos trascendentales
y plenos. Hizo parte de la historia, de nuestra historia de siete hermanos con cualidades y defectos.
Siempre fue el primero en organizar todo lo concerniente a la Semana Santa en la Parroquia del
Sagrado Corazón de Jesús. También participaba en la organización de
la procesión de la Soledad en la Catedral el Sábado Santo. Estuvo en el grupo
de la Acción Católica. Fundó, con algunos de sus amigos, “el pan de
la bondad”, entidad que nunca tuvo sede, junta directiva o reglamentos. Era una labor callada
la que realizaba con ellos. Dar alimento a niños con hambre y que pudiesen estudiar aunque
fuese por un tiempo. Fue su labor, su lucha, su vida. Además, llevar a casa lo necesario
para los suyos fue siempre su meta. Cumplir por cumplir nunca fue su objetivo.
Cuando dejó de laborar, luchar y hacer tantas cosas, fue porque ya no pudo más.
Ya su memoria empezó a irse. No lo quiso acompañar otros años, sin importar
que esos otros años estuviese contando cuentos sin final, inventando historias trocadas
o jugando con sus fantasmas y dialogando con su sombra. Durante estos últimos años
empezó a soñar en vida y a vivir soñando.
Se le acabaron los años. Se fue en silencio en una hermosa y cálida tarde de verano.
Se fue con sus fantasmas. Dejó de soñar con sus pocos recuerdos. Se marchó sin
decir hasta luego.
Gracias, Querido Viejo por tantas cosas buenas, enseñanzas y paciencia. El amor al trabajo,
fue lo primero que sembró en nosotros. La fe en Dios y el amor a los demás también
fueron parte de su vida. Marcaron nuestros pasos, señalaron una ruta.
¡Gracias, Querido Viejo! Gracias por mis seis hermanos y también por sus nietos.
Es un homenaje corto y sincero a un padre que quiso lo mejor para sus hijos y que logró cumplir
sus deseos. Aunque haya llanto en mis ojos, aunque hoy quisiera regresar el tiempo,
me quedan los buenos recuerdos de un padre cuyo mayor anhelo era ver a sus hijos crecidos, trabajadores
y honestos.¡Lo logró!
Gracias, ¡RAMÓN GÓMEZ GARCÍA! Dios se lo
llevó para siempre, pero permanecerá con nosotros la memoria viva de nuestro querido
viejo! |