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Por: Jaime Lopera Gutiérrez (jjlope@telesat.com.co)
Aunque los primeros cálculos sobre la producción cafetera colombiana son de 1874 (el 90 por ciento
de la cual vino de Santander), el centro de gravedad se había venido desplazando lentamente hacia Antioquia y
Caldas (95). Muchas familias se trasladaron para Caldas y el Quindío a principios del siglo y, para esa
época, la distribución porcentual de la producción cafetera, por regiones mostraba algunos
cambios notables en el crecimiento productivo de Antioquia y Caldas (incluido el Quindío) con respecto a otras
zonas.
En sólo cuarenta años, el café se vino del oriente hacia el occidente del país y con
él un movimiento social, económico y político sin precedentes en la historia del país. No
en vano el muy citado Luis Eduardo Nieto Arteta señala que «el café ha suscitado transformaciones
históricas en Colombia que anteriormente ningún otro producto había ocasionado» (96).
Por ejemplo, el café ofreció la estabilidad que se requería, orientó la economía
hacia los mercados exteriores, le dio fisonomía a las vertientes geográficas, propició la
formación histórica de propietarios territoriales, absorbió altas cantidades de mano de obra y
puso en marcha la colonización antioqueña.
El colombiano que colonizó las regiones productoras de café ha «vivido el trabajo fecundo y
creador; no es un hombre ocioso, no lo ha sido nunca. Los hombres de vida ociosa eran los propietarios que
poseían inmensas extensiones sin cultivar, los latifundistas que también eran propietarios de esclavos
y que no podían poner a producir en su totalidad las haciendas que poseían: su gran superficie se los
impedía. Eran los propietarios esclavistas del Valle del Cauca en la primera mitad del siglo pasado, de
Cundinamarca y del Tolima en la misma época. El productor del café ha vivido una existencia
económica diferente. Su conciencia política ha podido ser distinta» (97).
Ese nuevo hombre cafetero continuó fundando poblados en esta región: el caserío de
Córdoba, que había sido establecido en 1912, se erige en corregimiento de Calarcá el 12 de abril
de 1914. En este mismo año se funda Barcelona, que adquiere categoría de corregimiento el 19 de mayo de
1918. Luis Arango, a quien nos hemos referido con respecto a su libro sobre la guaquería en el Quindío,
funda La Tebaida en 1916. (Según Francisco Cifuentes Sánchez, este nombre proviene de Tebaida, en el
alto del Egipto, donde vivieron los primeros anacoretas cristianos como San Pablo y San Antonio).
Luis Jaramillo Walker instaló la primera trilladora en el Quindío, y fue también en esta
época el primer empresario exportador de café en Caldas. Carlos E. Pinzón Posada, empresario
cafetero de finales del siglo pasado, introduce el sistema de guardiolas para el beneficio del café. El general
Pantaleón Gonzáles Ospina pone en marcha el trapiche de hierro movido por agua, desde 1872. Es la
innovación, como dice McGreevy (98), en el mercado del café como parte del proceso de desarrollo del
país. El café actúa como un «agente catalizador» y aunque, según este mismo
autor, no fue la causa inicial del desarrollo, creó el sentimiento de interdependencia en la vida
económica del país (99).
No obstante, los pleitos de tierras continuaron en la región quindiana. En octubre de 1909 el concejo de
Calarcá consulta al Gobierno Nacional si puede otorgar a Luis Felipe y Cristóbal Jaramillo una
extensión de 5.032 hectáreas de baldíos en pago de una deuda del municipio con ello. Era una
forma de traspasar baldíos a los hacendados influyentes, cosa que promovieron el personero y el cura
párroco en una santa alianza favorecedora.
Pedro Henao, uno de los primeros pobladores de Calarcá, fue además un líder de los colonos,
muy activo en los años 1906—1907, pues se la pasaba denunciando a los dueños que con «un titulo
de papel» asediaban a los colonizadores y los constreñían al desalojo (100). Entre 1910 y 1911
los personeros de Calarcá y Armenia escribieron nuevamente al Gobierno Nacional solicitando
autorización para titular tierras a los colonos ocupantes de la Burila , dado que esta empresa, al reclamar
aquellas tierras para sí, causaba «gravísimos perjuicios al vecindario» (101).
El cultivo de tabaco en el Quindío también provoca algunos cambios al final de la segunda
década de este siglo.
El monopolio del tabaco, desde la constitución de la República , había tenido sus altibajos:
después del auge de exportación de 1870, viene la ruina que producen las guerras civiles. Pero a
principios de 1917 el cultivo vuelve a reanimarse, aunque a un nivel mucho menor que las épocas anteriores en
lo que respecta a las exportaciones; se funda la Compañía Colombiana de Tabaco que se encarga de
procesarlo internamente y a estimular sus siembras en Palmira, Girón, Ambalema y el Quindío.
En el departamento de Caldas, la renta de tabaco se vuelve importante y entre 1913 y 1923 aumentan en 414 por
ciento — en 920, por ejemplo, se recauda por consumo de tabaco el 24 por ciento de todas las rentas caldenses (102) — ~ Hacia 1922, la agricultura tabacalera representa, en Calarcá, el 10.1 por ciento del total caldense, mientras en Pereira es del 10.8 por ciento y en Neira de 8.5 por ciento. Pero, según García, la «acción de las compañías rematadoras (la administración particular reviste un carácter de preferencia en las primeras vigencias), máxime con la creación de sobreimpuestos, impide el desarrollo de la agricultura tabacalera, en manos de pequeños terratenientes».
Hacia 1930 el cultivo entra en franca decadencia en esta zona. El 20 de marzo de 1920 se produce en Armenia la
primera revuelta de los quindianos contra el monopolio del tabaco: una manifestación destruye el resguardo e
incendia los expedientes de presuntos contrabandistas de la rama (es una protesta contra el régimen de Marco
Fidel Suárez).
a al final de la década de 1920 desaparece el cultivo del tabaco en el Quindío, no sólo a
causa de los mejores jornales que se pagan en el café, sino por la persecución coactiva de los
resguardos y, sobre todo, por la escasa tecnificación del cultivo. |
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(95) William Paul McGreevy. Historia Económica de Colombia 1845—1930.Ediciones Tercer
Mundo; tercera edición en español; marzo de 1982, Bogotá (p. 201).
(96) Luis E. Nieto Arteta, El Café en la Sociedad Colombiana. Breviarios de Orientación
Colombiana No 1. Litovillegas, Bogotá, 1958. (p. 28).
(97) Nieto, Arteta, op. cit., p. 43.
(98) McGreevy op. cit. p. 301.
(99) McGreevy, op.cit., p. 300.
(100) Citado por M. Palacios, op. cit., p. 332.
(101) M. Palacios, op. cit., p. 325.
(102) Antonio García, Caldas: Geografía económica de Colombia. Imprenta Nacional, 1937.
pp. 366—502. |