Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
El lunes festivo, salí para Cali con mi hijo. Me había dicho que representaba al
colegio en el Concurso de Ortografía organizado por El Tiempo.
El martes, lo acompañé al colegio y me di cuenta que el Concurso de Ortografía
había sido aplazado hasta el jueves 15 a las 10 de la mañana en otro colegio de la
ciudad de Cali.
Esperé hasta el jueves. Pedí autorización para quedarme dos días
en Cali y me fueron concedidos. Era algo que para mí, significaba demasiado y creo, para
mi hijo, mucho más.
El jueves 15 de noviembre, se levantó más temprano que de costumbre, se puso el
uniforme, organizó sus libros, su morral y luego de un abrazo y un beso, además del
"buenos días", se marchó. Más tarde, llegué al colegio.
El día estaba fantástico. El sol salió radiante y la alegría impregnaba el
ambiente.
A las 9 de la mañana, una buseta arrimó por los estudiantes. Mi hijo, nueve compañeros
más y la profesora de español. Nos fuimos al colegio. Miraba a mi hijo y6 lo veía
concentrado, pensativo. No le dije nada. Lo abrazaba. El trayecto se hacía más largo.
Llegamos al colegio. El auditorio estaba lleno de gente. Estudiantes, profesores, padres de familia.
La presentadora leyó los nombres de los colegios y los participantes por cada uno. 33
en total. Muchos, pensé. Me dio miedo, sentí pánico interior. Sin embargó,
me levanté y animé a mi hijo. Lo abracé y le di un beso. Le dije que era capaz
y que yo estaba ahí para apoyarlo. Que recordara que he estado en todos esos momentos importantes
de su vida.
El Concurso de Ortografía se inició. Mi hijo, tranquilo, dispuesto, pasó al
tablero. Llegó a la última ronda. Yo sudaba, me frotaba las manos. Sentía
que estaba allí acompañando a mi hijo y deseándole éxitos en ese momento.
Al final, por dos puntos, quedó segundo. Segundo entre 33. Lo volví a abrazar y
a besar. Fuimos a tomar algo y luego al colegio. Le habían dados premios por su
participación, por su trabajo.
Lo bueno es que, como padre, yo sé lo que es estar ahí, en el momento y en el lugar
adecuado. Con mi hijo. Con quien más me necesita en el momento que me requiere. Estar ahí,
dos palabras para los padres. Para que no abandonen a sus hijos, ni los dejen solos cuando más
lo precisan.
Estar ahí. Qué importante es estar ahí para los hijos. Siempre. |