Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Muchas veces, es muy agradable caminar a tomar el bus. Se ve de todo. Niños llorando, aferrados a sus
padres, pidiendo una paleta o un helado. La gente que sube a los buses y busetas sin saludar al conductor. Un
conductor contento o triste, según la ruta que tenga, el trasnocho, los problemas, un dinero que se cancela
en monedas, billetes arrugados, ajados, doblados. Una música a gusto del conductor. Volumen adecuado al
oído del conductor.
Un niño que sube al bus y canta con voz destemplada. Una niña que llora sobre el regazo de otra
niña que la tuvo cuando apenas empezaba a jugar con muñecas. Un señor que pasa rozando sus
genitales en los hombros de las mujeres que están situadas al lado del pasillo del bus. Otro cuyo sudor
empapa los vidrios y escupe hacia adentro tratando de disimular una gripa mal cuidada, pero que hace que los rostros
de los demás se contraigan y hagan muecas de espanto, asco, horror.
Unos estudiantes jóvenes que van hacia el colegio a desaprender todo lo que les han enseñado en casa.
Otros, universitarios que no han hecho el proyecto, pero lo dejaron donde un amigo para que lo bajara de Internet.
Una señora pasada de peso normal y que se sienta en la única silla que queda libre, pero que está
a la entrada de los pasajeros. Un señor ciego al que nadie ayuda a subir, pero que les entiende a todos cuando
le dicen "derecho, derecho, a la izquierda, un poco atrás, más, más hacia atrás,
ahíiii".
Otros van mirando al horizonte y encontrándose con todos los personajes de la calle. Los miran sin
inmutarse y sin que quienes caminan, despierten en ellos sensación alguna.
Otro va leyendo el periódico de ayer y la chica del lado, desesperadamente, busca su horóscopo para
conocer el futuro que le espera cuando se baje del bus.
La vida transcurre así, sin problemas en un bus normal, simple, sencillo, cuyo conductor no se marea
jamás al tener que pasar más de diez veces por los mismos sitios durante todo el día y casi se
suben y se bajan los mismos pasajeros, pero nadie le dice "buenos días, señor conductor" |