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Por: Jaime Lopera Gutiérrez (jjlope@telesat.com.co)
La importancia creciente del cultivo del café en el Quindío permite acentuar nuevos datos
estadísticos: en 1925 el mismo Diego Monsalve (103) hace mención de la cantidad de cafetos en
producción en Calarcá. Hemos elaborado los siguientes cuadros, a manera de resumen, con base en
Monsalve (1927): desde el punto de vista de la división de la propiedad en Calarcá, los informes
estadísticos de Monsalve nos ofrecen la perspectiva del número de cafetos y de plantaciones en esta
población hacia 1925.
En otro cuadro, extractado de las cifras de Monsalve, el autor trae unas cifras que hasta el momento no han tenido
una mayor refutación y que, por lo tanto, se prestan para hacer una descripción de la manera como se
veía la distribución de la propiedad cafetera en el Quindío, y en Calarcá especialmente,
hacia el año de 1925.
Según García (104) el número de cafetos en Calarcá, siete años después,
es decir en 1932, era de 5'923.410 repartidos en 528 km2 de superficie, según el siguiente cuadro que compara
las propiedades existentes en ese año en Pereira, con las registradas en Calarcá.
Si comparamos los informes de Monsalve, encontramos que la subdivisión de la propiedad agraria se
duplicó entre 1925 y 1932, al pasar el número de propiedades (aquellas de 1.000 a 5.000 árboles),
de 584 plantaciones a 1.227, según datos de García. El total de árboles y sacos de café
también ha fluctuado en las cifras estadísticas correspondientes a Calarcá.
El aumento de árboles en producción es sustancial en sólo diez anos. Pero aún
más: la productividad aumentó de 1,5 libras por árbol en 1922 a 1,9 libras en 1932, según
parece deducirse de los números siguientes: Calarcá: 1922: 2'400.000 árboles que
producían 29.000 sacos de 60 kilos; en 1925 hay 2'859.700 árboles que producían 37.000 sacos de
60 kilos; en 1932 la cifra para Calarcá era: 5'923.410 árboles y 100.000 sacos de café.
Estas mismas cifras pueden explicar la existencia de una mediana y pequeña propiedad en Calarcá y
el Quindío, dentro de la cual ya se veía aumentar la productividad por hectárea en proporciones
cada día mayores. El uso de los abonos naturales (desperdicios) facilita este cambio y aun la
iniciación, en reducida escala, de uso de los abonos químicos —si bien encarecían costos— a
lcanzaron a ser utilizados con alguna frecuencia.
Hacia 1925, el auge del café ya era considerable.
Entre 1925 y 1926 la exportación nacional pasó de un millón a dos millones y medio de sacos.
El café Manizales se cotizaba entonces a 0.2780 centavos de oro por libra, y el departamento de Caldas
proveía una parte importante de la exportación comercial del país (105): Las 54.5 millones de
matas de café producían 694.607 bultos (de 62.5 kilos pergamino) que, al precio de 22 pesos por bulto,
daban un valor de la producción por 15 millones de pesos. De estos 694.607 bultos se consumían 34.742
en el departamento y se exportaban —a otras regiones y/o al exterior— cerca de 425 mil sacos.
El costo de transporte por bulto, vía Buenaventura, era de $3,88 desde Manizales incluyendo flores y
factura consular. Los principales exportadores eran, por su parte, los siguientes: el Banco del Ruiz, Salazar
Hermanos, American Cofee Co., Pinzón y Cía., Gutiérrez y Londoño, y otros. En
Calarcá, particularmente, existían entonces dos trilladoras:
«La Adelina» de Carlos E. Pinzón (hidráulica) y «Alvallejo», de Alfonso
Vallejo, en la que se utilizaba energía a vapor (a 16 hp).
Hacia 1925 el valor de los jornales agrícolas en Caldas, cuando la preponderancia del café ya era
significativa, había aumentado así: hombres de 0,60 centavos a 1,20; mujeres de 0,40 a 0,80; y
niños de 0,15 centavos a 0,40. Se hace hincapié en la participación salarial de los
niños, presumiblemente menores de 18 años, quienes constituían una parte de la mano de obra
familiar en las explotaciones cafeteras (106).
Estas afirmaciones —vale decir, extensión de la pequeña y mediana propiedad en el Quindío,
subdivisión de la propiedad en Calarcá, aumentos de la productividad, incremento de las exportaciones,
aumentos en el precio del mercado externo, valor de los jornales agrícolas— sirven para contrastar el hecho
de que la densidad de población rural en el municipio de Calarcá sirvió de barrera al desarrollo
urbano a medida que la influencia del café se hacia más protuberante: la concentración de la
gente en los campos, bajo un régimen agrario en el cual saltaba a la vista la subdivisión en parcelas
altamente productivas, detuvo a la gente y derramó la capitalización cafetera en forma de jornales a
una mano de obra trashumante, en la adquisición de nuevas parcelas, en nuevos sembrados y aún en
inversiones extralocales (Armenia comenzó a absorber parte de esta capitalización, para dar inicio a su
extraordinario desarrollo urbano) |