Son muchas las personas que por razones del plagio con
fines económicos, por el secuestro político o por su condición de rehenes militares,
han permanecido por muchos años privados de su libertad, viviendo en condiciones infrahumanas en
cárceles perdidas en la profundidad de la selva.
El secuestro hace parte de la guerra que los colombianos hemos padecido durante más de 50
años, la cual ha traído nuevas formas de dolor: no sólo es el duelo por la muerte, ni
el terrible trasegar de tres millones de colombianos desplazados de sus territorios, ni la
desaparición forzada de cientos de personas, sino el fenómeno dramático del cautiverio
de ciudadanos como estrategia de guerra.
Esa cruenta realidad que expresa el conflicto interno, es desconocida por la política de Seguridad
Democrática, al negarla está ignorando al otro, es decir, al enemigo. Las Farc, por su parte,
en sus lógicas de guerra, utilizan el secuestro de población civil como mecanismo de
presión política o de financiación económica.
En este sentido, el Acuerdo Humanitario que no solo es una expresión jurídica sino sobre
todo un gesto de humanidad en defensa de la vida, se ha ido diluyendo por razones de quienes hacen la guerra
y no han querido, por el frío calculo político, hacer un alto en el conflicto para devolver a
los secuestrados a sus ámbitos familiares.
Para infortunio de los secuestrados, la sociedad colombiana en su mayoría es insensible frente al
dolor, toda vez que no expresa su repudio porque si lo hiciera masivamente otra sería la suerte de
las victimas. La sociedad colombiana también está padeciendo una desconcertante crisis
humanitaria: la vida ha perdido su valor.
El gobierno tiene la responsabilidad constitucional de aplicar el Derecho Internacional Humanitario, para
preservar y regresar con vida a los secuestrados.
Por su parte las FARC deben responder por la vida de los secuestrados ya que vivos se los llevaron, vivos
deben regresarlos. También de la selva debe salir un gesto humanitario. El acuerdo humanitario es una
obligación constitucional del estado y debiera ser un imperativo ético para las Farc.
En todas las guerras, aun en las mas crueles, se decretan treguas para la entrega de prisioneros, de
enfermos y de civiles indefensos. Entonces, por qué no hacerlo hoy en Colombia, como ya se hizo, por
ejemplo, en el secuestro y canje del hermano del entonces Presidente César Gaviria; en el acuerdo de
Remolinos del Caguán con la entrega de 60 soldados y 10 infantes de marina; en el acuerdo, durante el
gobierno de Andrés Pastrana, cuando se intercambiaron soldados y guerrilleros enfermos; o en los
acuerdos de Pastrana y el ELN, cuando recuperaron su libertad los civiles secuestrados de La María,
el avión de Avianca y el Kilómetro 18; y en el acuerdo de La Macarena por el cual las Farc
entregaron 250 soldados y policías.
Señores de la guerra: ¿Si se ha aplicado el Acuerdo Humanitario en estas y muchas otras
oportunidades, por qué no hacerlo ahora? Es la respuesta que con ansiedad esperamos los colombianos.
Siguen las firmas. |