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Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Hace unos días, una amiga radicada en Venezuela y quien siempre lee calarca.com, me envió un
mensaje y escribió lo siguiente: "Observé con mucho cuidado todos tus artículos
publicados, dedicados a los niños, a la juventud, a la naturaleza, a tus hijos, a tu padre, entre
otros, y no encontré alguno dedicado a tu mamá. Es por ello, desearía que para el
día de la madre, escribas un segmento completo referente a ella. Sus enseñanzas, todo lo que
recuerdas y lo que significa para ti. Hacer un homenaje en su honor. Seria bonito ¿no crees? Espero tu
respuesta, ¿estás de acuerdo?"
Inmediatamente, le contesté: "Sí. A ella le hice un artículo lleno de amor. Lo
hice en mi habitación, mirando hacia la suya. Mientras lo escribía, mis lágrimas
hacían que mis ojos se nublaran todo el tiempo. Lloré y lloré escribiendo. Yo
viajaría para Inglaterra una semana después. Ella quedaría ahí, en casa. Ese
artículo lo guardé en un sobre y se lo entregué a una compañera de trabajo. Le
dije que lo leyera en el momento oportuno. En su funeral"
Aprovechando que se acerca el Día de la Madre, busqué en el baúl de mis recuerdos el
artículo mencionado y lo transcribo aquí
Madre,
He sido el más loco de tus hijos. Desgraciadamente, hoy, soy tu hijo ausente. Ese que tuvo que
partir y al que le diste una bendición y un beso que jamás se borrarán de mí.
Hoy, estoy de nuevo aquí. Dios quiso separarnos físicamente, pero mi espíritu
está aquí. Lo sé. No te he dejado sola.
Como toda madre buena que siempre desea lo mejor para sus hijos, me diste el permiso para partir a tierras
lejanas. Hoy, recuerdo una canción y al instante, miro las estrellas. No necesito de muchas palabras
para explicar qué se siente.
Estoy alegre, porque Dios y los ángeles te han recibido y ya tienes tu parte en ese lugar que llaman
cielo. Estoy alegre, porque siempre fuiste una mujer que se entregó a sus hijos y nos enseñaste
el buen camino. Siempre nos supiste guiar. Estoy feliz, porque eres mi ángel guardián.
Estoy triste, porque sé que ya no volveré a ver tu sonrisa. Esa sonrisa de madre que todo lo
alegra. No volveré a escuchar tus dulces palabras y tus consejos sinceros y plenos de ternura. Estoy
triste, porque a mi retorno, no habrá el abrazo y el beso de una madre, de mi madre.
Pero, Dios sabe cómo haces sus cosas y es, por esa razón, por la cual pienso en muchas cosas
hoy. Recurren a mi mente todos los juguetes y paseos. Los besos y las caricias. Los regaños y los
consejos. Todo eso hizo que en mí hubieras formado un hombre pleno de alegría, amistades y
simpatía.
Gracias madre. Son las dos palabras que puedo decir hoy. Gracias madre, porque madre hay una y no
volveré a tener otra mujer a mi lado que pueda decirme: hijo, como lo hacías siempre.
Madre, hoy te rindo homenaje. Cristo nos pide fortaleza y eso tendré. Cristo nos pide fe y
sé cuánto la necesito.
Madre, quiero arrepentirme hoy por todos esos detalles malos que tuve para contigo y por lo mal que pude
comportarme. Sé que me oyes y eso me da confianza.
Estamos aquí todos tus hijos. Nadie se ha ido. Todos formamos una familia y aquí nos tienes.
Madre, Dios es amor. Viva el amor. Te amo, madre querida. |